Concepción belicista del Derecho

El presente artículo de Luis Hernández Rico se publicó en la madrileña «Revista General de Legislación y Jurisprudencia» en octubre de 1925 (tomo 147, págs. 319-332). Debemos su localización al competente personal del archivo y biblioteca de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, encabezado por su amable directora Dª Carmen Crespo, a quien va toda nuestra gratitud.

Las notas, numeradas en el original por páginas, llevan, en este nuevo soporte, una numeración correlativa, figurando entre [corchetes] el texto de nuestras nuevas notas y adiciones a las originales.

CONCEPCIÓN BELICISTA DEL DERECHO

I

Naturalismo jurídico

1. El Derecho natural

El Derecho positivo (escrito o consuetudinario) varía mucho en los diferentes lugares, y cambia no poco en el curso de los tiempos.

¿Faltan estas variedades y este cambio en las teorías jurídicas?

Veamos cómo contesta lo que debiera ser universal e inmutable sobre este punto: la concepción del llamado Derecho natural.

Escribe Edmundo Picard en El Derecho puro:

«Hay que guardarse, además, de creer que la expresión Derecho natural tiene una significación fija. Es uno de esos vocablos que abundan en la ciencia jurídica y que suscitan quidproquos que sin cesar renacen. Voy a precisar las diversas significaciones» (1).

Y sigue diciendo el mismo autor:

«En el sentido de derecho “perfecto”, el Derecho natural se presenta bajo dos formas doctrinales.

»Para unos es único en su concepción, absoluto, inmutable, eterno, que realiza en su suprema y última expresión, de una vez por todas, las instituciones jurídicas diversas que el Derecho positivo no consigue realizar más que imperfectamente por tentativas y aproximaciones en el curso de los tiempos. Es el límite de todos esos esfuerzos, el porvenir paradisíaco, el milenario. En su Olimpo mitológico es donde se encuentra reunida la colección, el capital, el tesoro de los arquetipos jurídicos. Allí el matrimonio, la tutela, la patria potestad, la propiedad, la sociedad, el mandato, el depósito, la hipoteca, tienen su forma divina, definitiva e irreprochable, la imagen que los remembra, pero más bella que la imaginada por los hombres. Aún se podría decir que es un recuerdo de los modelos, un conservatorio de las muestras, de los tipos, de las idealidades jurídicas. En resumen, la aristia del Derecho, “su imperativo categórico”.

»La característica de la primera doctrina es la unidad de cada uno de esos tipos en una sobrenaturalización final. Para otros tal sobrenaturalización existe, sí, pero en cada momento de la evolución jurídica. Hacen de ella un piso superior, acompañando paralelamente, en un plano superpuesto, al Derecho positivo, cerniéndose por cima de éste; una superestructura en que se encuentra el derecho de abajo, pero limpio de todos sus errores, de todas sus defraudaciones. Es un deber corregido, diría un profesional de la cátedra. El hombre trata de reproducirlo, pero jamás lo logra por completo. La fotografía que recoge es siempre una mala prueba, su esfuerzo impotente se simboliza en una asíntota, esa línea que se aproxima indefinidamente a otra sin tocarla nunca» (2).

Todavía añade el nombrado escritor belga estos otros sentidos de la expresión de que se trata:

«Los antiguos hablaban también en griego y en latín del Derecho natural, pero lo interpretaban más ingenuamente. Según ellos, era el Derecho tal y como surge naturalmente de la vida de las aglomeraciones humanas, especialmente en los tiempos primitivos. Y entonces resulta sencillamente el Derecho consuetudinario antes de la redacción de las costumbres, o más estrictamente, el Derecho salvaje.

»En determinadas Universidades, desde el punto de vista restringido de exámenes y de diplomas, se da, bajo el nombre de Derecho natural, un curso en que se reúne lo que llaman “los derechos imprescriptibles de la naturaleza humana”; algo así como un comentario de la declaración de los derechos del hombre en la Revolución francesa: la existencia, la libertad, la igualdad, etc. Es una fracción del Derecho positivo, aquella que, tomada de la Naturaleza, no podría sufrir jamás alteración por las leyes, a menos de llegar a la tiranía.

