Estampas de un régimen

Los que día por día seguimos con atención el desarrollo de los sucesos políticos del mundo, no podemos por menos de admirarnos ante la evidente desorientación de los que, debiendo estar mejor informados de ello, los desconocen tan palmariamente como si jamás les hubiesen preocupado.
Refiérese nuestro comentario a un reciente hecho político, cuya trascendencia en el juicio que a los desapasionados debe merecer nuestra doctrina es a todas luces patente. El presidente de la república mejicana Plutarco Elías Calles, no obstante la difícil situación en que sus últimas medidas de gobierno le colocan entre la opinión conservadora (1), suprime la previa censura periodística.
Éste es el hecho escueto, sin añadiduras ni comentarios.
Y ahora digamos qué queda de todo aquel tinglado retórico-sofístico que los parlamentaristas pretendieron armar a propósito del caudillismo y las, según ellos, posibles dictaduras a que se prestaba el régimen presidencial (2).
Aviso es éste bien claro a todos los que, por cortedad de vista o de ánimo, cuando no por motivos de otra índole, tergiversan los conceptos y tratan de desviar a la opinión del que es, a nuestro juicio, único sistema que ofrece las ventajas de la democracia efectiva (asegurada por la elección, el referéndum, el recall (3) y la iniciativa), unidas a las de una plena eficacia garantida por la forma que afecta el sistema en su funcionamiento.
La política del presidente mejicano no hubiera podido seguirse sin obstáculos en un Estado parlamentarista, y ello, bien probado a todo el que recuerde pasados hechos de la historia patria, es un nuevo argumento en pro del sistema por el que abogamos, convencidos de su superioridad respecto a todos los demás y señaladamente a los que ofrecen las ilusorias garantías de una mediatización recíproca de los poderes legislativo y ejecutivo.
«El Presidencialista», nº 1 (enero de 1928)
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[1] Se refiere a las medidas de política anticatólica que desencadenaron la famosa guerra denominada «de los cristeros».
[2] Siempre hubo de luchar el Partido Republicano Presidencialista de España, en el seno del movimiento republicano español, contra la errónea ecuación presidencialismo = régimen dictatorial o caudillismo.
[3] Se trata de la revocación, mecanismo propio de los regímenes presidencialistas, que permite la destitución de un funcionario mediante consulta electoral.


[...] Prosiguiendo nuestra labor crítico-expositiva que nos propusimos al iniciar nuestra actuación en estas columnas, se ofrece a nuestro comentario un hecho tan significativo como el que en el número anterior glosábamos, al mismo respecto que aquél. [...]
Estampas de un régimen « Los Hernández dijo esto en Lunes 20 Noviembre 2006 a 13:13 |