Cantares
Poesía inédita de Luis Hernández Alfonso perteneciente a su álbum autógrafo titulado Navidad 1940, dedicado a su hija María Consuelo Hernández Rodríguez (1931-2003) y escrito desde la cárcel en Granada, en diciembre de ese mismo año.
Se corresponde en gran parte con la que con el mismo título de Cantares figura, igualmente manuscrita, en una hoja suelta y firmada por el autor en la Cárcel «La Campana» de Granada el 19 de noviembre de 1940; de ésta, la versión del álbum mantiene las diez estrofas (9 coplas y 1 seguidilla) que la componen —con alguna levísima diferencia de puntuación—, si bien cambiadas todas de orden salvo la 1.ª y la 5.ª, y añade, respectivamente en 9.º y en 12.º lugar, otras dos que no figuraban en la anterior composición: las que empiezan con los versos «No hagas favores a nadie…» y «Aunque no te lo agradezcan…».
CANTARES
—
Mira siempre al horizonte
y nunca mires atrás;
no importa de dónde vienes,
sino saber dónde vas.
—
Cuando estés muy triste, canta:
es un río la canción
que lleva al mar del olvido
las penas del corazón.
—
Para hacer bien a cualquiera
no esperes a los demás,
que los buenos van delante
y los peores, detrás.
—
Los ciclones que el árbol
dejan sin nidos
son de todas las aves
aborrecidos.
No seas nunca
como el ciclón odioso
que el árbol trunca.
—
Perdona a tus enemigos;
nunca te quieras vengar.
¡Bastante castigo tiene
quien no sabe perdonar!
—
Procura volar muy alto
para encontrar tu destino,
que el que vuela, no se mancha
con el barro del camino.
—
Nunca te parezca lejos
el lugar a donde vas;
con tal de que no te pares,
pronto o tarde, llegarás.
—
Todo se alcanza en la vida
cuando se sabe esperar…
¡Tienen fondo los abismos
y tiene orillas el mar!
—
No hagas favores a nadie
para que premio te den:
hay que buscar la alegría
de hacer el bien por el bien.
—
No humilles a quien socorras;
trátale con humildad.
La altivez en un defecto
que anula la caridad.
—
El poder y la fortuna
conforme vienen, se van;
los que ahora viven felices,
mañana ¿dónde estarán?
—
Aunque no te lo agradezcan
nunca niegues un favor,
que no amenguan las espinas
la belleza de la flor.
