Mussolini, parlamentarista

Mussolini, parlamentarista

Son harto elocuentes los hechos que la realidad pone cada día con creciente insistencia ante nuestros ojos, para dudar, siquiera sea un instante, del fracaso (no crisis como algunos quieren) del parlamentarismo.

Nadie duda que el Parlamento es insustituible (lo dudan algunos a quienes se puede llamar nadie). Nadie, asimismo, duda de la ineficacia del parlamentarismo y en torno a este fundamental problema de la vida política de los pueblos, se ciernen los más tétricos augurios, cual bandada de cuervos alrededor de putrefacto cadáver.

El parlamentarismo fracasó; todos lo comprenden; pero mientras que los Daudet y Mussolini procuran obviar sus inconvenientes, los Domingo y afines, vuelta la cabeza hacia el pasado, están sumidos en la más inexplicable desorientación.

Si preguntáis a Daudet con qué debe sustituirse el parlamentarismo, sin vacilación os contestará: «con una dictadura» ¿perpetua?

Preguntad a cualquiera de nuestros prohombres de izquierdas con qué se puede sustituir el parlamentarismo, y observaréis que, tras muchas vacilaciones, os dirá, adoptando un aire de modesta suficiencia, que el parlamentarismo es insustituible, porque es necesario el Parlamento.

Tan original me parece el argumento que estimo innecesaria su… ¿apología o refutación?

El parlamentarismo es el régimen adecuado al mantenimiento del otro régimen que, llámese como se quiera, no es más que el feudalismo en el siglo XX.

El Gobierno necesita tener mayorías adictas; si no las tiene, las hace, como Dios al hombre, a su imagen y semejanza: ¿cómo exigir responsabilidades a un Gobierno a quien de antemano aprueban esas mayorías cuantos proyectos propone a su discusión (que algunas veces es una comedia más)?

El Parlamento en este régimen, cuando comprende su alta misión y quiere ser fiel trasunto de la opinión popular, es disuelto por el histórico «cerrojazo», hasta que puede de nuevo convertirse en fiel instrumento del Gobierno y luego ¡vuelta a empezar!

Por eso nos parece la reforma de Mussolini harto significativa, en cuanto tiene de parlamentaria.

No tendrán voto más que los fascistas; no habrá oposición… ¿Qué le falta para ser parlamentarista? Ser hipócrita; ya que éstos hacen lo mismo sin decirlo.

El parlamentarismo terminó su misión histórica, y únicamente el presidencialismo es quien puede, armonizando la eficacia con la democracia, sustituirle.

Emiliano Aguado

«El Presidencialista», n.º 3 (marzo de 1928)

~ por rennichi59 en Jueves 3 abril 2008.

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