Que conste

Por considerarlo muy digno de ser recogido, por su valor crítico, reproducimos a continuación en artículo que con el título de Otras Juventudes y firmado por A. R. de L. (de la J[uventud] R[epublicana] Federal), se publicó en la Sección «Vida Joven», del diario madrileño «La Libertad», el día 26 de mayo:

En el curso de la «Vida Joven» de LA LIBERTAD vienen definiéndose varios elementos distintos: la mujer nueva, el estudiante y el sector político tan importante de la Juventud Socialista; todos ellos, con igual interés, van contando sus inquietudes y sus posibilidades, sin desunirse del frente único en que se han puesto.

Aun siendo esto sólo, lo hecho es lo suficientemente interesante para que en una visión somera no dejemos de comprender que han abierto rutas definitivas. La incorporación, aunque lenta, de la mujer a la vida política; la intervención francamente renovadora del actual estudiante, y en el mundo político la tendencia socialista como la más pura orientación de izquierdas, son tres gallardetes que patentizan un verdadero programa de revisión; pero áun quedamos un margen de juventudes lo suficientemente cercano a los problemas políticos, que no podemos tardar en enlazarnos en el mismo frente con los que han iniciado el camino que todos debemos seguir.

Hay en España abundancia en grupos de Juventudes republicanas; yo milito en ellas, y puedo decir que están lo suficientemente desvitalizadas, que más que un acicate son una obstrucción para el advenimiento del programa que predicamos. Son estos organismos restos del viejo republicanismo español, y es sumamente preciso que, como aquél, superen el último proceso de su desintegración y cubramos entonces para siempre con tierra los últimos trozos de este cadáver.

Como toda política tradicionalmente española, han seguido un proceso de atomización individualista, y en el momento presente pueden llamarse «muertos», como los viejos partidos liberal y conservador; todos al mismo tiempo sufrieron el mismo proceso disolvente.

El mal de España, que viene de lejos y consistió en no haber eliminado a tiempo los restos inorgánicos desprendidos en el curso de su desarrollo, sino que los vertió hacia adentro, dio lugar a que estos detritus muertos —los viejos partidos políticos y sus caudillos— mantuvieran el organismo en ese estado constante de lucha que se llama enfermedad crónica. Pues bien: somos un enfermo crónico que ha entrado en su crisis decisiva.

Los que sugestionados aún por los programas republicanos de nuestros abuelos queríamos perpetuarlos, hemos de darnos cuenta de que el tiempo, en su fluir incesante, ha desplazado de la izquierda social a los que son simplemente republicanos, y los ha retirado para siempre de la vida. Precisa, ahora como nunca, que nos esforcemos en dar un sesgo totalmente distinto a nuestros organismos, infundiéndoles un verdadero sentido republicano y algo más: un amplio programa social. Desprendernos de los que hoy se aferran con gestos de desesperación al rigor de un dogmatismo por ellos mismos establecido, sin otro sentido que confirmar su hegemonía, es el primer paso de nuestra marcha; las juventudes hemos de dar un alto ejemplo de comprensión e inteligencia, borrando entre nosotros —pero sólo entre nosotros— las diferencias que a ellos lentamente van aniquilando. Al mismo tiempo que acabamos «inter nos» con el tan desdichado culto a los «jefes». Nuestros jefes serán aquellas cabezas claras que nosotros mismos digamos, y no aquellos que desmoralizan las instituciones con su afán de arribismo. A. R. de L. (De la Juventud Republicana Federal).

He aquí una magnífica síntesis que nos parece fiel reflejo de la realidad.

A nosotros, los republicanos presidencialistas, no pueden alcanzarnos las atinadas censuras que el artículo contiene. Por eso precisamente le damos cabida en nuestras columnas (aun retirando otros interesantes originales que teníamos dispuestos).

Quienes hayan seguido nuestra actuación saben que hemos dedicado reiterados esfuerzos a sacar de su inacción política a las mujeres que, simpatizando con el ideario que defendemos, no se habrían decidido a declararlo.

Muchos de nuestros correligionarios y colaboradores concurren a las aulas universitarias, donde el programa del grupo gana partidarios entusiastas y capacitados.

Y en lo que respecta a los problemas sociales, desde un principio hemos declarado abiertamente nuestras creencias socializadoras de avanzada. Vea quien lo dude el artículo que con el título de Lo político y lo económico se publicó en el núm. 1 de EL PRESIDENCIALISTA.

Hemos hecho, pues, cuanto procede hacer a juicio del firmante del trabajo transcrito. No es, pues, a nosotros a quienes puede referirse.

Por lo demás, esta Juventud sólo ha seguido las normas que desde su fundación (hace diez años) conserva el Partido Republicano Presidencialista, tanto en lo que antecede como en lo referente a las «jefaturas». Bien sabido es que ni en su principio ni ahora, nuestro grupo fue dirigido ni asesorado por ninguno de los conocidos líderes del republicanismo caduco a que A. R. de L. alude.

«El Presidencialista», n.º 6 (junio de 1928)

~ por rennichi59 en Miércoles 31 marzo 2010.

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