Lo político y lo económico

Lo pol�tico y lo económico

La íntima relación entre estos dos órdenes nos ha preocupado constantemente y no poco.

Respondiendo a tal preocupación, el 10 de mayo de 1920, pronuncié en el «Fomento de las Artes» (1), de esta localidad, una conferencia sobre Aspecto económico de la moderna lucha social; apareciendo un resumen de ella en el número 8 de El Presidencialismo, órgano entonces de nuestro partido, ambos fundados y dirigidos por mí (2).

Probablemente habré de recordar otro día la doctrina que expuse allí. Hoy me limito a reproducir párrafos de un artículo inserto en el número primero de aquel periódico el 5 de febrero de dicho año, en los cuales se amplía el manifiesto político que habíamos publicado en 20 de marzo de 1919 (3).

Dicen así, aludiendo al problema económico-social:

«Para nosotros no es aquél uno de tantos puntos de programa de gobierno que pueda desenvolverse prácticamente en tal o cual sentido, según lo aconsejen consideraciones circunstanciales de orden público, de interés material u otras conveniencias análogas, o conforme a lo que inspiren sentimientos filántropicos, motivos de equidad, etc. Nosotros creemos con la mayor firmeza que, además de imponerlo racionalmente la justicia en el reparto de los bienes, exige imperiosamente la democracia, para el éxito y aún la posibilidad de su régimen político, garantir de manera eficaz la subsistencia de todos y cada uno de los ciudadanos, procurándoles con ello una independencia económica, sin la cual es imposible el ejercicio real de los derechos individuales.

Menguada resulta la libertad de quienes se ven obligados a vender con su trabajo corporal o intelectual las prerrogativas (teóricamente inalienables) de la personalidad humana, incluso, a veces, la propia dignidad de hombre. Difícil será igualar ante la ley a los pobres, que carecen de los recursos precisos para lograr el amparo de ésta, con los ricos, que disponen de cuantos medios bastan para conseguir, a cualquier precio, el apoyo de las autoridades. Y no dejará de ser irrisoria la soberanía del pueblo, mientras la mayor parte de éste viva sometida por la fuerza de la necesidad y sujeta por la cadena de la miseria a una minoría privilegiada y oligárquica que detenta, a la vez, el patrimonio y el poder de todos los ciudadanos.

Lo repetimos: no cabe que éstos sean verdaderamente libres, jurídicamente iguales y políticamente soberanos, si no son económicamente independientes mediante la indicada garantía de su subsistencia, y ésta sólo se obtendrá socializando los medios de producción y de cambio, sin excluir la tierra (4).

¿Cómo llevarlo a cabo? Conocidos son los varios modos ideados para ello. Escójase el que sea juzgado preferible, y si ninguno es considerado bastante bueno, invéntese otro mejor. No hemos de dilucidar en este momento semejante cuestión; probablemente nunca llegaremos, como partido, a concretar mucho en tal materia ni en la política, porque, dados el carácter y la finalidad de nuestra agrupación, hemos de limitarnos oficialmente (sin perjuicio de acoger las opiniones particulares de nuestros correligionarios) a defender la República presidencial, amplia estructura política donde caben variadas formas de organización democrática, vasto sistema de régimen utilizable para el desarrollo de diferentes planes de gobierno republicano.

Pero el asunto de que ahora tratamos es para nosotros fundamental: afecta a la esencia misma de nuestro credo. No concebimos verdadera República sin Democracia (como tampoco verdadera Democracia sin República), ni organización y régimen democrático-republicanos que no exijan, cual requisito indispensable para su efectividad, conditio sine qua non de su eficacia, la socialización de los medios de producción y de cambio».

Concluyo ahora expresando mi ideal político-económico en estas fórmulas que Edmundo Picard, en «El Derecho puro», presenta como el tetragrama de la Justicia (5).

«De cada uno según sus facultades». «A cada uno según sus necesidades». «Por el esfuerzo de cada uno». «Y por el esfuerzo de todos».

Firma de Luis Hernández Rico

«El Presidencialista», n.º 1 (enero de 1928)

[1] Alabado por el propio Giner de los Ríos, el madrileño Fomento de las Artes, fundado en 1859, desempeñó un importante papel en la educación de las clases obreras de la capital, a las que se fueron añadiendo, con el cambio de siglo, también la pequeña y media burguesía del centro de la Capital. En aquella época ocupaba un hermoso edificio, aún subsistente, en la calle San Lorenzo, nº 14 actual, en algunos de cuyos balcones del piso principal pueden verse, entrelazadas, las iniciales F y A.

[2] Como apuntamos en la página dedicada a la prensa del Partido, no hemos logrado localizar, por el momento (noviembre de 2006), ningún otro número de este primer boletín del Partido Republicano Presidencialista de España.

[3] Véase “El Presidencialismo”, nº 1 (5-2-1920).

[4] La socialización de los medios de producción y cambio será una constante del ideario político del Partido Republicano Presidencialista de España.

[5] De la obra del jurisconsulto, escritor y mecenas belga Edmond Picard (1836-1924) titulada Le droit pur existe una traducción española a cargo de Alfredo Serrano Jover (Librería Gutenberg, Madrid 1911).

[Notas de Pablo Herrero Hernández].

~ por rennichi59 en Sábado 11 noviembre 2006.

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