La Sociedad de Naciones y la paz internacional

La Sociedad de Naciones y la paz internacional

Uno de los principales problemas que hoy preocupan a la Humanidad es, sin duda alguna, el referente a la política internacional y, dentro de ella, lo que concierne a la guerra y a la paz.

¡Paz! Bellísimo ideal, cuya realización está muy lejos todavía.

Entre los organismos internacionales que hoy funcionan, es el más importante, a no dudar, la Sociedad de Naciones.

¿Es eficaz la obra que esta alta entidad realiza?

Con este o parecido título, el ilustre escritor D. Augusto Barcia (1) publicó una serie de artículos en las columnas de La Libertad encaminados a demostrar cuán fructífera es la labor del organismo de Ginebra.

Muy loable sería el esfuerzo de unos hombres que, desinteresadamente, colaboraran para llevar a cabo los grandiosos, pero irrealizables, sueños de Wilson.

Pero al llevar a la práctica, en todos los órdenes, los proyectos de la idea, se tropieza con el obstáculo que ha sido la causa del predominio de las diferentes naciones en los diversos períodos históricos: el afán de la hegemonía.

Al mismo tiempo que las potencias celebran magnas asambleas internacionales para consolidar la paz, aumenta la producción de material bélico y se preparan para el próximo conflicto armado.

Uno de los aspectos de la Sociedad de Naciones, aunque no oficial, ha sido la Conferencia del Desarme Naval (2). ¿Qué se ha conseguido en esa conferencia? Nada. Demostrar que cada uno de los asistentes estaba dispuesto a mantener su punto de vista, común a todos: conservar todas sus unidades navales procurando en lo posible sobreponerse a los demás. El fracaso estaba previsto.

Y es que no se puede llegar a un acuerdo amistoso en una asamblea de grandes y pequeños, donde los primeros imponen su autoridad a los segundos; y en cuanto a aquéllos entre sí tampoco es posible, pues los intereses y ambiciones de cada uno están en pugna con los de los demás, y todos procuran (individualmente, se entiende) salir beneficiados, aunque para ello tengan que violar los tratados, ya que no hay una fuerza superior que se lo impida y les exija el inmediato cumplimiento de las cláusulas firmadas.

Para abonar nuestras afirmaciones podríamos aducir muchos datos que demostrarían claramente el «interés» que manifiestan por la reducción de los armamentos algunos Estados, cuyos representantes, desde los escaños de la Sociedad de Naciones, han abogado elocuentemente por la fraternidad universal.

De nada valen las palabras por muy hermosas que sean si los hechos no las confirman.

Además, ¿por qué esos dos aspectos en la constitución de dicha entidad: miembros permanentes y miembros no permanentes? ¿Es que era propósito de Wilson que las grandes potencias se reservaran los mejores puestos y se atribuyeran más derechos que los pequeños Estados? Y aunque así fuera; me parece que más necesidad tienen éstos de defender sus intereses, que aquéllos, ya que las grandes naciones nada pueden temer de las pequeñas; todo lo contrario de éstas respecto a aquéllas.

Por lo tanto, es evidente que la Sociedad de Naciones no es una unión de grandes y pequeños que arreglen amistosamente los conflictos internacionales; sino un campo donde los colosos, por el natural temor que unos a otros se tienen, procuran mantener una cordialidad más o menos fingida.

En mi concepto, dentro y fuera de aquel organismo, la santa causa de la Paz internacional sólo puede esperar el eficaz apoyo que le proporcione el creciente equilibrio que en este orden resulte del combate de las fuerzas antagónicas.

 

Luis López Burgos

“El Presidencialista”, nº 1 (enero de 1928)

 

[1] El internacionalismo del político y abogado Augusto Barcia Trelles (1881-1961), que llegaría a ser ministro de Estado en varios gobiernos de la República, no sólo tiene origen en su especialización jurídica en campo internacional, sino también, a un nivel más profundo, en su adscripción a la Masonería española, de la que fue uno de los representantes más destacados.

[2] En la Conferencia de Washington (1921-1922), uno de los tratados aprobados, denominado “de las Cinco Potencias” al estar suscrito por Estados Unidos, Gran Bretaña, Japón, Francia e Italia, establecía medidas encaminadas a un moderado desarme naval.

~ por rennichi59 en Sábado 11 noviembre 2006.

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