Lo que pasa en la zona invadida

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 30 de diciembre de 1938 en la Sección «La ofensiva facciosa» del diario «Sur», órgano del Ejército de Andalucía con sede en Baza (Granada).

Por diversos conductos ha conocido el Mundo la situación grave en que se encuentra la zona de España sometida al yugo de Franco. Distintas emisoras extranjeras, entre ellas la R. C. A. de Nueva York, han dado cuenta de que en Pamplona, Segovia y Orense, estalló hace pocos días una sublevación de los militares españoles, vejados por las intromisiones y las preponderancia —que juzgan intolerable— de los jefes y oficiales extranjeros.

No sólo se ha sabido el hecho de la sublevación, sino también que se han aplicado rigurosas sanciones a los sublevados, a pesar de lo cual, el estado de agitación de la zona franquista persiste y se agrava.

Por si esto no bastara para demostrar que es indudablemente cierta la efervescencia en la España invadida, hay otros dos hechos harto elocuentes: es el primero, que las notas de los facciosos lamentan «las informaciones de la Agencia Reuter», que estiman «poco discretas» (se refieren a las noticias de la sublevación); y el segundo, que, según el diario francés «L’Oeuvre», la muerte del funesto general Martínez Anido se ha debido a una agresión por un individuo apellidado Figueras, quien, días antes, declaró públicamente en un café de Burgos, que dicho general era un traidor al que se debía parte de culpa de la invasión de España.

La coincidencia de la ofensiva facciosa en Cataluña con esta insurrección militar ha hecho que algunos ingenuos dudaran de la veracidad de los informes que a nosotros llegan. Pero que hay que tener en cuenta que los invasores se ven precisados, en estos momentos, a atacar nuestras líneas, buscando algún éxito (por momentáneo y pequeño que sea) que poder cotizar en vísperas de la entrevista ChamberlainMussolini.

Además, el único medio (muy problemático, por cierto) de que disponen los franquistas para contener la rápida descomposición de su retaguardia —cada vez más desmoralizada— es la obtención de «victorias» militares, aunque sean minúsculas y precarias. Un palmo de terreno que avancen es convertido, al través de sus «partes oficiales», en varios kilómetros; y al número de bajas que nos causan añaden, «gratuitamente», los ceros que estiman necesarios para elevar el decaído ánimo de su zona.

En resumen: que la ofensiva, lejos de desmentir la situación caótica de la España invadida, es una prueba más de ella. Los invasores tienen prisa por lograr «algo», aun a costa de millares de bajas. Saben que, si no lo consiguen, su retaguardia se desmorona irremediablemente. Y no lo conseguirán, porque ahí está nuestro Ejército para impedirlo.

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~ por rennichi59 en Domingo 23 mayo 2010.

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