¿Qué fracasó?

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Es frecuente entre nosotros, (entre los que tenemos fe y confianza en que la forma republicana ha de venir como consecuencia natural de los acontecimientos, entre los que no nos desanimamos aunque nos contraríe el tiempo que tarda en llegar) que, al manifestar nuestra confianza en su advenimiento, nos digan numerosos espíritus timoratos que la república en España es una quimera, una ilusión; que no nos olvidemos del pasado, que volvamos la vista hacia él y nos fijemos en el «fracaso del 73»…

Esta frase «el fracaso del 73» que tanto hemos oído repetir, nos ha hecho pensar si lo hubo y, en caso afirmativo, a qué obedeció. La república parlamentaria de 1873 no prosperó; mas las causas de ello no deben buscarse en la forma republicana, sino en el régimen parlamentario, y también en las circunstancias críticas por las que entonces atravesaba España.

Así vemos que la república se proclamó después de una serie de dudas y vacilaciones que indudablemente le iban a restar estabilidad. La revolución del 68, no supo continuar su obra saneadora y no atreviéndose a proclamar la República, estuvo buscando la solución durante dos años, al cabo de los cuales le ofreció el trono a D. Amadeo de Saboya, el Rey Caballero, como le llamó Galdós, y que, por esa cualidad tan escasa en los gobernantes al uso, fracasó; lo que más tarde y por causas análogas, hubo de acontecer a los cuatro presidentes que tuvo la República. Vemos también que ésta fue proclamada por los mismos políticos que dos años antes habían traído a España a D. Amadeo. Fue, pues, una solución que podríamos llamar de última necesidad a un problema tan importante como es el de la forma de gobierno del Estado.

La República, al nacer, se encontró con que la nación no estaba preparada suficientemente para establecerla y, por lo tanto, todo el organismo que la había de formar tuvo que fabricarse precipitadamente, con elementos dispersos.

Los republicanos de entonces solo pensaban en la abstracción «República»; y al tener que concretar ésta, adoptaban distintas modalidades con la misma facilidad con que uno elige entre un impermeable y un paraguas. Así se acordó, siguiendo la tradición monárquica, que fuese parlamentaria; y esto constituyó la causa principal de su fracaso.

Todo ello, unido al exagerado idealismo de los cuatro grandes hombres que habían de regirla, quienes, por su excesiva bondad creyeron suficiente esto para el triunfo, determinó aquel triste resultado. El cual fue un fracaso parlamentario, uno de los numerosos que ha tenido este régimen, cuyos últimos momentos estamos presenciando.

Por eso nosotros, defendiendo la República presidencial, queremos evitar que se reproduzcan tales hechos. Si en 1873, en vez de seguir con el sistema parlamentario se hubiera optado por el presidencial (tras de un detenido y concienzudo estudio anterior de sus características e indudables ventajas) otra habría sido la suerte de nuestra Patria.

Felipe Ibáñez Kábana

«El Presidencialista», n.º 4 (abril de 1928)

~ por rennichi59 en Domingo 23 noviembre 2008.

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