Crónica social: Los Magos están de moda

Crónica social: Los Magos están de moda

Sí, señores, completamente de moda están los simpáticos monarcas, uno negro y dos blancos, que se llamaban, prosaicamente, Melchor, Gaspar y Baltasar.

Con las costumbres sociales ocurre exactamente igual que con los pantalones y con las corbatas. Se «lleva» celebrar los Reyes, o San Expedito, o la fiesta laica de la Nochevieja, y la Humanidad, encantada por no tener que pensar las cosas, se lanza a la calle entusiasmada, sin saber a punto fijo lo que hace, ni mucho menos lo que representa o significa aquello que está haciendo.

Puede que alguien afirme que la visita anual de los reyes magos para proteger a los bazares es una ritualidad religiosa como otra cualquiera.

Pero ni esto es cierto.

En ningún catecismo, ni ningún libro religioso alto ni bajo, se establece que el día 6 de enero se regalen a los chiquillos montones de cacharros inútiles.

Antes, y no digo antiguamente porque no quiero hacerme viejo, se solía depositar en el consabido zapato un puñadito de confitura o alguna otra golosina.

Hoy se ha suprimido el detalle del zapato, y generalmente van los niños con sus padres a realizar la compra.

No hay encanto ni poesía alguna, por la sencilla razón de que la mayor parte de los mortales que se gastan en cachivaches una cantidad desproporcionada ni saben lo que ocurrió en el día que la Iglesia conmemora, ni qué diablos de Reyes son ésos, ni por qué pasan en tal festividad de la baraja a la calle.

Ven hacer, siguen la corriente para que sus niños no sean menos, y se acabó la función.

Es un caso admirable de reata, y una demostración de aquello de que el hombre es un animal de costumbre.

Tan prodigiosa solidaridad para la tontería sería muy conveniente para la parte útil de la vida social.

Pongo, por ejemplo, para educar bien a esos niños, para no tener abandonados a otros, para que ninguno padeciese hambre o frío.

Sin embargo, las gentes no pueden, por lo visto, seguir en nada una norma permanente sobre ninguna materia. Por eso se establecen actualmente el Día del Ahorro, el de la Tuberculosis y este Día de los Juguetes.

Llegan los ciudadanos, convocados a toque de clarín, hacen la ceremonia del día y a otra cosa. ¡Admirable ejemplo de borreguismo!

Mientras exista esa irresponsabilidad de las masas, ese a hacer tal cosa tocan, será muy difícil adelantar de veras en ningún derrotero de progreso moral.

Yo sé de muchos señores que se gastan mil pesetas anuales en regalar juguetes a sus niños y a los de sus amistades, y pasado ese día ritual no son capaces de dar una limosna para un orfelinato, ni saben hablar con cariño a una criatura.

Y hasta rompen a puntapiés, si se tercia, los juguetes regalados por ellos mismos, en cuanto los chicos molestan un poco.

Hace falta pensar algo más y hacer el oso algo menos.

Tener ideas propias de la cosas y no seguir con la cabeza gacha la ruta de la recua.

Si en años venideros los niños tienen escuelas sanas y ventiladas, educación que vigorice su cuerpo y su espíritu, vestido y comida seguros, no precisa que veamos el carnavalesco desfile de las cabalgatas de los Magos.

Aunque el Rey Melchor, aburrido con su cesantía, tenga que dedicarse a tocar el jazz-band.

Julián de Torresano
«El Presidencialista», n.º 1 (enero de 1928)

~ por rennichi59 en Domingo 12 noviembre 2006.

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