«Herrar o quitar el banco»

“Herrar o quitar el banco”

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 23 de septiembre de 1931 en el diario madrileño «La Tierra».

 

Tememos que la Constitución que estas Cortes aprueben no resuelva en definitiva ninguno de los graves problemas planteados en nuestro país.

No puede extrañar a nadie que el futuro Código político adolezca de un eclecticismo lamentable. Las Cortes que lo elaboran son el producto de una considerable serie de transacciones en las cuales los diversos grupos cedieron, sacrificando, en aras de la armonía, las aristas más preciadas de su respectivo ideario. Si los componentes, conservando sus características ideológicas, no hubieran llegado nunca a fundirse en un todo más o menos homogéneo, pero con un mínimo de cohesión indispensable para laborar juntos, en cambio, al formar un conglomerado y renunciar a gran parte de sus exigencias partidistas, han llegado a perder la primordial razón de su existencia y, con ello, a renunciar a cuanto pudiera significar una realización de sus ideales.

Cuando surge una cuestión de las que todo grupo considera fundamentales y para la cual cada uno propugna una fórmula distinta y aun contraria a la defendida por los demás, es inevitable que la discrepancia estalle, poniendo en peligro la persistencia del conglomerado. Pasado el momento culminante, la voz de cualquiera de los primates —colocados por su «categoría» por encima de eso que quizá califican de «pequeñeces»— suena para recordar a los que discuten «el sagrado interés» y «el solemne compromiso» contraído ante el país. Hay que hacer una Constitución; no hay otro remedio. Claro que, para algunos —entre ellos, nosotros— lo preciso no es «hacer una Constitución», sea cual fuere, sino una determinada, en la que se concreten aspiraciones y se dé realización a postulados revolucionarios.

Entre todos los problemas básicos, el económico (no el meramente financiero) es el que más urge resolver; pero es también el que menos puede ser resuelto, dado que, en torno a este punto, se alzan las más rotundas e irreductibles contradicciones en el seno de esa masa heterogénea y conglomerada. Los defensores de la propiedad privada no podrán nunca estar conformes con la socialización, ni los partidarios de ésta con el capitalismo. Y merced al «sagrado compromiso» unos y otros cederán: cierto es que el resultado será mejor que si la Constitución fuera elaborada sólo por burgueses; pero no es menor verdad que no alcanzará nunca la meta señalada por la extrema izquierda.

Antes de que se celebrasen las elecciones para diputados ya anunciamos este peligro, entrañado por la coalición de elementos dispares que, al ser votados en bloque, se comprometían tácitamente a permanecer unidos, lo que sólo mediante claudicaciones se consigue.

Como nuestros lectores comprenderán, no escribimos estas líneas sólo para lamentar algo consumado, sino también para exponer nuestra convicción de que, por su carácter anodino e insípido, la Constitución que ahora vote el Parlamento tendrá corta y precaria vigencia, dado que no satisfará plenamente a ninguno de cuantos grupos intervienen en su formación. Terminada la obra constituyente, los partidos continuarán su vida autónoma y, como es lógico, atacarán los preceptos que no respondan a los puntos de su programa ni dejen libre camino a sus orientaciones.

Ésa es la triste consecuencia de que el cambio de régimen no haya venido como resultado de una revolución.

firmalha.jpg

Madrid, septiembre, 1931.

~ por rennichi59 en Martes 26 junio 2007.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: