Los parlamentaristas, enemigos del Parlamento (I)

Los parlamentaristas, enemigos del Parlamento I

Acontece con harta frecuencia que, tras las múltiples interpretaciones que acerca de un determinado acontecimiento histórico suelen emitirse, surge cual lógica e inexorable consecuencia la más absurda desorientación.

Para nosotros es incomprensible la actitud que los prohombres del parlamentarismo adoptan, tanto más cuanto que para defender su tesis impugnan el presidencialismo, cual si un médico para curar una pulmonía aconsejara leer El Debate.

Podría, sin incidir en grave error, afirmarse que uno de los capitales defectos de la Revolución francesa fue el exceso de Convención.

Podríamos, para corroborar nuestra tesis presidencialista, aducir una serie de hechos más elocuentes que las abstracciones; pero cabría objetar que, en los diferentes y sucesivos períodos de la Historia, no fue idéntica la estructura del Estado, y que, por consiguiente, las circunstancias que en cada caso determinaron una actitud del Poder fueron muy otras.

En un próximo artículo analizaremos algunos aspectos de la vida griega y romana, demostrándo o pretendiéndolo, cuán fácil es a los pueblos civilizados armonizar la eficacia con la democracia.

Sin necesidad de remontarnos a tiempos troglodíticos para buscar hechos que corroboren nuestra tesis, los encontramos en nuestro tiempo en todos los pueblos.

En unos muestran que el parlamentarismo ha cumplido su misión histórica (Europa), en otros, que el Parlamento, olímpico tribunal, donde el pueblo pronuncia sus inapelables fallos, es insustituible (América).

Cuando la archidemocrática América, llena de optimismo y juvenil pujanza, nos muestra cómo llegó a la solución de gran problema que de ordinario solicita la atención de los hombres encargados de dirigir este caduco Continente, cual si la única solución posible fuera la incesante renovación (que es evolución), ya que los mágicos corceles de la Historia siguen impertérritos su marcha hacia el progreso, Alemania, ese glorioso pueblo que, envilecido antes, surge ahora libre y consciente de su misión histórica, da un gigantesco paso eligiendo a su presidente, fundamental condición de los pueblos verdaderamente parlamentarios.

Emiliano Aguado

«El Presidencialista», n.º 2 (febrero de 1928)

~ por rennichi59 en Lunes 20 noviembre 2006.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: