En la Cárcel Modelo, de Madrid

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 15 de diciembre de 1938 en el diario «Sur», órgano del Ejército de Andalucía con sede en Baza (Granada).

Hace ya ocho años; parécenos, a ves, que fue hace menos; y otras, que han transcurrido veinte. Lo cierto es que, en diciembre de 1930, nos reunimos (mejor dicho «nos reunió» la Policía) en la Prisión Celular madrileña, hombres de distintos matices revolucionarios (1).

Acababa de estallar la sublevación de Jaca, terminada triste, pero gloriosamente, con la lucha de Cilla y el ignominioso fusilamiento de Fermín Galán y de García Hernández. La dolorosa impresión que nos produjo la tragedia de Huesca se mitigaba un poco merced a la convicción, cada día más profunda, de que se acercaba la instauración de la República.

Aún creemos ver aquella galería del Departamento de Políticos en la que instalamos una improvisada mesa en cuyo derredor nos sentábamos para comer los catorce o quince presos que, por haber sido «archivados» antes de la declaración del estado de guerra (15 de diciembre), es decir, entre el 12 y el 14, no estábamos sometidos del todo al régimen común.

Allí había socialistas como Largo Caballero y De los Ríos; republicanos de izquierda, como Albornoz, Giral, Botella Asensi, Ortega y Gasset (Eduardo), Escudero, Palomo, Galarza, Aedo, Lezama, Morán, Buñuel, etc.; radicales como Sánchez Fúster (secretario de Lerroux); moderados, como Alcalá Zamora y Miguel Maura. También estaba, aunque era huésped más antiguo, el entonces comunista Bullejos.

En la primera galería teníamos a centenares de excelentes compañeros: anarquistas, comunistas, socialistas, republicanos, estudiantes, sin partido muchos de ellos, pero todos fervorosos revolucionarios, detenidos en su mayoría en los dos románticos asaltos de aquel 15 de diciembre: el del Campamento y el del Cuartel de la Montaña.

¡Cuántas cábalas hacíamos! ¡Con qué ansiedad esperábamos noticias! La más pequeña señal de rebeldía nos abría el corazón a la esperanza. Forjábamos planes para cuando nuestra causa triunfara… Teníamos fe ciega en la victoria. Ni un momento dudamos de su consecución.

—–

Han pasado ocho años. De los alli reunidos, algunos, muy pocos, traicionaron al pueblo (Alcalá Zamora, Sánchez Fúster…); los demás se han mantenido firmes en sus convicciones, fieles a la causa de la Libertad. Para los primeros, nuestro desprecio; para los segundos, nuestra amistad, nuestro concurso. Nos unía entonces con éstos el anhelo común de conseguir la República. Hoy nos une el de salvarla, afianzándola sobre bases que nunca puedan ser destruidas.

Ahora, como hace ochos años, esperamos la victoria, tenemos fe absoluta en ella. Porque, como entonces, sentimos, en lo hondo de nuestro ser, el amor a la Justicia y a la Libertad.

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Jaén y noviembre, 1938.

[1] Luis Hernández Alfonso dejó cumplido testimonio de su experiencia carcelaria en la Prisión Celular de Madrid a finales de 1930 y principios de 1931 en su obra titulada Verdad y mentira de la República Española (Ediciones Boro, Madrid 1933).

~ por rennichi59 en Domingo 2 mayo 2010.

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