Los Gobiernos no siempre representan a los pueblos

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 16 de noviembre de 1938 en la Sección «Crónica Internacional» del diario «Sur», órgano del Ejército de Andalucía con sede en Baza (Granada).

Muchas son las concesiones hechas por los gobiernos democráticos a los países totalitarios. Tantas, que la paciencia de los pueblos amenazados toca a su fin. Ya era hora de que los pueblos tomasen la iniciativa.

La orgía, vindicativa y egoísta, de los «nazi», ha producido en la flemática y protocolaria Inglaterra un movimiento popular de protesta. El cinismo extraordinario de un Goebbels ha repercutido, como una bofetada, en el rostro de los obreros británicos. Una grandiosa manifestación ha recorrido las calles de Londres.

Espectáculo casi inédito este de las grandes masas inglesas contra la política parcial y claudicante de sus hombres de estado. Los obreros británicos se dan cuenta del peligro; comprenden que, por el camino que van los asuntos exteriores, pronto serían Hitler y Mussolini los árbitros de su país. Por eso, con agudo sentido de la situación, los obreros ingleses se han manifestado bajo este lema: «No queremos a Hitler ni a Mussolini como Ministros de Negocios Extranjeros».

El hasta ahora pacífico mar de la política británica se ve turbado por movimientos que nunca se produjeron. Claramente, el Gobierno inglés no puede aprobar las depredaciones llevadas a cabo en Alemania —con la muda aquiescencia de las autoridades— contra unos judíos a los que no puede achacárseles complicidad alguna con el matador de Von Rath, un insignificante instrumento de la vesania nazi en París. El pueblo inglés, siempre ecuánime y ponderado, no comprende cómo, tras de ser víctimas de las hordas hitlerianas, los judíos tienen (como dice cínicamente Goebbels) que «indemnizar de los daños causados»; y se extraña de que se afirme que «las tiendas judías se abrirán con dueños arios», lo que es la consagración oficial de una iniquidad bárbara.

Chamberlain ha encomendado al embajador británico en Berlín la presentación de una tímida protesta por los actos de salvajismo «nazi» registrados en muchas ciudades teutonas y, especialmente, por las acusaciones de la Prensa alemana, según las cuales, algunos políticos ingleses estaban complicados en la muerte de Von Rath.

Hay un hecho significativo, máxime si se tiene en cuenta el ascendiente que sobre gran parte del pueblo inglés tienen las autoridades eclesiásticas anglicanas. El arzobispo de Canterbury, en una nota, ha dicho que «es imposible mantener relaciones de amistad normal con países donde se producen hechos semejantes».

La manifestación que recorrió las calles de Londres; el arzobispo anglicano que tan clara y rotundamente protesta de la barbarie «nazi»; la Prensa británica de diversos matices, que deja traslucir el descontento de la masa… Son fenómenos harto significativos. No sabemos si la ceguera de Chamberlain llegará al punto de (como vulgarmente se dice) no ver lo que tiene «delante de sus narices».

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El pueblo inglés parece reaccionar. Las claudicaciones de sus gobernantes no son secundadas por él. Esperemos que esa protesta se haga fuerte, vigorosa, hasta constituir un freno para el «premier», obediente, hasta ahora, a los caprichos del fascismo.

De todas formas, sea cual fuere el resultado, vaya nuestro saludo a esos manifestantes que son, sin disputa, el máximo exponente de la dignidad y el criterio justo del pueblo inglés, no representados por su Gobierno.

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~ por rennichi59 en Miércoles 28 abril 2010.

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