Versos

•Lunes 12 mayo 2014 • Dejar un comentario

Poesía inédita de Luis Hernández Alfonso, fechada en Madrid en mayo de 1972. Su original autógrafo y firmado se conserva en poder de D.ª Mercedes de Heredia Muñoz (Miguelturra), a quien va nuestro agradecimiento por haberlo puesto amablemente en nuestro conocimiento. Fotocopia en el archivo del Autor.

Versos

Para M[ercedes] de H[eredia]

Hacer versos no es locura:
es simple necesidad…
la necesidad que dura
mientras dura la verdad.
Los versos nacen y crecen
sin que sepamos por qué:
no mueren ni se envejecen
mientras los riega la fe.
Son hijos inesperados
que el azar nos engendró:
pero son hijos sagrados.
La Providencia los dio.
Son cauce para las penas,
para el dolor y el placer
y no los notas, apenas,
cuando acaban de nacer.
Sosiegan tu sentimiento
y, cumplida su misión,
se van, a impulsos de un viento,
de un viento de salvación.

 

Luis Hernández Alfonso

Madrid, mayo, 1972.

Versos

Obediencia

•Miércoles 16 abril 2014 • 2 comentarios

Poesía inédita de Luis Hernández Alfonso, fechada en Madrid en mayo de 1972. Su original autógrafo y firmado se conserva en poder de D.ª Mercedes de Heredia Muñoz (Miguelturra), a quien va nuestro agradecimiento por haberlo puesto amablemente en nuestro conocimiento. Fotocopia en el archivo del Autor.

Obediencia

Para M[ercedes] de H[eredia]

Que no rompa mis versos, me dijiste,
que te los diera a ti…
No sé si estar alegre o estar triste
porque te obedecí.

¿Qué culpa tienes tú de mis quimeras
ni de mi «sinrazón»?
Si tú mi Aldonza de Lorenzo fueras,
tendría explicación.

No tengo Dulcineas ni molinos;
pero tengo mi afán,
que me lanza por todos los caminos
con mi ilusión por pan.

Luis Hernández Alfonso

Madrid, mayo, 1972.

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La verdad en marcha (II)

•Sábado 14 septiembre 2013 • Dejar un comentario

ISTA_9_La verdad en marcha_titular

II

Es verdaderamente alentadora de nuestra labor la corroboración que los hechos prestan día por día a la tesis que defendemos. Una sola ojeada retrospectiva nos muestra cuán lejos nos hallamos, no ya de aquellas jornadas de 1919 en que unos cuantos entusiastas del presidencialismo luchaban con el desconocimiento que de esta doctrina padecían aun los más obligados a conocerla, sino de las otras, más próximas, de enero de este mismo año en que ilustres personalidades del republicanismo nos oponían su desconfianza basada en el temor al ejercicio tiránico del poder personal.

De entonces acá toda una etapa de constante e ininterrumpida lucha en pro de nuestros caros ideales marca la trayectoria de nuestra actuación, en la que ni un solo instante hemos dejado de demostrar, ya con razones teóricas, ya con ejemplos prácticos, la falacia del argumento susodicho y aun la imposibilidad de que un régimen presidencial perfecto ofrezca ese peligro. No hemos de reproducir ahora íntegramente nuestros argumentos; nos bastará remitir al lector a los números 1, 2, 4 y 8 de EL PRESIDENCIALISTA y a La Lucha que se publica en La Línea de la Concepción, para corroborar nuestro aserto, de sobra ya sabido por cuantos nos leen.

Coronamento triunfal de nuestra labor ha sido para nosotros el artículo que, con el título «El caudillaje americano. A B C en Colombia» publicaba este periódico en su número del 4 de agosto pasado y en que, bajo la firma del competente publicista americano G. Camacho y Montoya se hacían las siguientes afirmaciones:

«Precisamente escribe lo contrario de lo que cree Fabián Vidal un hondo pensador americano, Francisco García Calderón, que en una de sus más penetrantes obras llega a lamentarse de la desaparición de los caudillos. Porque así es: ellos tienden a borrarse del escenario político de América».

