Las «extrañezas» de mister Chamberlain

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 17 de diciembre de 1938 en la Sección «Crónica Internacional» del diario «Sur», órgano del Ejército de Andalucía con sede en Baza (Granada).

Chamberlain, el inefable «premier» británico, ha pronunciado un nuevo discurso. Y decimos «nuevo» no por apreciar novedad alguna en su contenido, ya que se ha limitado a repetir sus razonamientos fútiles, añadiendo únicamente una lamentación más por la «incomprensión y la ingratitud» de cuantos no queremos agradecerle sus «esfuerzos por la paz». Es decir: ha expresado nuevamente cosas que ya son viejas en sus labios.

Con un desenfado verdaderamente asombroso, mister Chamberlain ha manifestado su extrañeza ante el pesimismo de la crítica; no se lo explica. ¿No se trataba de salvar la paz?, pregunta. Entonces, continúa, ¿de qué se me acusa? He evitado la guerra, afirma. ¡Y se queda tan tranquilo! Indudablemente, según dice el viejo adagio español, «cuando uno no quiere, dos no riñen». Ésa es la táctica del gobierno inglés. Cediendo a todas las exigencias del fascismo italoalemán, doblegándose a los caprichos de los dictadores, erigidos en amos de Europa, se evita reñir con ellos. Eso es lo que en España denominamos «perogrulladas».

Mas no es posible que el primer ministro inglés se extrañe sinceramente del pesimismo reinante en su país. No es creíble tamaña ingenuidad en un estadista. Él sabe perfectamente que su política es una serie continuada de claudicaciones, de cobardías, de sometimientos que menoscaban la dignidad de Inglaterra y que abandonan a su suerte a los pueblos más débiles. Para encubrir un poco esa mostruosa desaprensión, el jefe del gabinete británico terminó su discurso entonando un cántico a la felicidad y el bienestar de todos los países. Frases muy adecuadas en unos juegos florales, pero que, en las actuales circunstancias tienen todas las características de un alarde de cinismo o de una sangrienta burla.

¿Felicidad de los pueblos, bajo el terror impuesto por una dictadura feroz? ¿Bienestar en países donde se persigue sañudamente a los trabajadores? ¿Paz universal bajo el filo del hacha, bajo los aviones de bombardeo, entre los espinos de los campos de concentración?

No pensamos que Chamberlain crea tan imbéciles a sus oyentes para suponer que van a tomar en serio sus alegatos. Ya que ha llegado a arrastrar por los suelos, no sólo la dignidad de su país, sino también la justicia que los demás merecen, traicionando sus compromisos, lo menos que podemos exigirle es que no pretenda que le demos la razón y que aplaudamos unas claudicaciones tan contrarias a la razón y al derecho.

Finalmente, Inglaterra misma sufrirá las consecuencias de esa desatinada política de cobardías y de «prudencias». Chamberlain quiere, simplemente, «tirar», como vulgarmente se dice. Y muy pronto, cuando ya sea demasiado tarde para remediarlo, la cuerda se romperá.

L[uis] H[ernández] A[lfonso]

~ por rennichi59 en Martes 4 mayo 2010.

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