«Kultura». La guerra totalitaria

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 23 de octubre de 1938 en «Sur», diario del Ejército de Andalucía con sede en Baza (Granada).

Cuando, refiriéndonos a los secuaces de Hitler, empleamos la palabra «bárbaros» en su peor sentido (tiene otra acepción, ya que los romanos denominaban así a todos los extranjeros), no lo hacemos por afán de insulto, sino con plena razón.

Bárbara, salvaje, vandálica es la manera de guerrear usada por los alemanes y copiada por los italianos, en Abisinia (1) primero y en España, después. La guerra es brutal siempre; pero, dentro de ese carácter general de toda contienda, cabe limitar sus estragos a lo imprescindible para perseguir la victoria.

Durante siglos, los pueblos han guerreado; sus soldados han caído en los campos de batalla; mas los habitantes de las ciudades alejadas de los frentes han podido vivir con la relativa tranquilidad que ese alejamiento permitía. Entonces no había aviación. La ciencia no tenía aún resuelto el gran problema de la navegación aérea.

Hoy, cuando la sabiduría humana ha logrado esta gloriosa conquista, el magnífico fruto de su admirable esfuerzo es utilizado canallescamente por los «nuevos bárbaros» para bombardear ciudades pacíficas y ametrallar a seres indefensos, a grandes distancias de los frentes de combate.

Y no se piense que los piratas del aire tienen siquiera el pudor de ocultar sus crímenes, ni aun tratar de disculparlos pretextando errores. No. Las injustificables agresiones aéreas, comenzadas durante la gran guerra por los alemanes, son defendidas como legítimas y convenientes por los teóricos militares «nazi». Los italianos han ensalzado también las «proezas» de sus aviadores en Etiopía y han descrito, con repugnante complacencia, la destrucción por bombardeo áereo de las míseras aldehuelas de chozas en Abisinia, un país inerme, sin aviación y sin defensas antiáereas.

En una revista técnica militar de Berlín, un general —cuyo nombre no hemos tenido empeño en recordar— argumentaba, con frialdad verdaderamente feroz, la necesidad de bombardear las poblaciones civiles, «sin excluir los establecimientos benéficos, escolares ni sanitarios»; de este modo, agregaba, «se lleva la intranquilidad a todo el país enemigo, se hace imposible su vida, lo que provoca una desmoralización muy provechosa para el que ataca».

Deliberadamente, de intento (y no por error) son bombardeadas en España nuestras ciudades de la retaguardia. Intencionadamente se destruyen los barrios modestos, en los que es mayor la densidad de la población; se incendian los hospitales, los asilos, los grupos escolares; se ametrallan las calles donde mujeres y niños forman cola frente a las tiendas; y se lanzan bombas en las colonias infantiles.

«Cuanto más dura sea la guerra, cuantas más víctimas se ocasionen, su eficacia será mayor. Hay que llevar la destrucción a la retaguardia enemiga, como medio para acelerar la victoria».

Es a esto a lo que los «kultos» «nazi» llaman «guerra totalitaria»; pero a lo que los que tenemos conciencia de la dignidad humana denominamos «barbarie científicamente organizada».

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Jaén y octubre, 1938.

[1] Hernández Alfonso conocía bien los pormenores de la acción bélica italiana en Abisinia, a los que había dedicado un libro tres años antes: Abisinia. Costumbres. Historia. Origen del conflicto italo-abisinio (Ediciones Atalaya – Madrid, 1935).

~ por rennichi59 en Martes 6 abril 2010.

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