«El Presidencialismo», n.º 1 (5-II-1920)

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SALUDO

Lo dirigimos afectuosamente a nuestros dignos compañeros en la prensa, con quienes deseamos mantener estrechas relaciones de amistad, ofreciéndoles nuestro modestísimo concurso en la obra de interés común que impone el compañerismo.

LA REDACCIÓN

ADVERTENCIA

Aunque los principales fines de este periódico son defender y propagar la doctrina presidencialista y servir de Boletín Oficial a nuestro partido, nos proponemos también, al publicarlo, contribuir cuanto podamos, en nuestra humilde esfera, a la obra común del progreso nacional, estudiando los problemas que interesan a nuestra Patria, además del referente a su organización y funcionamiento políticos. Para ello, publicaremos trabajos de Redacción y de colaboración en que se traten dichas cuestiones, procediendo en este punto con amplitud de criterio y respetando cuantas opiniones se emitan, siempre que no se opongan a lo esencial de nuestro credo.

Quedaremos agradecidos a cuantas personas (correligionarios o no) quieran ayudarnos en esta tarea.

NUESTRO MANIFIESTO

He aquí el publicado y repartido recién constituida nuestra agrupación:

«El Directorio del partido republicano presidencialista español, a la opinión.

Ciudadanos:

Un grupo de españoles que hemos vivido alejados de las luchas políticas, amantes de la patria y con fe en sus destinos, convencidos de que son esenciales las formas de gobierno, del fracaso del parlamentarismo, de que los partidos turnantes se deshacen por falta de idea que les preste abnegación ciudadana, y de que las agrupaciones de la extrema izquierda carecen de orientación definida y preparación gubernamental suficiente para asumir la responsabilidad del mando si desapareciera el Régimen, nos hemos unido para propagar un ideal republicano que, reuniendo las ventajas del poder personal (lo que pretendemos conseguir dando al presidente el mayor número posible de facultades en el orden gubernativo, pero quitándole toda iniciativa y acción legislativa exclusiva de las Cámaras), no tenga sus inconvenientes porque el jefe del Estado sea elegido por sufragio universal y directo, ejerza el poder temporalmente y sea el único responsable de los actos de gobierno.
Pensamos publicar un modesto Boletín-revista del partido, donde iremos desarrollando y vulgarizando nuestro programa, labor que completaremos con la propaganda oral.
No se nos oculta la magnitud de la empresa ni tampoco nuestra pequeñez. Alguien debía tomar la iniciativa, y la hemos tomado nosotros. Sólo deseamos que pronto nos secunden otros más capaces de llevar a feliz término el ideal ciudadano que nos une.
Para concluir, queremos y debemos afirmar solemnemente que hemos de luchar dentro del orden y respeto a las leyes; que, aunque recabando nuestra independencia, todos cuantos combatan por la justicia y el orden contarán con nuestra ayuda, pequeña o grande. Sólo pretendemos hacer lo que podamos en pro del bienestar patrio; preferimos decir: esto hemos hecho, a anunciar: esto haremos.
Ciudadanos: trabajamos con entusiasmo por el engrandecimiento de nuestra patria.
¡Viva España!»

(Llevaba fecha de 20 de marzo de 1919 y lo firmaban los individuos que entonces constituían el Directorio).

* * *

No pocos lectores del anterior documento han echado de menos en él declaraciones sobre el problema económico-social, y algunos nos invitan a que las hagamos. Pues bien; vamos a complacerles.
Para nosotros no es aquél uno de tantos puntos de programa de gobierno que pueda desenvolverse prácticamente en tal o cual sentido, según lo aconsejen consideraciones circunstanciales de orden público, de interés material u otras conveniencias análogas, o conforme a lo que inspiren sentimientos filantrópicos, motivos de equidad. etc. Nosotros creemos con la mayor firmeza que además de imponerlo racionalmente la justicia en el reparto de los bienes, exige imperiosamente la democracia, para el éxito y aun la posibilidad de su régimen político, garantir de manera eficaz la subsistencia de todos y cada uno de los ciudadanos, procurándoles con ello una independencia económica, sin la cual es imposible el ejercicio real de los derechos individuales.
Menguada resulta la libertad de quienes se ven obligados a vender, con su trabajo corporal o intelectual, las prerrogativas (teóricamente inalienables) de la personalidad humana, incluso, a veces, la propia dignidad de hombre. Difícil será igualar ante la ley a los pobres que carecen de los recursos precisos para lograr el amparo de ésta con los ricos que disponen de cuantos medios bastan para conseguir, a cualquier precio, el apoyo de las autoridades. Y no dejará de ser irrisoria la soberanía del pueblo mientras la mayor parte de éste viva sometida por la fuerza de la necesidad y sujeta por la cadena de la miseria a una minoría privilegiada y oligárquica, que detenta, a la vez, el patrimonio y el poder de todos los ciudadanos.
Lo repetimos: no cabe que éstos sean verdaderamente libres, jurídicamente iguales y políticamente soberanos si no son económicamente independientes mediante la indicada garantía de su subsistencia, y ésta sólo se obtendrá socializando los medios de producción y de cambio, sin excluir la tierra.
¿Cómo llevarlo a cabo? Conocidos son los varios modos ideados para ello. Escójase el que sea juzgado preferible, y si ninguno es considerado bastante bueno, invéntese otro mejor. No hemos de dilucidar en este momento semejante cuestión; probablemente nunca llegaremos, como partido, a concretar mucho en tal materia ni en la política, porque, dados el carácter y la finalidad de nuestra agrupación, hemos de limitarnos oficialmente (sin perjuicio de acoger las opiniones particulares de los correligionarios) a defender la República presidencial, amplia estructura política, donde caben variadas formas de organización democrática, vasto sistema de régimen utilizable para el desarrollo de diferentes planes de gobierno republicano.
Pero el asunto de que ahora tratamos es para nosotros fundamental; afecta a la esencia misma de nuestro credo. No concebimos verdadera República sin Democracia (como tampoco verdadera Democracia sin República), ni organización y régimen democrático-republicanos que no exijan, cual requisito indispensable para su efectividad, conditio sine qua non de su eficacia, la socialización de los medios de producción y de cambio.

