Juventud y democracia

Desgraciadamente para las circunstancias de la España actual y acaso para los destinos que han de regir una España futura, no constituimos todavía mayoría los jóvenes que, procedentes de diversos campos políticos de las izquierdas, nos aventuramos a aunar simultáneamente nuestros esfuerzos, a fin de salir de esa especie de laxitud moral en que parece estar sumida nuestra generación; nosotros principalmente, para hacer frente a un régimen en que no comulgamos por nuestros respectivos idearios.

Pero aunque pocos, somos, a no dudar, una selección de jóvenes dignos —permítasenos dejar señalada esta salvedad— capaces de hacer despertar con nuestro espíritu luchador el aletargado ambiente social que hoy se respira, pues que mientras exista dentro de la juventud un radio de acción que pueda hacer girar el eje democrático de la colectividad, habrá una fuerza de combate para triunfar algún día, quién sabe si no muy lejano. Y esto ya ofrece una positiva ventaja alentadora para las juventudes españolas realmente demócratas, que «brincan» dignamente, sobre la otra especie insensibilizada, paniaguada o inconsciente de juventud —el mayor obstáculo para aquéllas— a fin de crear moralmente la base social firme de una España inspirada en sus fervores más justicieros.

Los individuos de la sociedad que poseemos —digamos que por fortuna— sensibilidad cívica, estamos en el deber individual y en el deber social de unir nuestro apoyo doctrinal, dentro de las latitudes de nuestro credo, a todo sector de juventud que se lanza francamente al campo de la lucha social para vigorizar eficazmente la, sin duda, debilitada contextura de nuestra democracia. Por esto nos unimos a la Juventud Republicana Presidencialista de España en su saneada ideología; modalidad de un programa que, sin manchar en absoluto sus principios de fe, ni aislarse de la constitución fundamental de su credo, surge, sin embargo, para romper una lanza contra su vieja tradición de partido, hoy en desprestigio para nuestro concepto, a fin de crear una fase republicana puramente demócrata, exenta de todo aburguesamiento individualista en su plano político.

Cuando toda innovación de carácter programático se apoya en un punto básico de lógica, por sí sola créase adictos, y de aquí que como en la juventud está la energía entusiasta y el supremo sentido de rebeldía, surja el triunfo partidista del joven presidencialismo republicano en sus filas, que viene a enfrentarse con las dispersas filas del anticuado republicanismo español, lo mismo que contra todo parlamentarismo republicano.

El presidencialismo persigue, dentro de este programa, que la República sea eficazmente un hecho, no un simple tema de tertulia mixtificada, raquíticamente reducida al medio ambiente de determinados círculos por el politiquismo apolítico al uso, y ello ya puede ser más que suficiente para encender en la juventud simpatizante con nuestro ideario, que contempla extática el panorama social del momento, el ánimo de lucha que necesitamos. ¿No es esto laudable en un país donde podríamos contar, hasta un reducido límite riguroso, los significados demócratas que aman con toda la fe de su espíritu la verdadera concepción de la república?

La democracia suprema del Presidencialismo, por el que tanto ha luchado la fe de su digno fundador, nuestro ilustre correligionario D. Luis Hernández Rico, comienza a triunfar ahora, para borrar con su triunfo el tradicional aburguesamiento de la política republicana parlamentarista, en su deforme contextura sociológica ante la perfección moral de las ideas más demócratas. Y esa vida política agonizante ha de ser restablecida, vigorosamente, por el tónico activo de la modalidad presidencialista, y habrá de tener por convicción social mayor energía que antes.

Las aulas universitarias, apoyadas por las juventudes conscientes, únense no contra la institución lógica del parlamentarismo, sino contra los burgueses procedimientos adoptados por las constituciones parlamentarias, que desvirtúan los verdaderos principios democráticos de libertad y justicia social. En las Repúblicas parlamentarias, cabe toda posible coacción diplomática, que determina las frecuentes «crisis agudas» por que algunos pueblos atraviesan.

¿Qué es lo que pretendemos? Infórmense bien las juventudes de las izquierdas españolas.

Sufragio universal en su más amplio sentido de concepción. Elección de un presidente de la república íntegro, directamente por convicción popular. Desenvolvimiento parcial de la más estricta intervención del parlamento en sus funciones, pero sin ninguna influencia de coacción política sobre la presidencia, siempre al nivel legislativo de la voluntad de ésta, en consonancia con las exigencias de socialización del régimen inspirado en la suprema justicia de los pueblos. Concesión de los derechos de ciudadanía, para exigir del presidente de la república, en el caso que las circunstancias lo reclamen, la responsabilidad de su actuación, dejando, por tanto, a éste en plena libertad de vigilar y obrar rigurosamente cerca de todos los organismos políticos oficiales.

Principios fundamentales del programa republicano presidencialista; principios a los que no se han de oponer las juventudes democráticas que sientan latir en su seno verdaderos deseos de renovación, y sepan rebelarse contra todo falseamiento.

Mientras haya alientos de juventud no importa, no nos debe importar para la consecución de la verdadera justicia social la diversidad de ideologías, si es que todos caminamos, en efecto, hacia este mismo fin, para el que hemos de avivar en el espíritu el fuego de la esperanza realizable, como un don elevado de nuestros sentimientos confraternos.

El triunfo de la democracia será, al fin, un hecho evidente.

Laboremos todos a una, en tanto, por la eficacia de una verdadera República socialista, que habrá de llegar.

Evolucionemos hacia ella, jóvenes españoles.

Arsenio Relaño

A MODO DE COROLARIO

Las voluntades amplias no se encierran en los espíritus entecos, ni tampoco el verdadero compañerismo, por tanto.

Luchemos con fe por la desaparición de los pobres de espíritu, tanto como por la de los pobres de la materia.

Luchemos por hacer brotar manantiales de justicia, que purifiquen la vida de la sociedad en la moral más saludable; fuentes de riqueza espiritual común, cuyas corriente balsámicas invadan los estancados pantanos de las ideas, arrancando consigo el fango repulsivo de los egoísmos individualistas.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Saludos fraternales a los queridos correligionarios de Madrid y provincias.

A. R.

Guadalajara, junio, 1928.

«El Presidencialista», n. 6 (junio de 1928)

~ por rennichi59 en Jueves 1 abril 2010.

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