Hay que contar con el pueblo español

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 30 de octubre de 1938 en «Sur», diario del Ejército de Andalucía con sede en Baza (Granada).

No faltan en nuestro país hombres que consideren posible un nuevo pacto, semejante al de Munich, para resolver el problema español. Mal conocen nuestra idiosincrasia los que tal suponen. Además nuestro pleito tiene el interés de las masas populares de todo el Mundo, lo que no ocurriría en el caso de Checoeslovaquia.

Cierto que ha habido conatos de «soluciones» análogas; pero la firme actitud de nuestro Gobierno (reflejo fiel y exacto de la de todos los españoles dignos de tal nombre) ha determinado el abandono de tan descabellada tentativa. No somos un país dispuesto a dejarse inmolar en el ara del egoísmo capitalista de Francia e Inglaterra.

No hemos mantenido, durante más de dos años, una guerra cruenta, arrostrando con decisión los máximos sacrificios, para consentir después que gentes extrañas nos despojen de lo que legítimamente nos corresponde. De ningún modo. Nada tenemos que ver con las combinaciones que intenten las cancillerías extranjeras. Somos españoles y sostendremos, contra viento y marea, nuestro derecho a regir los destinos patrios.

La guerra (que no hemos provocado, pero que estamos dispuestos a prolongar cuanto fuere preciso) la sufrimos nosotros; y sólo nosotros hemos de determinar cómo y en qué condiciones ha de acabarse. ¿Qué derecho asiste a los demás para inmiscuirse en nuestros asuntos privativos? Que nadie, pues, haga cábalas, fuera de esa norma inmutable de nuestra conducta como nación soberana. Precisamente para afianzar esa inalienable soberanía del pueblo español hemos derramado nuestra sangre. Los destinos de nuestro país hemos de regirlos nosotros. No formaremos en el cortejo de los dominadores de Europa. El pueblo que no conozca ni aprecie sus derechos, hágalo si le place. El pueblo español, no lo ha hecho ni lo hará. Le ha costado muy caro conocerlo para que consienta en renunciar a él.

La experiencia ajena nos demuestra que las más pequeña claudicación trae como secuela inevitable el derrumbamiento de la independencia de un país. No haremos ninguna concesión; mantendremos, tanto tiempo como sea preciso, nuestra actitud, irreductible, seria y firme.

Realizando, día tras día, el «milagro» de nuestra resistencia inagotable. La especulación que, a espaldas de la opinión popular española, hagan los estadistas de las «democracias» (de algún modo hay que denominarlas) no nos afectan. Falta —¡nada más!— que la voluntad del pueblo español se manifieste sobre el particular. Falta… hasta cierto punto. Porque esa voluntad se ha exteriorizado elocuentemente a lo largo de dos años de lucha, en Guadarrama, en Somosierra, en Madrid, en Brihuega, en Jarama, en Brunete, en Cornicabra, en el Ebro…

Nuestros muertos, muertos en la lucha terrible; nuestros mutilados; nuestras viudas y nuestros huérfanos, lo gritan —sin voz— a todos los pueblos dignos. ¡No nos someteremos!

Somos españoles. Somos trabajadores. Amamos la paz; pero no huimos la guerra cuando es precisa para la defensa de nuestros derechos incontrovertibles.

Italia puede dar razón de ello.

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~ por rennichi59 en Sábado 10 abril 2010.

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