Una frase de Zweig

Una frase de Zweig

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 4 de febrero de 1931 en el diario madrileño «La Tierra».

En su magnífico libro Fouché, recientemente publicado en español, Stefan Zweig ha dicho: «ningún vicio y ninguna brutalidad en la tierra han vertido tanta sangre como la cobardía humana». La frase es de insuperable exactitud y no pierde actualidad. Puede explicarnos satisfactoriamente los mayores crímenes, las más inútiles matanzas, las más desmedidas represiones.

Cuando en la noche del 16 de enero de 1793 se decide la muerte de Luis Capeto, no se vota por creerla necesaria para el sagrado interés de la Revolución, ya, por fortuna, triunfante: se hace porque el miedo se apodera de aquellos hombres a cuyos oídos ha llegado el rumor de las turbas amotinadas. Los menos sanguinarios se creen situados en la alternativa de morir o matar.

Cuando Marat, Demoulins, Danton y Robespierre acusan, no les mueve el odio a sus adversarios, sino el temor a ser sacrificados ellos. Fouché ametralla a centenares de hombres en Lyón porque sabe que la Convención le vigila y cualquier vacilación suya puede costarle subir al patíbulo.

La represión violenta de los motines en la Rusia de los Zares obedece a la misma causa. Trepoff no es el brazo de un rey seguro de su fuerza, sino el de un zar que ve vacilar su trono. Fue, pues, el miedo, lo que hizo correr arroyos de sangre por las calles de la aún entonces San Petersburgo. Nadie más pacífico y menos cruel que un atleta, que se sabe superior en fuerza a los demás hombres. El débil que logra derribar al gigante, procura matarlo antes de que pueda levantarse. El coloso no necesita destruir al débil; confía en su poder y no teme la derrota.

En Norteamérica, los guardias no usan armas para disolver las manifestaciones. No las necesitan. La represión brutal es síntoma infalible de inestabilidad, de miedo, de desconfianza en la fuerza propia. La implantación del terror señala el derrumbamiento inmediato de quien lo ejerce. Como los insectos, que dejan el aguijón al herir y mueren poco después; como la llama que brilla más vivamente cuando va a extinguirse.

La Historia nos ofrece numerosos ejemplos de esos «testamentos de barbarie»: generales que han dado muerte a los prisioneros antes de rendirse o han pasado a cuchillo a los habitantes de una plaza cuando se vieron obligados a evacuarla.

Quienes examinen severamente los hechos históricos no vacilarán ante ese fenómeno sintomático. Bien conocida es la libertad de que, para atacar a las instituciones en mítines y conferencias, se ha disfrutado en Inglaterra mientras aquéllas se han considerado fuertemente arraigadas en el pueblo. Comienzan las restricciones cuando se pierde tal confianza. La tolerancia es le barómetro de la serenidad. La intransigencia y el miedo van de la mano, como la crueldad y la derrota. Por eso se equivocan los que ven en la violencia una prueba de fortaleza y una señal de seguridad.

Rusia ha podido indultar a los reos del «partido industrial», porque se considera más fuerte que sus adversarios. Su justicia queda satisfecha condenándolos primero y perdonándolos después. El delito se ha probado: la U. R. S. S. ha querido permitirse el lujo de proceder con serenidad.

Durante la Revolución francesa, el fenómeno se produjo con claridad que pone de manifiesto sus causas. La guillotina funcionó con mayor rapidez cuando el nuevo régimen se veía amenazado más inquietamente por los enemigos exteriores. La crueldad era entonces el instinto de conservación exasperado, que actuaba por medio del Comité de Salud Pública. Pasadas las horas difíciles, vencidos ya los adversarios extranjeros que pretendían contra toda ley sofocar el glorioso esfuerzo, la revolución recobró su marcha severa.

Conviene tener en cuenta esto, para interpretar los actos de fuerza rectamente, y no inferir de ellos la superioridad de quienes los ejecutan. Si merecen el triunfo, si no cumplieron aún su misión histórica, si representan el progreso frente a la opresión, serán eficaces. Si, por el contrario, son los últimos esfuerzos de lo que ya no tiene derecho a vivir, sólo servirán para precipitar su caída.

firmalha.jpg

~ por rennichi59 en Jueves 5 abril 2007.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: