Lobos y corderos

Lobos y corderos

En El Liberal del pasado día 12 hemos leído un artículo de Ciges Aparicio, que no responde a la ideología que en este señor suponíamos.

Mucho debemos al Sr. Aparicio en el orden intelectual y mucho esperamos de él; pero en la ocasión presente hemos de confesar que encontramos un tanto incongruente su lección.

Discutir en la actualidad problemas de tan honda trascendencia con tan escaso fundamento lógico, es algo tan inútil como el debate que cita Rabelais por habido en el Concilio de Costanza durante diez semanas sobre «si la quimera moviéndose en el vacío puede aniquilar las segundas intenciones».

El Sr. Aparicio escribe como lo haría un buen patrono liberal que quisiera apuntar ideas tan diametralmente opuestas como patrono y trabajo para encontrar justificación a su liberalismo sin hacer dejación de sus derechos de propiedad.

Decimos patrono en vez de capital porque parece que se confunden estos términos.

Si supusiésemos al Sr. Aparicio dueño de una gran industria, tendríamos para su artículo una sonrisa de comprensión. No siendo esto así, hemos de suponer que ideas tan poco sólidas, tal vez fueran desechadas por el articulista si serenamente las meditase.

La resolución del problema económico-social no puede basarse en ningún modo en la colaboración que el Sr. Ciges preconiza. Los trabajadores podrán transitoriamente acomodarse a ella donde y como las circunstancias lo aconsejen, pero no será esto, no puede ni debe ser otra cosa que un compás de espera para dar la batalla final a la plutocracia, porque ésta, Sr. Aparicio, mientras subsista, será quien rija los destinos del mundo, sin que haya hasta hoy motivo suficiente para justificar el júbilo y entusiasmo del Sr. Ciges, al pensar que los obreros tomen parte en el accionariato de las grandes empresas.

Después de atacar de un modo deleznable la doctrina de Marx:

—«¿No sería mejor entenderse?», —pregunta el Sr. Aparicio—; y nosotros decimos que no sería ni mejor ni peor, sino que es absolutamente imposible.

¿No le parecen al Sr. Ciges anacrónicos y cándidos esos consejos locales de industria componentes de federaciones de ramos, que como panacea universal colaboracionista se nos ofrece?

¿No le parecería mejor suprimir empresas y patronos, que según se trasluce en su artículo para nada sirven, y hacer al Estado patrono único, y por ende que sean para el acervo común los beneficios producidos por el común esfuerzo?

¿Que esto no es posible?

Cuando como en Inglaterra se puede promover una huelga en la que se ponen en pie de lucha diez millones de obreros, entendemos que esto es más fácil que querer hermanar intereses absolutamente en pugna.

Juan Sánchez Pozo

«El Presidencialista», n.º 3 (marzo de 1928)

~ por rennichi59 en Lunes 31 marzo 2008.

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