Un ejemplo

Tanto desde el punto de vista filosófico, como del empírico y, principalmente, desde este último, es indudable que el parlamentarismo está en crisis. Hay «casos» verdaderamente típicos que demuestran plenamente este aserto.

Mientras unos pueblos, como el norteamericano, educado (por decirlo así) en el ambiente parlamentarista de los colonizadores ingleses, reconoce sus múltiples defectos y al independizarse de su metrópoli, desecha el sistema político de la misma y adopta el presidencial, otros, por el contrario, proclamándose presidenciales adulteran su régimen y llegan a parlamentarizarse; pero luego, quizá por tocar, por conocer experimentalmente los defectos del parlamentarismo, reaccionan violenta e incluso revolucionariamente e instauran de nuevo y en toda su pureza el presidencialismo, considerándolo como la forma de gobierno preferible. Esto último es lo que ha sucedido en Chile.

La novena constitución chilena del año 1833, elaborada bajo la influencia del partido conservador, rigió noventa y dos años sin reforma esencial alguna. Esta constitución reconocía la soberanía popular, admitía la división de poderes, preceptuaba la designación del Presidente de la República por el pueblo, no directamente, sino por elección de segundo grado, y los ministros eran responsables ante el Presidente, al cual concedía grandes facultades.

En suma, era una constitución marcadamente presidencialista; pero la práctica política, tal vez la insidia de cierto sector de ciudadanos determinaron que el Presidente perdiera poder y al mismo tiempo el Congreso Nacional lo aumentara; de esta forma la República presidencial de Chile fue parlamentarizándose. Pero el pueblo, que se da cuenta de este hecho, y además ve los defectos del parlamentarismo, reacciona, y esta reacción, en algunos momentos violenta, cristaliza en la nueva constitución promulgada el 18 de septiembre de 1925, y que es absolutamente presidencialista. Por este hecho se ve claramente que el pueblo chileno no es parlamentarista. He de advertir, además, que los ciudadanos de la República de Chile no aprobaron su actual constitución porque sólo se les presentara el proyecto de la misma, y no conocieran otros, pues hubo dos más, uno de desaprobación del anterior, y otro de carácter parlamentario, que fueron rechazados, lo cual demuestra que se procedió con perfecto conocimiento de causa y previa comparación de distintas soluciones del problema planteado.

¿No es esto muy significativo?

Luis Muñoz García

«El Presidencialista», n.º 5 (mayo de 1928)

~ por rennichi59 en Domingo 7 febrero 2010.

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