Un día con la 80 Brigada

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 2 de julio de 1938 en la Sección «Reportajes de Sur» del diario «Sur», órgano del Ejército de Andalucía con sede en Baza (Granada).

Diana

Es aún de noche cuando emprendemos viaje hacia el agreste lugar en que se halla instalada la Comandancia de esta Brigada Mixta, unidad de la que teníamos ya noticias por los reiterados donativos de víveres que ha hecho a la población civil y por la considerable labor desarrollada en sus destacamentos avanzados. El aire de la madrugada —un amanecer magnífico de junio— nos acaricia con un acre olor de polen y savia; al correr del auto, vemos altos riscos, valles aún en sombras, bosquecillos de álamos jóvenes. Por unos minutos llegamos a imaginar que no arde la guerra en nuestro suelo; que la calma del paisaje no termina unos kilómetros más allá; que la contienda provocada por el fascismo internacional es sólo un retazo de pesadilla…

Un toque de diana, al indicarnos la proximidad de nuestros soldados, nos hace abandonar el amable optimismo. Hay guerra, muy cerca; detrás de los peñascales que nos cierran el horizonte, nuestros camaradas, fusil en mano, vigilan las laderas, acechando los movimientos arteros de un enemigo traidor, en evitación de posibles y luctuosas sorpresas.

Del nuevo Ejército

El Comandante nos recibe con la cordial sonrisa que ilumina el rostro de los hombres conscientes de su deber y que saben que lo cumplen. Es un jefe amable, joven, desprovisto de afectación, que habla con grata naturalidad; un jefe del nuevo Ejército, a quien le basta su autoridad moral y el afecto de sus subordinados para mantener magníficamente disciplinadas sus tropas. En el Ejército de la República no hay ya jefes autoritarios y déspotas, capaces de todas las arbitrariedades e injusticias que halagasen su vanidad o que satisficieran su afán de dominio.

Le acompañan el Comisario de la Brigada y dos tenientes, jefe de Estado Mayor uno y Ayudante el otro. En sus palabras y, más aún, en el tono con que las pronuncian, hay firmeza, serenidad y confianza en el porvenir.

Emprendemos nuevo camino —mejor dicho volvemos a caminar, puesto que apenas hay sendero— esta vez a caballo y montaña arriba, lo que nos hace pensar en el cambio que la guerra ha introducido en nuestras antes pacíficas costumbres.

Un homenaje

Cerca de la cumbre, al llegar a cierto lugar desnudo de accidentes protectores, echamos pie en tierra y seguimos la ascensión en esa forma, no queriendo servir de tiro al blanco a los facciosos, cuyas posiciones se hallan relativamente próximas. La precaución no resulta superflua y de ello nos convencen unas ráfagas de ametralladora con las que, vanamente, nos obsequian nuestros entrañables amigos, brindándonos un homenaje que, sinceramente, no les agradecemos.

En las posiciones

Casi sin darnos cuenta, nos encontramos en la primera de las posiciones que nos proponemos recorrer. De entre los peñascos surgen unos mozos de tez quemada por el sol de primavera y el aire de la montaña, tanto que parecen hechos de la misma piedra parduzca en que asientan sus pies. Indudablemente estos soldados de la República disfrutan de excelente salud.

En ésta, como en todas las demás posiciones que visitamos, nos acogen semblantes sonrientes y manos que se unen a las nuestras en vigoroso y franco apretón.

Desde estos riscos se divisa un panorama espléndido, una enorme extensión de tierras rojizas, amarillentas, verdes de cien matices… Peñascales, primero; luego laderas y altozanos; y allá, muy abajo, en los valles, pequeñas llanuras levemente onduladas.

—¿Mucho trabajo? —inquirimos, señalando a las posiciones enemigas que a simple vista se perciben desde aquí.

—Mucho trabajo, sí —replica sonriendo el interrogado—, pero no por ésos. Es que no nos falta quehacer en casa.

Y nos explican entonces cómo, con tenacidad y esfuerzo notables, estos soldados han construido en la roca, con rudimentarias herramientas, refugios, fortificaciones, etc. Nos los muestran con legítimo orgullo y su satisfacción llega a emocionarnos.

Como V. ordene, mi Comandante

El Mayor jefe de la Brigada conoce bien a sus chicos; por eso no vacila en preguntar a cualquiera de ellos, a quemarropa:

—¿Quieres ir de descanso unos días?

La respuesta es, invariablemente, ésta: un encogimiento de hombros, una leve sonrisa de indiferencia y luego, en tono de respetuosa familiaridad:

—Me es igual. Como V. ordene, mi Comandante. Aquí estamos bien.

Le han tomado cariño a estos montes donde han sufrido los rigores del frío y del calor. Algunos, con solicitud casi infantil, han acarreado buena tierra y, entre las piedras peladas, verdean campos de judías, patatas o tomates, campos de un metro cuadrado, los mayores, es decir, los que podríamos llamar «latifundios».

La ayuda a los campesinos

Las actividades agrícolas de estos mozos de la 80 Brigada Mixta no se reducen, ni con mucho, al pueril cultivo de esos «pañuelos», que son como juguetes para hombres en los intervalos de calma.

Estos excelentes muchachos ayudan a los campesinos a recoger las cosechas, con destino a las colectividades; lo han hecho, solos, a vanguardia de nuestras líneas: han plantado, con igual finalidad, patatas y tomates. Los trabajadores del campo tienen en ellos unos auxiliares entusiastas, animosos, fuertes y desinteresados que, además de ayudarles, les regalan centenares de raciones de pan.

Conducta es ésta que va imperando en nuestro Ejército, entre cuyas unidades se entabla ya una emulación altamente beneficiosa, no ya sólo por el producto material que a la población civil se le procura, sino, principalmente, porque tiene el inmenso valor moral de un vínculo de afecto y una prueba de solidaridad.

La cultura en la guerra

El Comisario de la Brigada nos da la clave de esa conducta al informarnos de que en cada una de las posiciones, por pequeña que fuere, hay organizado un «rincón del combatiente», en «local propio», donde funcionan clases, se organizan charlas, etc., y, además, en un pueblo de segunda línea, existe un buen «Hogar del Combatiente». La solidaridad, el compañerismo, son hijos de la cultura, que educa los sentimientos y agudiza la comprensión.

Envío

¡Salud, combatientes de la 80 Brigada! ¡Al dar el abrazo de despedida a vuestro Comandante y a vuestro Comisario, os hemos abrazado a vosotros, soldados de la República, soldados de España, soldados de la Libertad!

L[uis] H[ernández] A[lfonso]

~ por rennichi59 en Miércoles 18 agosto 2010.

2 comentarios to “Un día con la 80 Brigada”

  1. En un anterior comentario hable de mi padre Vicente Navarro Cabrera que perteneció a la 80 brigada mixta. Se me olvido decir que procedía del batallón Granada y Pertenecía Al PSOE y UGT.

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    • Muchas gracias por proporcionarnos información acerca de su padre, integrante de la 80.ª Brigada Mixta. Es posible que en el Archivo Militar de Ávila, donde se conserva mucha documentación en concreto sobre el Ejército de Andalucía, encuentre algún dato adicional sobre el batallón y la brigada a la que perteneció.
      Reciba un cordial saludo.

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