¿Es o no es confirmación de cuanto afirmábamos acerca del papel de los caudillos americanos y de las causas de su existencia y desaparición?

Y sobre la actuación del caudillaje en general y de los caudillos, que: «tampoco es justo hablar mal de los caudillos, porque ellos, en el fondo, han sido un freno para las ambiciones de los jóvenes países, y gracias a ellos, igualmente, éstos, con más o menos imperfecciones, han podido organizarse».

Habla luego de los resultados del sistema presidencial en Colombia, y dice:

«Con el general Rafael Reyes, cuyo gobierno terminó en 1909, puso Colombia fin a sus presidentes tropicales. Y desde esa fecha hasta el presente vienen sucediéndose las riendas del Estado dentro de una completa legalidad y armonía (1)». La política —dice más adelante— «que ha sido el morbo de nuestras democracias» ha quedado relegada a un plano inferior en el programa de nuestros hombres públicos: «éstos, hoy, sólo tienen puestos sus ojos en la mejora del país…».

«Basten —añade— dos ejemplos [...]: la moneda colombiana se cotiza actualmente a la par que el dólar americano». «Colombia ha invertido en sus dos últimos cuadrienios 200 millones de pesos oro (más de 1.000 millones de pesetas) en obras públicas, siendo su capacidad económica cinco veces mayor».

Y ahora se nos ocurre preguntar al lector desapasionado: ¿puede ningún país «demócrata» europeo decir otro tanto?

Convénzanse, pues, los partidarios del parlamentarismo; el peligro que ellos señalaban no lo es y sí representa una ventaja positiva por cuanto en los países presidenciales el Parlamento sólo «legisla» mientras que el Presidente «ejecuta».

Jerónimo Martínez Doggio

[1] «Ajustando —continúa— todos sus actos a los preceptos constitucionales». [Nota del Autor]. En realidad, en el artículo citado de Camacho y Montoya se emplea el verbo «ceñir». La posibilidad de consultar el artículo en cuestión en la Hemeroteca Digital del diario «ABC» nos ha permitido enmendar varios errores de transcripción que comete Martínez Doggio —que no modifican, naturalmente, el sentido auténtico de dicho artículo—, posiblemente por citar de memoria el texto. Excepto en esta nota del autor, hemos optado por reproducir, en los pasajes citados, el texto que figura publicado en «ABC». [Nota de Pablo Herrero Hernández]

«El Presidencialista», n.º 9 (septiembre de 1928)

Sobre la Unión de los Republicanos

•Sábado 14 septiembre 2013 • Dejar un comentario

ISTA_9_Sobre la Unión_titular

Es necesario aunar los esfuerzos de todos los republicanos españoles; pero hacerlo de modo que ello no signifique la persistencia de crasos errores que han venido haciendo imposible el triunfo de la idea. Se hace imprescindible una fijación de programa definido.

Nosotros, los republicanos presidencialistas, no queremos ser un grupo más dentro del campo de las izquierdas. Nos proponemos convencer a quienes desean un gobierno republicano políticamente democrático y socialmente justo, de que esta aspiración sólo se puede realizar mediante el presidencialismo. No queremos, pues, dividir sino unir a los republicanos bajo una bandera que multiplique sus esfuerzos al encaminarlos por una ruta segura y provechosa.

Creemos sinceramente que el parlamentarismo ha cumplido ya su misión histórica y que por ello no será el régimen del porvenir. Por eso hallamos necesario emprender, desde luego, otro camino para conseguir el triunfo y los ideales que abrigamos.

En la previa labor de allanar obstáculos, deseamos marchar juntos con los otros republicanos. Pero después, en la tarea constructiva, no podemos unirnos a quienes no admitan la indicada orientación. Haciéndolo incurriríamos en el mayor delito que cabe cometer en política: la deslealtad.

Juzgando errónea la tendencia, tan corriente entre los republicanos españoles, de laborar por la instauración de una república de tipo francés (burguesa y caciquil como la monarquía constitucional) no debemos ayudar a su triunfo.