»Algunas veces se ha calificado la misma Enciclopedia, de Derecho natural. Pobres cursis del jurismo entonces; tal hacemos aquí sin darnos cuenta.

»Por fin, en el dominio del Derecho positivo organizado, un grupo de todas las relaciones desprovistas de protección coactiva completa, especialmente las de coacción mutilada, podría también denominarse Derecho natural…» (3).

Como vemos, se difiere bastante sobre el concepto de éste; y a tales diferencias agréganse las relativas al contenido del mismo, pues no sólo se discrepa al definir el Derecho natural en abstracto, sino al determinar cuántos y cuáles son los derechos naturales concretos.

2. Su relación con el problema fundamental cosmológico

He aquí ahora lo que yo digo acerca del particular, en mi trabajo inédito Carácter y sentido de la evolución jurídica:

«En cuanto se impone para regir la conducta social de un Estado, calificamos de positivo el Derecho. Es éste, por antonomasia, el único propiamente dicho, pues no corresponde en justicia tal nombre a otras ideas a que se aplique.

»Así el llamado científico es la ciencia del Derecho, compuesta (como todas) de conocimientos reflexivos, de elaboraciones mentales que no se convierten en él hasta que se traducen en normas coactivas (legales o consuetudinarias).

»Por otra parte, la aceptación teórica de su mayor o menor número de principios, el apoyo prestado a éstos por la religión; el hábito de aplicarlos y de cumplirlos; sentimientos (que esto mismo engendra) de respeto, obediencia, cariño y adhesión a ellos; todo muy generalizado y transmitido por tradición, a la vez que por herencia física, ha ido produciendo la ilusión del Derecho natural.

»Ilusorio, sí, porque su hipotética impresión en la conciencia de todos los hombres no ha evitado aún: por una parte, que éstos (sin excluir a los tratadistas) discrepen bastante acerca de él, incluso en puntos capitales, y que las normas positivas de los pueblos ofrezcan, simultánea y sucesivamente, numerosas e importantes diferencias; ni, por otro lado, que hayan sido establecidas y acatadas hasta en países cultos (antiguos y modernos, gentiles y cristianos), leyes absurdas e instituciones odiosas.

»Hay, en ambos aspectos, no sólo simples divergencias, sino radicales contradicciones teórico-prácticas, que mal se avienen con la pretendida universalidad e inmutabilidad del Derecho en cuestión y con el carácter de justicia absoluta (o, al menos, natural) que se le atribuye; e imposible parece compaginarlos por el criterio aplicable en otras cuestiones, de distinguir entre unidad e identidad de esencia y multitud y cambio de manifestaciones.

Si, por ejemplo, tenemos suficientes motivos (que expongo en mis folletos Dios y Materia y Ensayo de una explicación del Universo) para reconocer, en medio de la variedad y al través de la variación de los cuerpos y fenómenos cósmicos, una sola sustancia material permanente de cuyo ignorado constitutivo no son aquéllas más que formas o modos de exteriorizarse; nada, en cambio, llega a descubrir ni autorizar para suponer un fondo común en constituciones jurídicas del contenido tan contradictorio como la esclavitud y la libertad e igualdad ante la ley.

»La materia cósmica, juzgando con mi criterio cosmológico, intrínsecamente monista y extrínsecamente pluralista, presenta el caso único de una sola sustancia universal e inmutable en el mundo, bajo la simultánea y sucesiva pluralidad de formas.

»Admitiendo varias materias, quedan también los núcleos sustanciales y permanentes constituidos por ellas y a los que corresponderán los distintos órdenes formales del universo, con su multitud y cambios respectivos. Pero repito que no faltan razones para optar por el primer supuesto, que es lo que yo hago.

