Las «partes de la oración» y los diversos oficios de los vocablos

La Academia Española —y, con ella, la casi totalidad de los gramáticos— dice que son partes de la oración «cada una de las distintas clases de palabras que tienen en la oración diferente oficio».

De tal definición parece derivarse una clasificación de los vocablos en sustantivos, adjetivos, etc., lo que no es rigurosamente cierto, ya que hay palabras que, precisamente por el oficio que tienen en cada oración, varían de unas a otras, siendo sustantivos a veces y adjetivos en oraciones distintas; participios y adjetivos; pronombres y conjunciones etc. etc.

La propia Academia lo reconoció, implícitamente, al suprimir el participio como parte de la oración, puesto que o es una forma verbal o hace las veces de adjetivo.

Algunos ejemplos servirán de aclaración.

La mayoría de los adjetivos pueden usarse como sustantivos (adjetivos sustantivados) con solo suprimir el nombre. En la frase «el hombre artista», la voz artista es un adjetivo que califica al sustantivo hombre; pero si decimos, simplemente, «el artista», la misma palabra se convierte en nombre. Así empleamos, frecuentemente, adjetivos por sustantivos: el joven, la anciana, el blanco, el negro, el alto, el bajo, el mozo, el principal, el dulce, la estilográfica, el automóvil, el español, el chino, el alemán, el americano, el marino, el guerrero, el borracho, el abstemio, el vago, el trabajador… La lista sería interminable. También se hacen sustantivos abstractos los adjetivos, anteponiéndoles el artículo neutro: lo bueno, lo malo, lo excelso, lo sagrado, lo justo, lo equitativo, lo rico, lo mezquino, lo elevado, lo bajo, lo digno, lo odioso etc. etc.

Los infinitivos de los verbos, hacen las veces de sustantivos si les anteponemos un artículo: el reír y el llorar; el comer y el rascar, todo es empezar; el mentir de las estrellas; el sentir de las gentes; el opinar; el andar; el morir; el confiar, el vivir

En los pronombres ocurre algo semejante. Los indefinidos , por ejemplo: un cualquiera.

También se sustantivan los participios, tanto los activos como los pasivos: el amante, el pretendiente, el paciente, el oyente, el opinante, el cantante… el amado, el deseado, el temido, el enamorado, el roto, el hervido, el asado.

Asimismo se sustantivan los adverbios: el cómo y el cuándo, el hoy, el ayer y el mañana etc etc.; las conjunciones: el pero, el aunque; e incluso las interjecciones: el ¡ay! del alma, el ¡adiós! Y así sucesivamente.

Los participios hacen oficio de adjetivos, sin alteración alguna. Son tales participios en las formas verbales compuestas: he roto, había querido, era amado; y adjetivos calificativos en otros casos: lápiz roto, discípulo amado, pariente querido etc.

Los adjetivos posesivos mío, tuyo, suyo, nuestro, vuestro (con sus variantes de género y número) son también pronombres cuando no van acompañados del sustantivo. Son adjetivos en frases como: lápiz mío, casa tuya, libros vuestros; y pronombres en: ahí están los sombreros: que cada cual coja el suyo; tú tienes tu lápiz y yo el mío; su casa es mejor que la nuestra.

Igual ocurre en los demostrativos (este, aquel etc.), que son adjetivos cuando van acompañando al nombre; y pronombres en los demás casos.

[Por cierto, que no comprendemos por qué la Academia Española no incluye en su Diccionario los adjetivos posesivos ni los demostrativos. Los considera como pronombres, que hacen las veces de adjetivos si se unen al nombre: lo cual no nos parece lógico, pues se usan más como adjetivos propiamente dichos, que como pronombres. Y, por propia naturaleza, estos últimos sustituyen al sustantivo, por lo que no pueden acompañarle.]

Otros muchos pronombres hacen oficio de adjetivo, como qué, cuánto y cuál, el indefinido cualquiera etc. Ejemplos: ¿qué silla prefieres?; ¿cuánto tiempo pasó?, ¿cuál hombre te saludó? (en frases interrogativas o admirativas, principalmente); y un libro cualquiera; de cualquiera forma; cualquier día es bueno.

En las locuciones adverbiales, hacen oficio de adverbio palabras que no lo son y que cambian por completo de significado: por añadidura, a costa de, de cabo a rabo, a uña de caballo, a punta de lanza, quieras o no quieras, de par en par, sin más ni más, a trancas y barrancas, a qué quieres boca, a tuertas o a derechas, ni por soñación, poco a poco, hasta cierto punto, como quien dice, ni más ni menos, a grito pelado, frente a frente, cara a cara, a la chita callando, a ojos vistas, a pies juntillas etc. etc.

El gerundio, hace oficio de adverbio; y el llamado antes participio activo, de adjetivo (como ya hemos señalado) e incluso de sustantivo.

Tenemos muchos casos en que una misma palabra puede ser varias partes de la oración. Ejemplos: Un, uno, una, adjetivos numerales y artículos indeterminados (muy difícilmente clasificables en ocasiones, pues si decimos, v. g.: «vino un hombre» lo mismo podemos querer decir que no vinieron más o que «vino un cualquiera», un desconocido).

Los artículos uno, una, unos, unas, la, los etc. pueden ser pronombres: «Las encontré en la calle», «unos decían que sí». Esto obedece a la elisión del sustantivo.

«He» es forma verbal y también adverbio demostrativo. Los adverbios cuando, como, antes, mientras, luego y algún otro sirven de conjunciones. Y no faltan los que hagan oficio de sustantivos, como hoy, mucho, poco («Hoy es jueves», «él gana mucho», «me dió poco»); y de adjetivos, como bastante, tanto, mucho, poco («bastante agua», «tanto dinero», «poco público»).

La voz «que» puede ser pronombre y conjunción. Es pronombre en casos como: «Vi a Juan, que me dijo» (y puede sustituirse por otro pronombre relativo: quien o el cual); y conjunción en otros: «Quieres decir que vaya», «le dije que no viniera» (y no puede, naturalmente, ser sustituido por un relativo).

* * *

Basta con lo expuesto, a nuestro juicio, para demostrar que no puede hablarse, propiamente, de «partes de la oración», por lo menos, en el modo estricto en que suele hacerse, es decir, considerando que cada vocablo pertenece a un «compartimiento» gramatical.

Es más lógico hablar de «oficios de las palabras» o «función de los vocablos», ya que una misma voz puede hacer distintos oficios e incluso hay casos en que resulta difícil determinar éstos.

[Luis Hernández Alfonso, Defensa del Idioma (1948-1952)]

~ por rennichi59 en Jueves 22 marzo 2012.

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