EL DIRECTORIO

LO QUE SOMOS Y LO QUE QUEREMOS

No somos unos disidentes a quienes la envidia, el despecho, la rebeldía u otro análogo motivo haya impulsado a separarse de cualquier disciplina republicana establecida. Tampoco gente vanidosa llevada por el afán de notoriedad a organizarse con independencia de sus demás correligionarios. Y menos todavía cariñosos deudos, agradecidos clientes o interesados compañeros de algún personaje o personajillo, a cuya desmedida e injustificada ambición intentemos, consciente o inconscientemente, proporcionarle un pedestal. Nada de esto ni cosa parecida.
Somos lo que ya indicamos en nuestro manifiesto y hoy ampliamos en otro lugar de este mismo número: modestos ciudadanos cuanto entusiastas patriotas que, rechazando en teoría el capitalismo y el parlamentarismo, y viendo en la práctica el fracaso de la oligarquía capitalista que nos desgobierna parlamentariamente, queremos la salvación de España buscándola en el triunfo de una República social-democrática y presidencial.
Para la defensa y propaganda de nuestros ideales hemos necesitado constituir un nuevo partido, porque ninguno de los existentes en este país se dedica a defender y propagar aquellos. ¿Hay en esto algo digno de censura?
Nos expresamos así, contestando a quienes manifiestan extrañeza y disgusto porque, en el actual estado de fraccionamiento del republicanismo español, organicemos un grupo más.
La independencia de nuestra agrupación está plenamente justificada, desde el momento que sustentamos una doctrina precisa, bien determinada; lo cual habrá de reconocérsenos que no es pequeña cosa en los actuales tiempos, y, sobre todo, en estos lugares. Ella difiere bastante de la profesada por las otras fracciones que profesan alguna, y esto no deja de conferirnos cierta personalidad propia.
Por lo demás, nos pone al abrigo de cualquier sospecha de miras egoístas el hecho de que nuestra reglamentación no consiente imposiciones (y menos a perpetuidad) de jefaturas personales.
Ahora bien; aborrecemos y deploramos las discordias entre parientes; deseamos, como el que más, la estrecha unión, para la obra común entre todas las ramas de la gran familia republicana; y hasta nos gusta, en oportunas circunstancias, la coalición con elementos afines. Pero esto ha de ser sin perjuicio de mantener cada cual sus ideales, y aun sin que deba impedirse la manifestación de éstos, así como preparar la victoria, en su día, de los mismos.
Es más: creemos firmemente que así necesitamos hacerlo para el propio éxito del anhelo común. No sabemos si ciertas clases sociales, aficionadas a soluciones concretas y positivas, osarán lanzarse a la ventura, siguiendo y secundando a innovadores que les ofrezcan, como único remedio a los males presentes, el nombre no de una sola forma de gobierno, sino de un género de ellas. Pero estamos plenamente convencidos de que la transformación que haya de realizarse no será eficaz si no se tiene dispuesto de antemano, para establecerlo inmediatamente después del cambio, aquello con que haya de sustituirse lo desaparecido. Y esto no puede efectuarse sin una concienzuda labor previa, mediante la cual se entere bien el pueblo de las reformas que se proponen y entre ellas escoja la que mejor le parezca.
Unámonos, pues, mas sin borrar lo que cada uno de nosotros somos. Esto es lo que queremos.