»En la concepción cosmológica que expongo y defiendo en el segundo de los opúsculos citados, admito formas principales (figuras) de la materia única, que tienen relativa fijeza, variable desde la rigidez del cristal a la flexibilidad de los organismos vivientes y que sirven de base a los cuerpos; otras (accesorias o secundarias) que se añaden a las anteriores como cualidades corpóreas de mayor o menor duración o desaparecen más o menos pronto, con carácter de fenómenos en sentido estricto.

»A todas ellas preceden, acompañan o siguen movimientos que, contrariándose mutuamente, muéstransenos como fuerzas antagónicas; combinaciones formales y mecánicas de estos elementos constituyen los seres orgánicos individuales, con sus vidas; y sistemas de individuos humanos, con sus actividades, son los superorganismos sociales. Es claro que unos y otros consisten en equilibrios resultantes de la lucha.

»Se ve que esta doctrina, sin llegar (con el positivismo absoluto) a la consideración exclusivamente fenoménica del mundo, sólo admite en éste (fuera, por lo tanto, de lo que a Dios puede referirse) la universalidad y eternidad del substractum cósmico, considerando a todo lo demás como modalidades o manifestaciones materiales, diferentes y pasajeras. Y con esto excluye la posibilidad de un derecho natural también universal y eterno; el que, por cuanto queda expuesto, se comprende que tampoco halla cabida en cualquier hipótesis espiritualista que respete las enseñanzas de la experiencia (en este punto, al menos)».

3. La Justicia

La falta de ese supuesto Derecho natural no está suplida por un sentido de justicia que sea igual en todos los hombres.

Para éstos, aquélla suele ser voluntad (más o menos constante y dudosamente perpetua) de dar a cada uno lo que le pertenece, según, precisamente, los diversos cuanto variables preceptos legislativos, reglas morales consagradas, costumbres establecidas, etc; y nada más fácil que tropezar, cuando se busca el criterio o el sentimiento de lo justo, en colectividades e individuos humanos, con egoísmos y apasionamientos que le inducen y aun arrastran a atribuirse cada cual o a atribuir a otro lo que le conviene, queriendo justificar lo propio.

4. El sistema cósmico y el Derecho

Ahora bien; la doble unidad primaria (material y causal) del Universo, condicionando la producción de sus múltiples formas, sustantivas y cinéticas, las ajusta a modelos específicos y genéricos que permiten clarificarlas, y establecer entre sus clases relaciones íntimas que hacen referir intrínsecamente unas a otras (las de mayor a las de menor complejidad).

De esta condición no se eximen las leyes cósmicas, generales modalidades de la actuación formadora y transformadora del Cosmos.

Así, los elementos sustanciales inorgánicos están en los compuestos universales; éstos en la sustancia orgánica, el movimiento en lo físico y en lo químico, todo ello en lo biótico, esto en lo psíquico, etc.

Vemos, pues, que los distintos cuerpos, fenómenos y leyes no se limitan a tener originariamente una sola materia (monohilio) y una sola causa (monoetía), con independencia mutua en cuanto formas; sino que constituyen un verdadero sistema de crecientes inclusiones formales. Por lo tanto, hay cierta moneidad en el seno de la misma polimorfía cósmica.

En ese total sistema del Universo, las relaciones jurídicas, que son parte del mismo, no pueden diferir radicalmente ni establecerse y desarrollarse con absoluta independencia de lo existente en aquél.

En consecuencia, al desechar las concepciones teológicas e idealistas del Derecho, tampoco hemos de explicar éste de manera pseudonatural, atribuyéndole índole peculiarísima y existencia independiente de las otras; sino que debemos considerarlo como uno de los órdenes del fenomenismo y de la nomía universales. Tal es, a mi entender, el verdadero naturalismo jurídico.

5. Resumen

Resumiendo:

1º. Ni en la práctica ni en la teoría hay un Derecho absoluto, universal, e inmutable, sino muchos relativos que varían en los diversos lugares y tiempos.

