Como siempre y donde quiera

Como siempre y donde quiera

En París, y con fecha 22 de octubre de 1818, escribía Chateaubriand lo siguiente, a propósito de unas elecciones generales celebradas en Francia:

«Como la minoría no decreta leyes, el resultado necesario del partido que se había adoptado fue la disolución de la Cámara; mas como con ésta nada se había adelantado si no se obtenía una mayoría, preciso fue emplear toda clase de medios para obtenerla; y como esta mayoría no podía ya encontrarse entre los hombres que componían la primera, forzoso fue buscarla en otra parte.

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Entonces se dio un gran escándalo: enviáronse a los departamentos comisionados con el encargo de procurar que se nombrasen o repudiasen los candidatos designados. Algunos ministros escribieron circulares en el mismo sentido, y hubo prefectos que no repararon en dirigirlas también ellos en su propio nombre.

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No lo digo todo; pero debe saberse que me son conocidas muchas cosas que se creen ocultas; tengo en mis manos un volumen de hechos probados, que servirán para la historia» (1).

La del Parlamentarismo abunda en semejantes datos y enseñanzas.

Ésa u otra análoga descripción de manejos gubernativos para ganar elecciones y obtener mayorías adictas al ministerio, pudo entonces y ha podido después aplicarse a cualquier Estado regido parlamentariamente; sin excluir Inglaterra, clásico país de tal régimen, donde, por haberse implantado éste con anterioridad, antes también se emplearon aquellos procedimientos electorales.

No es posible que hecho tan constante y general obedezca sólo a motivos secundarios o deficiencias accidentales, de fácil remedio unos y otras.

La causa principal es más honda; la indica ya el nombrado autor en el primer párrafo transcrito e insiste sobre ella, aunque sin darle tal carácter, en estas líneas de otro artículo fechado en 28 de diciembre del mismo año:

Es necesario que el ministerio que ha de recomponerse llene las condiciones apetecidas; que tenga la mayoría en las Cámaras, y que, escogido entre los individuos de una opinión decidida, marche con toda la fuerza de esta opinión. Si no reúne estas dos condiciones, es perdido: contrariado por las Cámaras, fluctuante entre los partidos, sin granjearse ningún amigo, se ve muy pronto obligado a ceder el puesto a las opiniones opuestas, las cuales vuelven con un poder robustecido con toda la debilidad de la opinión que no ha sabido triunfar (2).

Para librarse de entorpecimientos tan graves, todo Gobierno parlamentario que necesita indispensablemente una mayoría adicta para vivir, se la procura a toda costa.

El vicio, pues, radica en la naturaleza misma del sistema; y constituye en él un mal tan incorregible como inevitable.

Antonio Casimiro (3)

«El Presidencialista», n.º 1 (enero de 1928)

[1] «Comme la minorité ne décrète pas des lois, le résultat nécessaire du parti que l’on avait embrassé fut la dissolution de la chambre ; comme on n’avait rien fait en cassant cette chambre si l’on n’obtenait une majorité, il fallut employer pour l’acquérir toutes espèces de moyens ; comme cette majorité ne pouvait être prise parmi les hommes qui composaient la première, on dut la chercher ailleurs […] Alors un grand scandale fut donné : des commissaires partirent pour les départements avec mission de faire nommer ou de faire rejeter les candidats désignés. Des ministres écrivirent des circulaires dans le même esprit, des préfets osèrent eux-mêmes en répandre en leurs propres et privés noms. […] Je ne dis pas tout ; des choses que l’on croit cachées me sont connues : j’ai entre les mains un volume de faits prouvés qui serviront à l’histoire».

[2] «Il faut que le ministère à recomposer remplisse les conditions voulues, qu’il ait la majorité dans les chambres et que, choisi dans une opinion arrêtée, il s’avance avec toute la force de cette opinion. S’il ne réunit pas ces deux conditions, il est perdu : contrarié par les chambres, flottant entre les partis, ne s’attachant personne, il est bientôt obligé de céder la place aux opinions opposées, lesquelles reviennent avec une puissance accrue de toute la faiblesse de l’opinion qui n’a pas su triompher». El texto completo de tan lúcidos artículos políticos del autor de El Genio del cristianismo puede consultarse en esta dirección del motor de búsqueda Gallica, de la Biblioteca Nacional de Francia.

[3] Seudónimo de Luis Hernández Rico.

~ por rennichi59 en Domingo 12 noviembre 2006.

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