Senda
La siguiente poesía, una de las muchas escritas por Luis Hernández Alfonso desde las diferentes prisiones que recorrió en la inmediata posguerra, fue publicada póstuma como pórtico poético a las sobrecogedoras memorias carcelarias de una buena amiga suya, víctima como él de la represión franquista: la farmacéutica de Gandía Ángeles Malonda. Titúlanse las mismas Aquello sucedió así (Departamento de Publicaciones de la Asociación de Cooperativas Farmacéuticas, Madrid 1983), y cuentan también con una presentación del propio Hernández Alfonso y un prólogo de otra insigne represaliada republicana: la escritora Carmen Conde.
SENDA
Hemos vivido la tragedia,
y es un abismo lo que media
entre el ahora y el ayer.
Se ha desplomado nuestra obra
en este mar donde zozobra
nuestro sentido del deber.
Como entregados a la suerte,
hemos vivido entre la muerte,
embrutecidos de dolor.
¿Dónde estarán nuestras quimeras,
las ilusiones lisonjeras,
las esperanzas y el amor?
El porvenir ya no nos llama;
envenenados por el drama,
ya no sabemos dónde ir.
Y nuestros nervios, destrozados,
nos abandonan, amarrados
al ciego instinto de vivir.
Nuestro sendero se ha perdido
y nuestra llama se ha extinguido
en un crepúsculo mortal.
Hay que avanzar sin derrotero,
sin norte, fe ni paradero,
en la vorágine brutal…
Necesitamos otra senda,
lejos del caos de la contienda,
donde renazca nuestra fe.
Porque del mal que padecemos
nada nos cura, y no sabemos
el cómo, el cuándo ni el porqué.
¡Desvanecer la noche oscura,
poner un fin a la tortura,
hacer concreto nuestro afán!
¡Vivir sabiendo que vivimos
y que seremos lo que fuimos
y que hallaremos un Jordán!
Luz, ilusiones y ardimiento,
una esperanza en el tormento,
rutas y anhelos que seguir…
¡Algo que salve lo que media
entre el dolor de la tragedia
y la alegría de vivir!
Prisión «La Campana». Granada, 1940.



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