2º. Porque son parte de un sistema fenoménico y nómico del Universo (cuya unidad responde a la de Materia y a la de Causa de éste, así como a sus mutuas e íntimas relaciones condicionales), los diferentes derechos positivos presentan rasgos comunes entre sí y con los demás órdenes de la Naturaleza; todos los cuales están llenos de esa combinación de la heterogeneidad con la homogeneidad entre individuos, especies y géneros.

6. Criterio y método

Lo que va expuesto nos indica muy claramente el criterio y el método adaptables en esta indagación, a saber: la experiencia y la inducción, ambas indicadas, como es sabido, para el estudio de todas las ciencias naturales.

¿Y no es una de ellas la Jurispericia?

Según Picard, «el Derecho, durante largo tiempo se ha creído lo contrario, es una ciencia natural como la Botánica o la Zoología, una ciencia de hechos capaces de una observación científica, y no un conjunto de conceptos cerebrales. Tales son los hechos sobre los que debe insistir la investigación, primero, para comprenderlos en sí mismos; en seguida, para deducir las leyes que presiden su vida» (4).

«En resumen —afirma Abel Rey, en su Lógica— la Psicología y la Sociología deben constituirse como ciencias positivas absolutamente análogas a las otras ciencias de la Naturaleza. Y, para esto, los hechos psicológicos y los hechos sociales, deben ser estudiados según los mismos métodos generales y ser tratados como cosas» (5).

Partiendo del estudio de los hechos observados y de los datos históricos, se llega a legítimas inferencias que ofrecen sólido fundamento a deducciones lógicas. No hay otra manera de concebir y explicar naturalmente el Derecho.

II

Luchas humanas

1. Su causa fundamental: instinto de conservación

Partamos del reconocimiento de un hecho innegable: las luchas humanas. Señalo como fundamental causa de la misma el instinto de conservación, forma que presenta y nombre que recibe en los hombres (como en los demás animales) la natural tendencia de todos los seres a continuar siendo.

Los sentimientos egoístas que implica o engendra (detenidamente considerados por Le Dantec en su trabajo sobre El Egoísmo, única base de las sociedades) (6) nos hacen querer aprovecharnos, apropiándonoslo, de todo cuanto nos rodea, que nos parezca a propósito y adecuado para la satisfacción de nuestras necesidades, sin excluir de esta apropiación, que significa dominación, los actos y aun la sustancia misma de nuestros semejantes. Al intentar cada uno de nosotros realizar estas aspiraciones, tropieza desde luego con la resistencia que sus semejantes oponen a ser apropiados, más con el esfuerzo que, por su parte, hacen también para conseguir el mismo fin. Y de aquí el combate; pero, por razones varias, el hombre no vive aislado; vive en comunidad, surgen grupos humanos, y el surgimiento de éstos complica la lucha, porque entonces, a la que sostienen los individuos entre sí, hay que añadir la del individuo con los grupos, la de éstos con los individuos y la de unos grupos con otros.

2. Desenvolvimiento del contenido de éste

En el curso de este fiero e incesante batallar, el mencionado instinto desenvuelve la riqueza de su contenido, a saber: instinto de desarrollo corporal y psíquico (complemento de la conservación); instinto de reproducción y proselitismo (conservación de las personalidades física y moral en los descendientes o de la segunda en los discípulos); instinto de gloria e inmortalidad (conservación ultravital en la memoria de las generaciones futuras o de otras maneras: metempsícosis, vida extraterrenal, etc…). Y también intervienen aquellas substituciones de motivos (explicadas por antropólogos como Harald Höffding en su Bosquejo de una Psicología Experimental) (7) que nos elevan de los actos materiales groseros y egoístas a los que parecen más espiritualmente puros y desinteresados.

Pugnando entre sí todas esas causas (pugna en la cual corresponde gran parte a esas psíquicas acciones y reacciones mutuas que constituyen para Juan Federico Herbart la Mecánica de las representaciones) (8) realizan el intrincado fenomenismo social que Augusto Comte coloca, al clasificas las ciencias, en la cúspide de su escala de complejidad creciente y generalidad decreciente.