Nuestro deber es hacer un llamamiento a los republicanos entusiastas y conscientes, para que todos se unan y sigamos juntos la senda nueva que garantiza la plena consecución de la justicia política y social.

Es absurdo, a nuestro juicio, el divorcio existente entre republicanos, socialistas y comunistas. Deseamos fundir esos grandes grupos de hombres abnegados en una masa poderosa que, por el camino de un régimen en el que se armonizan la democracia y la eficacia, triunfe en la gran batalla contra los viejos sistemas burgueses recalcitrantes y aristarcas interesados en mantener indefinidamente, bajo monarquía o república, un estado de cosas que repugna a nuestra razón y atenta a nuestra dignidad de hombres libres.

No se nos mire, pues, a los republicanos presidencialistas como a disidentes. El silencio en momentos como los actuales, decisivos para los destinos patrios, es un crimen que ni el temor a los ataques de los adversarios ni el dolor que nos causa la incomprensión de los afines, nos obligará a cometer.

Brindamos la idea que estimamos salvadora a todos los correligionarios de claro criterio y buena voluntad. No queremos dividir, repetimos, sino multiplicar las fuerzas republicanas, dando cabida en ellas a quienes antes no se atrevían a unírsenos, porque se incluían en los programas de grupos puntos absurdos por antisocializadores, o improcedentes como los religiosos, que deben abandonarse a la conciencia individual dentro de la libertad colectiva.

Luis Hernández Alfonso

«El Presidencialista», n.º 9 (septiembre de 1928)

ISTA_9_Sobre la unión_nota

«El Presidencialista», n.º 8 (agosto de 1928)

•Martes 3 septiembre 2013 • Dejar un comentario

ISTA_8_Cabecera

SUMARIO

- La piedra en el lago (Darío Pérez)

- El Presidencialismo en Europa

- El problema religioso. Nuestro punto de vista

- El símbolo (Juan Sánchez Pozo)

- Tópicos (Álvaro Fernández Suárez)

- Nuestro deber (Luis Hernández Alfonso)

- ¡Lo que va de ayer a hoy! (Luis López Burgos)

- La verdad en marcha (I) (Jerónimo Martínez Doggio)

- Algo más sobre responsabilidad del Jefe del Estado (I) (Luis Muñoz García)

- Coplas del mes: Como lo oigo (Manuel Feijóo)

- La consecuencia (Francisco Rodríguez Dopico)

- Apostillas

- Noticias

Noticias

•Domingo 1 septiembre 2013 • Dejar un comentario

ISTA_8_Noticias

Nuestro querido colega «Panadés Republicano» transcribe en sus números 592 y 593 el artículo que suscrito por D. Jaime Torrubiano y con el título de República y Catolicismo apareció en estas columnas en julio último.

Dicho periódico, en nota puesta al pie de aquella transcripción, lamenta que la censura local haya tachado algunos párrafos de la misma. Y en el propio número (correspondiente al 4 de agosto) inserta el siguiente suelto que consideramos digno de ser reproducido:

ISTA_8_Censura«El Presidencialista», n.º 8 (agosto de 1928)

Apostillas

•Domingo 1 septiembre 2013 • Dejar un comentario

ISTA_8_Apostillas

Comentando las medidas adoptadas por el Gobierno francés contra los comunistas, en «El Liberal» de 2 de los corrientes se decía: «Es notable la política semidictatorial de la Meca de la democracia… burguesa».

Y parlamentarista…, añadimos nosotros.

♦♦

En la reciente sesión de apertura de la II Internacional, Emilio Vandervelde, hizo objeto de vivas críticas al comunismo.

Sin duda el líder del partido socialista belga ha olvidado lo que escribió hace tiempo, sobre las distintas fórmulas del reparto, en el capítulo IV de su conocida obra El Colectivismo.

Convendrá, pues, recordarlo, y así lo haremos en el próximo número.

♦♦

Está Andrés de veraneo

en Suiza y con gran candor

que escribe en su carta veo

«¿Que hace en España calor?

¡Porque lo dices lo creo!»

Y es que al buen entendedor…

«El Presidencialista», n.º 8 (agosto de 1928)

 
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