Francia burguesa

La franca derrota del elemento comunista, la continuación en el Poder de la plutocracia poincarista y el triunfo del franco, considerado éste como representación del capitalismo, caracterizan el triunfo en las elecciones generales recientemente celebradas en la liberal y democrática Francia.

Francia, la nación que supo levantarse en el siglo XVIII contra las tiranías de entonces y regar el suelo con su sangre derramada en aras de la Libertad, señalado al mundo oprimido un nuevo camino de dignidad libertadora, infundida en el ánimo popular por Rousseau y Diderot y cantada por Rouget de l’Isle, cuna de los grande principios democráticos, se ha vuelto reaccionaria y burguesa hasta el punto de perseguir encarnizadamente a los diputados comunistas y derrotar en unas elecciones parlamentarias al presidente de la Liga de los Derechos del Hombre.

La Francia parlamentarista cierra sus puertas al comunismo, pone trabas a las relaciones con el gobierno de Moscou y se sitúa en un plan de pasividad sanchopancesca, renegando de su origen democrático.

Porque ha de saberse que en las elecciones últimamente celebradas en la nación vecina, la victoria ha sido para los moderados, puesto que la nueva Cámara cuenta con inferioridad de izquierdas, no obstante haber triunfado —como decía cierto periodista de nuestro llamado campo liberal— la República.

Por lo visto, para estos señores, la República romana era un dechado de liberalidades y justicias políticas, por eso, porque se llamaba ¡República! Y algo semejante cabría decir respecto a las oligarquías italianas de pasados siglos.

La Prensa liberal española, entre ella ciertos periódicos que defienden el socialismo (sin saber quizá el verdadero significado de esta palabra), mientras en una plana ensalza la fiesta proletaria del 1º de mayo, en la página siguiente se complace con cruel ensañamiento en la derrota de los elementos comunistas, como si socialismo y comunismo fueran dos opuestas doctrinas, cuando no son sino modalidades o, más bien, distintos grados de un mismo sistema.

Esta desorientación de nuestros liberales anticuados —que en su posición retrospectiva de un siglo se ven obligados, ante la evidencia del avance social, a admitir atenuaciones socialistas, sin atreverse a reconocer la inminencia del progreso comunista, como consecuencia de la natural evolución— y su intransigencia con los elementos liberales y demócratas del dogma católico, en nombre de una supuesta incompatibilidad de ideales, son los que harán fracasar los síntomas de una equidad social que ya ha empezado a alborear en el horizonte de los pueblos.

Luis López Burgos

«El Presidencialista», n.º 5 (mayo de 1928)

~ por rennichi59 en Miércoles 25 noviembre 2009.

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