3. Universalidad de la lucha

A medida que profundizamos en el análisis de tales móviles y motivos de combate, descubrimos éste aun en los elementos que nos parecen más simples, no sólo corporales, sino psíquicos y así en los individuos como en las colectividades. El descubrimiento no termina en la sensación más rudimentaria ni en la célula vegetal o animal, como tampoco se detiene ante la molécula o el átomo; pues el reposo y la paz no son menos ficticios en el mundo microscópico que en el macroscópico, resultando completamente exactas estas informaciones que hice en mi conferencia sobre La lucha en el Derecho (9):

«La lucha es un fenómeno universal y constante, es decir, que se realiza en todas partes y sin interrupción; ella produce los seres y los fenómenos, los desarrolla, determina en cada momento de su existencia su respectiva posición y es la forma perenne de las relaciones que los seres y esos fenómenos guardan entre sí; en suma: la lucha es causa y ley general de producción, de desarrollo y de relaciones».

III

Equilibrio social

1. Cómo se va produciendo

En este orden de la realidad, como los demás, la ley de lucha se completa con la de marcha de los supervivientes hacia el equilibrio al cual conduce aquella misma.

Efectivamente: en la oposición constante de factores sociales, en esta serie no interrumpida de choques, de combates, sucede que alguno de esos factores o alguna combinación de ellos, por tener más fuerzas, superior inteligencia, mayor ilustración o recurrir a la astucia, porque de cualquier manera le favorezca alguna circunstancia, logra sobreponerse y dominar a los demás; y no sólo esto, sino hasta que consigue en muchas ocasiones sumar fuerzas de los dominados a las suyas propias. Pero llega también el momento en que los débiles se fortalecen, los ignorantes se instruyen, los engañados descubren la superchería, pierde el dominador la ventaja que sobre los demás tenía y acaso adquiere el dominado una que antes le faltaba y que le ponga por encima o al nivel del dominador. Con ello cambian los términos de la lucha, surgen nuevas fuerzas que se oponen a las dominantes anteriormente, se le restan al dominador parte de las energías que había acumulado, y la sociedad entonces camina hacia la igualdad.

Esto (a lo que contribuye más o menos eficazmente el resultado de otras luchas) representa una fase del progreso humano, que es parte de la evolución cósmica total, consistente en dicha marcha.

2. General proceso nivelador

Mirando a ésta, en general o en su conjunto, aun dentro de cada orden de cosas, nos parece como fatigoso e interminable viaje hacia una absoluta nivelación, nunca lograda plenamente; y examinándola en detalle la vemos integrada por no interrumpida serie de equilibrios parciales resultantes de continua lucha, cuyas vicisitudes los determinan y substituyen unos con otros.

La sucesión de ellos dura mientras subsiste el ser en quien se producen, porque toda existencia implica necesariamente una de estas dos cosas: 1ª Vencer una oposición activa o allanar un obstáculo pasivo; esto es, destruir (en cualquiera de ambos casos) una fuerza enemiga. 2ª Resistir a la destrucción constitutiva de la derrota, mediante un esfuerzo defensivo que, igualando (cuando menos) al ofensivo, lo contrarreste y con él se equilibre.

Según esto, debilitarse es quedar destruido en parte, manteniendo en lo restante el equilibrio, más o menos dificultosamente; y robustecerse es obtener una victoria o adquirir mayor resistencia, por haberse ponderado mejor con los contrarios. En fin; el desarrollo de toda entidad supone siempre el concurso de estas dos actividades simultáneas: 1ª La del equilibrio, que permite la conservación con los agentes adversarios cuyas energías igualen a las de aquél; y 2ª La de triunfos parciales o totales, fáciles o costosos, con el consumo de sustancias vencidas y necesarias para el crecimiento, sin que impidan éste, destrucciones producidas por ataques superiores e irresistibles, siempre que de ellos no resulte exceder las pérdidas a las ganancias.

