Ideas sobre las chozas

Ideas sobre las chozas

Aquí también tenemos nuestro hotel literario. Digo hotel y no cenáculo literario, como harían los despreciables ochocentistas, barbudos y hampones. Es inconcebible que un escritor haraposo, melenudo y grasiento, aun poseyendo un alma como un rascacielos, un corazón como un bosque reverdecido de primavera y un cerebro poderoso como una gran Central eléctrica, sea capaz de crear otra cosa que orientales y Los Miserables. En nuestro hall artístico exigimos a los neófitos, por lo menos, estas condiciones:

1.ª Usar pantalones «super black bottom».
2.ª Haber inventado siquiera un tipo nuevo de corbata.
3.ª Empolvarse la cara para que no haya huellas de la barba.
4.ª Respetar todas las potestades negras, moradas y blancas.
5.ª Despreciar la política.
6.ª Odiar al débil.
7.ª No haber leído a Cervantes.
8.ª Haber escrito un poema con letras, números y signos algebraicos.
9.ª Que el autor no entienda su poema.
10.ª Despreciar la canalla ignara y mamarle los dedos a los ricos.

* * *

Aquí se le considera un tanto a D. José Ortega y Gasset. Al fin y al cabo es un hombre capaz de elaborar 500 páginas para descubrirnos, por ejemplo, que la manera de reformar el Estado es infundir nuevo espíritu a la Sociedad; sin embargo, nosotros somos capaces de escribir 2.000 páginas probando que el modo de ahuyentar al can es tirarle una piedra al perro.

Además, Ortega y Gasset no es bastante elegante. Le concedemos que sea capaz de hablarle a una señora, durante dos horas, de modas; pero nosotros sabemos de buena tinta que en los salones le tienen, en cuanto al vestir, por uno de la Tschândâla.

* * *

Hace tiempo leímos un artículo de Ortega. Uno de sus castillos —de viento— que él llamaba «Ideas sobre los castillos». En nuestra escuela no se exige a nadie que diga cosas verdaderas; lo que no toleramos es que se expongan absurdos vulgares… al alcance de cualquier pechero de la inteligencia. Ortega sostiene que liberalismo y democracia son opuestos. ¿Por qué? Porque la democracia, es la tiranía del demos. La democracia, además, no representa el gobierno de todos, sino de la mayoría. De aquí deduce que la democracia es tiránica, enemiga del liberalismo. Sería más liberal que, en vez de gobernar la mayoría, gobernase uno solo: él, o una minoría en perjuicio de los demás.

El lector sensato rebate todas estas afirmaciones que no son más que globos de feria. Las rebate con decir: ¿Qué es en definitiva la democracia? El gobierno del pueblo por sí mismo: la autarquía, entendida la palabra en su recto sentido. ¿Cuál es la máxima aspiración del liberalismo, qué es el liberalismo extremado? Hacer lo que uno quiera, gobernarse a sí mismo. Pues eso es precisamente la democracia. Aun suponiendo que el pueblo tuviera la humorada de atarse a sí mismo, no por eso dejaría de ser libre, ya que la ligadura era un producto de autodominación. Y como los individuos reaccionando entre sí dan lugar al Estado (Estado modificable —en la democracia— por las voluntades de los componentes), es indudable que le dará la preponderancia que le convenga y será siempre libre en el sentido en que humanamente se puede ser. Luego liberalismo y democracia son una misma cosa.

Esto lo dice el lector amante de la verdad. A Ortega no le importa la verdad. Muy bien. Pero siquiera que sean mentiras discretas, graciosas, elegantes.

El ilustre ensayador de ensayos asegura que el que trajo al mundo la libertad es el bárbaro señor feudal. Nadie tan libre como el noble salteador y ladrón de caminos medieval. Esto es cierto. Lo que no podemos admitir es que el dominus germano enseñase a las masas galorromanas lo que es la libertad. A menos que el derecho de pernada, el robo y asesinato de los caminantes, los exprimentes impuestos señoriales, los servicios personales, la miseria toda del siervo infeliz, fuesen tiernas, dulcísimas lecciones de libertad. Pero aparte de esto, ¿qué clase de libertad era la que gozaba el señor de la Edad Media? ¿Era propiamente libertad del individuo en cuanto individuo? Podemos contestar así: No. ¿Por qué? Porque la libertad del señor feudal era el autorrégimen del jefe de un Estado. El noble germano lo que afirmaba no era su libertad como individuo, sino como soberano —perdónesenos la palabra que no es medieval ciertamente—, como soberano de su feudo. Su libertad era libertad política, estatal, independencia. Confundir independencia con libertad, es impropio de un filósofo.

¿Que somos muy atrevidos? No, si esto no lo exponemos nosotros sino el lector sensato.

Álvaro Fernández Suárez

«El Presidencialista», n.º 3 (marzo de 1928)

~ por rennichi59 en Domingo 30 marzo 2008.

2 comentarios to “Ideas sobre las chozas”

  1. Pablo
    Vaya trabajo de “exhumación” que estás haciendo. Estoy suscrito a este blog y me leo con atención los textos.
    No me atrevo a comentarlos pues me falta el “contexto”. Por ejemplo me faltan referencias para colocar y entender esta constelación de partidos republicanos de la época. Hasta cuando lo que publicas son textos doctrinales o culturales como en este caso me faltan esas referencias.
    Pero siempre capto algo.

    Un abrazo y gracias por el aviso.

    Angel

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  2. Querido Ángel: Que alguien como tú se interese por estas exhumaciones que llevo a cabo aquí constituye ya en sí motivo y acicate suficiente para seguir adelante. En esta bitácora, como ves, me limito a ir colgando los textos y documentos “desnudos”; cuando presento algunos de ellos en “El jardín cerrado”, ahí si intento introducirlos y situarlos, siquiera muy brevemente.

    Algún día, cuando haya recopilado un volumen de documentos suficiente, me gustaría acometer un estudio-ensayo que aborde tanto la perspectiva más biográfica y personal de mi abuelo y mi bisabuelo como la historia del Partido Republicano Presidencialista fundado por éste y su labor en el seno del movimiento republicano desde su nacimiento a finales de la segunda década del siglo hasta la Guerra Civil.

    Gracias de nuevo, con el más cordial de los saludos.

    Pablo

    Me gusta

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