CRISIS TOTAL… Y CONTINUA

I

Sí, total; porque no se circunscribe a todo un ministerio, sino que alcanza a todo nuestro régimen político, a todo nuestro sistema económico, a toda nuestra organización social…, en suma, a todas nuestras ya caducas instituciones. Por lo mismo, continúa y continuará mientras ésta subsista.
¿Qué importa que el gobierno actual (al menos cuando escribo estas líneas) haya sustituido (por cierto no sin grandes dificultades) al último que cayó hace unos días? Es de creer que durará poco (1). Seguramente no puede durar mucho, pues a su larga duración se oponen, como a la de anteriores se opusieron, causas que radican en la esencia misma de nuestro burgués y parlamentario Estado.
Efectivamente: en el execrable mecanismo de éste, las crisis ministeriales no tienen un carácter meramente accidental; obedecen, por necesidad, a una defectuosa estructura; responden fatalmente a un vicio de constitución. Son inevitables manifestaciones de la índole morbosa de nuestra condición político-social, y la frecuencia con que se repiten (mejor dicho, su casi no interrumpida sucesión) determina un curiosísimo aspecto del estado patológico en que política y socialmente vivimos.
Cosa análoga cabe decir del Parlamento. El cual también sufre sus crisis, tampoco escasas, que en su forma más aguda se llama disolución de Cortes y en otros grados reciben los nombres de clausura, sesión permanente, obstrucción
De donde resulta que ni los ministerios durante su corta y accidentada vida, ni las Cámaras en su perturbada cuanto perturbadora actuación, realizan labor alguna de provecho.
¿Esto ha de continuar siempre así? ¿Ha de prolongarse indefinidamente esta crisis que atravesamos? Imposible. El malestar es tan general y su intensidad es tanta, que nadie se resigna ya a seguir soportándolo. Hasta las personas menos impacientes y más tranquilas reconocen la justicia y sienten la necesidad de la reforma, comprendiendo que su implantación exige el sacrificio de intereses creados, que deben ceder ante otros superiores. Se difiere, no obstante, en las soluciones propuestas y en los medios utilizables para su adopción.
Nosotros, republicanos presidencialistas, queremos un cambio político-social radicalísimo, sin que nos asusten las violencias que para efectuarlo se hayan de emplear, siempre que sean absolutamente precisas y de verdadera eficacia. Y profesamos este radicalismo porque entendemos que no basta fijarse tan sólo en el síntoma olvidando la grave enfermedad por éste claramente revelada; y nos parece inútil pretender conseguir atenuaciones en los efectos cuando lo que importa es atacar resueltamente y con energía las causas que los producen.
En sucesivos artículos procuraremos señalar éstas, proponiendo el remedio que su examen nos sugiere para el mal que ellas originan.

ENSEÑANZAS

Muchas y elocuentísimas se desprenden para todos del formidable movimiento social y político que viene desarrollándose en el mundo entero, especialmente en Europa y América; movimiento que nos ofrece, en particular a los republicanos presidencialistas, hermosas lecciones aprovechables en favor de nuestro ideal. De ellas iremos tratando en números sucesivos, limitándonos hoy a señalar un fenómeno cuya generalidad e importancia son notorias. Es el siguiente:
A la vez que observamos los progresivos desenvolvimientos y realización de las aspiraciones del proletariado, vemos que las conquistas de éste se obtienen y mantienen en estructuras y mediante procedimientos clara y eminentemente políticos.
Con nuevos nombres (como el de comisarios del pueblo en lugar de ministros, o con los mismos de antes: República, Dictadura, etc.), los innovadores más radicales, los más avanzados reorganizadores de países europeos conservan (al menos en lo esencial) antiguas instituciones de no escaso ni flojo gobierno; efectúan abundante labor jurídica, en el amplio sentido de esta frase, no circunscribiéndose a la mera gestión económica; utilizan los tradicionales instrumentos de dominación llamados Ejército y Marina, en los cuales el cambio de color de su distintivo no ha atenuado el rigor de su disciplina; emplean, para sostener el orden interno, medidas de incesante prevención y de represión cruel, recurriendo con frecuencia a las más severas sanciones del clásico repertorio penal, sin escatimar las condenas de muerte; y viven, en el exterior, en continua guerra con sus vecinos. Hay más: ni siquiera les falta la preocupación nacionalista y el sentimiento patriótico. Díganlo si no (aparte el republicanismo imperialista y centralizador de los mayoritarios alemanes, que pudiera parecer poco significativo por el carácter moderado de éstos) el tenaz empeño que mostrara el comunista gobierno de Bela Kun en reincorporar la Eslovaquia a Hungría, y los constantes esfuerzos de los soviéticos rusos para someter a su mando dictatorial a todas las gentes dominadas antes por el zarismo.
¿No autoriza esto a suponer que aun está bastante lejos (caso de que pueda llegar) la hora imaginada por algunos soñadores en que desaparezca el violento Estado-poder para ser sustituido por el pacífico Estado profesional?
Reconozcamos que la verdad se impone; y la verdad, a nuestro juicio, es como sigue:
Los hombres han de cumplir su total destino; para lo cual se agrupan de grado o por fuerza (no hemos de discutirlo ahora), organizándose en forma tan amplia y rigiéndose de modo tan eficaz, que puedan quedar cumplidos todos sus fines.
El problema económico constituye sólo un aspecto, aunque muy interesante, de nuestra vida; por importancia que tenga (la tiene muy grande) y por urgente que sea (urge muchísimo) su solución, se refiere únicamente a un medio (indispensable, sí, pero medio, al fin y al cabo) para la realización de aquéllos.
Una nación no es un mero conglomerado de agricultores, industriales, comerciantes…, de personas, en fin, atentas nada más que a sus intereses materiales y exclusivamente relacionadas por ellos. Es un conjunto de ciudadanos que necesitan atender, y atienden, a muchas y distintas cosas, uniéndose y asociándose no sólo por motivos económicos, sino por consideraciones de otra índole, y la variada multitud de sus relaciones colectivas es regulada por normas de Derecho, cuyas declaración y ejecución con la suprema garantía de la fuerza corresponden a ese mismo conjunto de individuos y sociedades constituido en el organismo total que denominamos Estado.
Cuán apremiante e ineludible nos parece, y por qué razones, el deber que a éste le atribuimos de asegurar la subsistencia de los ciudadanos socializando los medios de producción y de cambio, dicho queda en otro lugar del presente número, al ampliar el manifiesto que el año último publicamos. Pero no se olvide que tal socialización ha de hacerse políticamente.
Así lo entienden hoy, por lo visto, en todas partes, incluso en la Rusia de los soviets.

LOS SEFARDITAS

Leemos en el diario madrileño El Sol, de hoy:

Un banquete de los hispano-hebreos.

«Para festejar el resultado de las recientes asambleas de las Asociaciones hispano-hebreas y en honor del Comité central que radica en Madrid bajo la presidencia del doctor Pulido, se celebró ayer, a la una, un banquete en el Hotel Ritz.
Asistieron los presidentes de las Asociaciones judías y varias personalidades españolas. Hicieron uso de la palabra los Sres. Güita (D. Jacob y don Samuel), el rabino Hasersfaty y el periodista señor Enciso, todos de Tetuán; D. Rafael Altamira y señores Carracido y Doval; leyó unas cuartillas el marqués de Valero de Palma e hizo el resumen el presidente Dr. Pulido.
La fiesta resultó muy animada, reinando en ella gran entusiasmo.»

Sólo disponemos de tiempo y espacio para consignar aquí nuestra satisfacción por tan simpático acto, ajeno por lo demás a nuestro particular interés político. Desde otros puntos de vista nos parece tan interesante esta cuestión del sefardismo que pensamos ocuparnos de ella con algún detenimiento en números sucesivos.

BOLETÍN DEL PARTIDO

El nuevo directorio.

Ha quedado constituido, para actuar durante el presente año, en la forma que sigue:
Presidente, D. Luis Hernández Rico.
Vicepresidente 1º, D. Manuel Benito Marín.
Vicepresidente 2º, D. Federico Soler y Pérez.
Secretario, D. Francisco Calzadilla Antolín.
Vicesecretario, D. Luis Hernández Alfonso.
Tesorero, D. Juan Murillas Romero.
Contador, D. Julián Cortés López.
Bibliotecario, D. Bernardo de la Guerra.
Vocal 1º, D. Luis del Prado y de Lara.
Vocal 2º, D. Abel Fernández Cantos.
Vocal 3º, D. Ángel Sánchez Herrero.

Domicilio social.

El de nuestro Círculo en esta capital ha sido trasladado de la calle de San Bernardo, 2, 2º, a la del Divino Pastor, 9 duplicado, 1º.
En dicho domicilio se admiten inscripciones para el Círculo y para el Censo del partido todos los días laborables de tres a cinco.

Circular.

En breve dirigirá una nuestra Presidencia a sus delegados en provincias dándoles nuevas instrucciones para la más activa propaganda de los ideales que defendemos y la mejor organización de nuestro partido.

[1] No se equivocaba Luis Hernández Rico al augurar breve vida al recién estrenado gobierno de Manuel Allendesalazar, que había sucedido el 12 de diciembre de 1919 al igualmente efímero gabinete de Sánchez de Toca y que caería el 5 de mayo de 1920 al tomar su relevo el último gobierno de don Eduardo Dato. [Nota de Pablo Herrero Hernández]

~ por rennichi59 en Viernes 3 noviembre 2006.

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