Viene la doctrina anterior a traducir al realismo, con modificaciones exigidas por éste, el devenir dialéctico (sólo en su forma, no en su contenido) de Hegel, reconociendo como él en el antagonismo el agente que impulsó la evolución y, en el combate, la causa que determina sus fenómenos; pero substituyendo la identificación de la tesis y la antítesis en la síntesis, por la coexistencia equilibrada de las porciones de opuestos que sobreviven en cada instante de la pelea. Y esto puede explicar también la mayor composición orgánica spenceriana, por quedar ponderados, en cada situación actual, los restos de lo antiguo y de lo nuevo que no sucumbieron al choque entre ambos.

3. Estabilización e inestabilidad

Cada equilibrio fija las fuerzas sociales equilibradas y estabiliza las instituciones de él resultantes, lo cual impide el retroceso; pero le acompaña un aumento de movilidad en las energías que quedan libres, al que obedece la inestabilidad que caracteriza a la democracia. Es el doble fenómeno que Delboeuf señala (La materia bruta y la materia viva) (10) en el orden general cósmico, aduciendo como ejemplo las reacciones químicas que se operan al pasar cloro en exceso por una solución de amoníaco; caso en el cual se forma por precipitación una sustancia más estable que aquellas dos (ácido clorhídrico) y otra muy explosiva (cloruro nítrico o de ázoe).

Procesos de esta índole se realizan sistemática y perennemente en los seres orgánicos, cuya especial forma de existencia (vida) constituyen.

En efecto; el funcionamiento estrictamente vital (vegetativo) consiste en transformar las sustancias alimenticias que se ingieren, convirtiendo la asimilable en dos materias, respectivamente, de mayor y menor estabilidad que aquéllas, a saber: una que se incorpora a la parte fija del organismo, y otra que se consume con la actividad funcional. Ésta, mantenida a costa de la porción inestable, ejércese tanto mejor cuanto es más firme la estable que le sirve de sostén o soporte.

Las diferencias sucesivas en la relación entre ambas porciones determinan el curso de la vida individual, caracterizando sus períodos o edades. Comienza por predominar la inestabilidad, que poco a poco va nivelándose con su contraria, hasta llegar a la ponderación (con el término del desarrollo orgánico) en la virilidad, la cual dura más o menos, iniciándose la vejez por cierto incremento de lo estable.

El predominio de esta parte puede impedir que continúe la función asimiladora, tan de esencia en la vida, produciéndose la muerte calificada de natural.

Pero nunca se da, porque es imposible, regresión verdadera en el desenvolvimiento de los seres vivientes. La última edad de éstos no representa un paso atrás, sino una etapa distinta de las anteriores y en la cual hay compensaciones de debilitamientos con desarrollos.

Casi todo esto les ocurre a las sociedades humanas, entre cuya existencia y la de los otros organismos se descubre algo más que superficiales semejanzas.

Ahora bien: en la escala gradual de los seres orgánicos ocupan los colectivos un lugar superior al de los individuales, aventajándoles en la flexibilidad de su estructura y en la amplitud de sus movimientos. Disponen de tanta y tal estabilidad, que pueden retardar indefinidamente su vejez mediante oportunos cambios institucionales que, cuando no basta a producirlos el combate ordinario de la vida social, suelen resultar de esos conflictos extraordinariamente violentos que denominamos las revoluciones.

Así, pues, en el orden social, como en los restantes del mundo, dicho aumento de movilidad e inestabilidad de las energías libres permite y hasta facilita sus reacciones en todos sentidos, excepto en el de retroceder, cosa ésta cuya apariencia explico en otro estudio.

IV

Ordenación jurídica

1. Prasonomía: Derecho y Moral

Las continuas luchas y crecientes equilibrios resultantes, que he examinado, determinan en cada lugar y tiempo, el estado objetivo y subjetivo de las relaciones interhumanas.

A la ordenación teórica y práctica de éstas denomino Prasonomía social; nombre que considero menos dado a confusión que el de Ética, el cual puede y suele identificarse con el de Moral.

Ésta y el Derecho son las dos especies en que se divide el género prasonómico según que el mismo esté o no garantido con plena eficacia por la coacción o fuerza material.

2. Definición, aspectos y partes de aquél

Defino, pues, el Derecho, considerado en su conjunto o totalmente, como la «ordenación eficazmente coactiva de las relaciones sociales». Consiste su fase objetiva en la norma (legal o consuetudinaria, oral o escrita) expresiva de ese ordenamiento, en el que se traduce el estado (local y temporal) del equilibrio de las energías sociales antagónicas. Componen su aspecto subjetivo, en la esfera positiva, las facultades de hacer, abstenerse o exigir, reconocidas por la norma; y se confunde, en el orden constituyente, con las pretensiones de quienes pelean.

Su contenido se divide en dos partes: la negativa (recíproca limitación de actividades, que hace posible el coejercicio de éstas) y la afirmativa (mutua prestación de servicios, sin la cual no puede haber convivencia humana); ambas impuestas y diferenciadas local y temporalmente (permítaseme repetirlo) por el desarrollo de la lucha.

Esta división es general y básica, afectando al propio concepto de lo jurídico, pues sabido es que la escuela radicalmente individualista lo reduce en su totalidad a la primera de aquellas porciones.

3. Error individualista

Contra esta arbitraria reducción atestigua la Historia y se pronuncia el sano criterio.

Efectivamente: jamás ha consistido el Derecho tan sólo en esas mutuas limitaciones de libertad, que expresa la conocida definición kantiana.

Lejos de esto, han figurado siempre en él condiciones afirmativas, cuyo número se ha hecho mayor en el curso del tiempo. Así lo ha exigido imperiosamente la dominación misma, que carecería de finalidad y no podría establecerse ni conservarse con el coejercicio de libertades, únicamente; por lo cual nunca ha dejado de imponer recíprocos auxilios que, con la creciente democratización del régimen social, aumentan y se extienden de día en día, disminuyendo los injustos y privilegiados monopolios de su disfrute y excepciones de su prestación.

Pero esto no es sólo necesario para dominar, sino para vivir socialmente; lo requiere hasta la simple convivencia.

De aquí el carácter y el sentido que ella imprime a la evolución jurídica.

4. Evolución jurídica: su carácter y sentido

La cual, ante todo, es incesante, porque tampoco cesan las aludidas causas modificadoras del Derecho.

La índole evolutiva de éste se implica necesariamente en el mencionado proceso de la formación prasonómica, que impide admitir principios eternos e inmutables en tal materia.

Y dicha evolución se caracteriza por dos progresivas absorciones: una reconocida generalmente, de lo moral por lo jurídico, convirtiendo en deberes de justicia los de caridad; otra, complementaria de la anterior y diametralmente opuesta a lo que dicen muchos, la de lo privado por lo público, significante evolución del Derecho en sentido más socializado cada día.

En este proceso, el relajamiento y aun la destrucción de algunos vínculos colectivos son precisos trámites para obtener socializaciones mayores.

La propia conquista de derechos individuales, consagrando el respeto a la personalidad del hombre y del ciudadano, es un medio de socializar el Poder público.

El Derecho va reflejando en este camino las vicisitudes y el resultado de la lucha, señalando como término de esa marcha socializadora el comunismo, estatalizado democráticamente.

5. Estado, Democracia y Comunismo

Porque no olvidemos que el ordenamiento jurídico se realiza (establece y conserva) siempre y doquier por medio del Estado, que es como la forma sustancial de la Sociedad e indispensable, por lo tanto, para la existencia de ésta.

En él es declarado y cumplido el Derecho, regulándose el empleo de la coacción, con lo cual se normaliza y se modera la lucha.

En la que mantienen los distintos factores sociales para conquistar el Poder público, la creciente intervención de aquéllos en el ejercicio de éste constituye el avance democrático, que nos lleva a la República, única forma de gobierno propia de la democracia. Y son precisas condiciones de ésta, el apoderamiento y administración por el Estado de cuantos medios se necesitan para garantir y mejorar en lo posible la vida de todos y cada uno de los socios.

Tales son los ideales que impulsan y las notas que caracterizan el progreso jurídico; marcha que sigue resueltamente la Humanidad.

6. Lo cuasi o semi-jurídico

Concluyo mencionando lo cuasi o semijurídico (que, como indican estos nombres, no tiene todos los requisitos peculiares del Derecho). Ejemplo: Para las relaciones interestatales hay coacción eficaz, pero desordenada, en la guerra o con menor eficacia que orden y con deficiencia en ambos, durante la paz.

Advertencia.— Como se ve, me limito en este trabajo a exponer los fundamentos de mi doctrina jurídica, sin extenderme en demostraciones; las cuales intento en otros estudios, donde ensayo también el desarrollo de este sistema, que es parte de mi belicismo cosmológico.

Luis Hernández Rico

Académico Profesor de la Real de Jurisprudencia

—–

[1] § 82. El Derecho positivo y el natural. [Del interés que la obra del jurisconsulto, escritor y mecenas belga Edmond Picard (1836-1924) titulada Le droit pur había suscitado en España da fe la traducción realizada por Alfredo Serrano Jover (Librería Gutenberg, Madrid 1911)]. [Nota actualizada por Pablo Herrero Hernández]

[2] § 83. El Derecho natural como Derecho ideal.

[3] § 84. Otros sentidos de la expresión Derecho natural.

[4] § 200. El método positivo en su aplicación al Derecho.

[5] Cap. X. Los medios indirectos de observación en las ciencias psicológicas y sociales (o morales). Método psicológico y método histórico. [La Logique de Abel Rey (1873-1940) sólo aparecería traducida al español en 1927, a partir de su 6ª edición, en versión de Julián Besteiro (Ediciones de La Lectura, Madrid)]. [Nota actualizada por Pablo Herrero Hernández]

[6] [La citada obra de Félix Le Dantec (1869-1917), exponente del materialismo biológico, fue traducida al español por José María González bajo el siguiente título: El egoísmo, única base de toda sociedad. Estudio de las deformaciones resultantes de la vida en común (Librería Gutenberg, Madrid 1913). Una semblanza suya, incluida en la obra de Santiago Valentí Camps titulada Ideólogos, teorizantes y videntes (Biblioteca de Cultura Moderna y Contemporánea, Editorial Minerva, Barcelona 1922), puede consultarse en la siguiente página, perteneciente al Proyecto Filosofía en Español]. [Nota de Pablo Herrero Hernández]

[7] [La figura y la obra del filósofo danés Harald Höffding (1843-1931) también había sido estudiada por Santiago Valentí Camps en su citada colección de semblanzas Ideólogos, teorizantes y videntes (Biblioteca de Cultura Moderna y Contemporánea, Editorial Minerva, Barcelona 1922), y puede consultarse en la siguiente página, perteneciente al Proyecto Filosofía en Español]. [Nota de Pablo Herrero Hernández]

[8] [La citada teoría del filósofo y psicólogo alemán Johann Friedrich Herbart (1776-1841) ejerció gran influencia en la psicología moderna, y señaladamente en el pensamiento de Freud]. [Nota de Pablo Herrero Hernández]

[9] Pronunciada el 22 de Febrero de 1917 en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, Madrid. Publicada por esta Corporación.

[10] [La primera versión española de esta obra del filósofo y matemático belga Joseph Delboeuf (1831-1896), cuyo título completo reza: La materia bruta y la materia viva. Estudio sobre el origen de la vida y de la muerte, se debió a Antonio Zozaya y se publicó en 1889 en la Biblioteca Económica Filosófica (R. Angulo, Madrid)]. [Nota de Pablo Herrero Hernández]

~ por rennichi59 en Sábado 14 abril 2007.

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