Uso de los pronombres «le», «la» y «lo»

Desde hace muchos años, los gramáticos y los escritores discuten acerca del uso de estas formas pronominales, sin que hayan conseguido llegar a un acuerdo. Cada «bando» aduce, en apoyo de su opinión, argumentos y citas, resucitando textos e invocando autoridades.

Por nuestra parte, sin pretender con ello dar fin a la reñida polémica ni, menos aún, hablar ex cathedra, creemos que no hay motivo para tales discrepancias, ya que el uso de cada uno de los mencionados pronombres está claramente determinado por la idea que haya de expresarse, especialmente respecto a la forma «la».

Bien sabido es que muchos escritores de todas las épocas la han empleado, indistintamente, para el acusativo y el dativo cuando el complemento (directo o indirecto, respectivamente) era femenino. Es indudable que, de este modo, se producen inexactitudes y anfibologías, perfectamente evitables; y el hecho de que, por descuido o por hábito, algunos hombres ilustres incurran en esa falta, no justifica la pretensión de legitimar el defecto.

Estimamos que la forma la solo debe emplearse cuando el complemento femenino sea directo, es decir, cuando reciba directamente la acción del verbo; o, lo que es igual, cuando esté en acusativo. «Busqué mi cartera y la encontré». La acción del verbo encontrar recae directamente sobre el sustantivo cartera, que, como complemento directo, está en acusativo. No creemos que haya aquí duda posible.

Si se trata de un complemento indirecto, el la es inaplicable y, pese a las alegaciones de los numerosos «laístas» que en el mundo han sido… y son, lo consideramos un solecismo. No debemos decir: «La di el dinero a Julia», porque el sustantivo que recibe la acción directa del verbo no es Julia sino dinero. Julia es complemento indirecto, en dativo, ya que el directo —lo dado— es el dinero.

Cuando en una oración hay dos complementos, cualquier duda que pueda surgir sobre el uso del la o el le se desvanece con solo volver por pasiva la oración. Como quiera que, al hacerlo, se convierte en sujeto lo que en la activa era complemento directo, permaneciendo invariable el indirecto, la cuestión queda resuelta sin dificultad. «El dinero fue dado por mí a Juana»; luego no cabía decir «la di el dinero a Juana» porque el sujeto de la nueva oración tiene que ser, forzosamente, la palabra que antes hiciera oficio de complemento directo y que estaba, necesariamente, en acusativo.

Si, impropiamente, dijéramos «la di», en la frase citada, resultaría una de estas dos cosas, ambas inciertas: o que Juana era la dada o que dinero es femenino.

Hay oraciones en que solo se menciona el complemento indirecto, por elipsis del directo, que se sobrentiende, verbigratia: «Le he escrito a Juana». Si, erróneamente, aplicamos el pronombre la, el sustantivo «Juana» quedará en acusativo, como si fuese complemento directo, siendo así que es indirecto y ha de estar en dativo: «La he escrito a Juana» o, lo que es igual, en pasiva «Juana ha sido escrita por mí», oración a todas luces abusiva.

En estos casos, es decir, cuando el complemento directo se suprime, no cabe volver por pasiva la oración como no sea añadiendo, mentalmente, la palabra omitida: «Le he escrito a Juana» se convertirá en «Una carta ha sido escrita por mí a Juana». De esta forma es también sencillo saber cuándo ha de usarse el la y cuándo procede emplear el le.

La Academia Española (y con ella casi todos los gramáticos) consideran indiferente el uso del le o el lo para el masculino. Esa libertad se explica con la sencilla razón de que no caben confusiones ni se deforma la idea como sucede con los complementos indirectos femeninos. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que el lo no es correcto en dativo, mientras que en acusativo puede emplearse el le o el lo. No cabe, pues, decir: «Vi a Juan y lo entregué el sombrero»; y puede, en cambio, decirse: «Lo vi» y «Le vi».

No obstante, para evitar posibles yerros, estimamos preferible emplear siempre el lo para el complemento directo (acusativo) y el le para el indirecto (dativo), ya que de ese modo resulta más clara la expresión de la idea: «Busqué a Pedro, lo encontré y le di las gracias».

Finalmente, muchos autores creen mejor emplear la forma le para las personas y el lo para las cosas. Nosotros, repetimos, optamos por lo más sencillo y menos expuesto a error, y, en consecuencia, nos atenemos a esta norma:

«Para complementos directos (acusativo) LA si es femenino y LO si es masculino. Para complementos indirectos (dativo) LE en todos los casos».

Y que nos perdonen los numerosos laístas, entre quienes hay ilustres escritores cuyos méritos somos los primeros en proclamar… aunque ello no nos impide considerarlos equivocados, en lo que a este asunto concreto se refiere.

~ por rennichi59 en Domingo 3 octubre 2010.

4 comentarios to “Uso de los pronombres «le», «la» y «lo»”

  1. creo que las formas pronominales para el dativo se deben de poner siempre en “le” o “les” . Y reservar “la”, “las”, “lo” y “los” para los complementos directos o acusativos (y se acabó la polémica).

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  2. Yo tengo una duda. Consideremos las siguientes oraciones.

    ‘El rey ofreció una cena para EL INVITADO. La reina LE regaló un amuleto cuando terminaron de comer.’

    El ‘le’ de la segunda oración hace referencia a ‘el invitado’ porque éste es objeto indirecto en la primera oración ¿verdad?

    Ahora consideremos la siguiente frase de Borges:

    ‘Los ángeles me comunicaron que cuando falleció MELANCHTON, LE fue suministrada en el otro mundo una casa ilusoriamente igual a la que había tenido en la tierra.’

    Melanchton no cumple el rol de objeto indirecto (creo yo), y sin embargo uno entiende perfectamente que el ‘le’ marcado en mayúsculas se refiere a Melanchton ¿cómo se explica esto?

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    • Estimado Marcus:

      Se trata, a mi modo de ver, del mismo caso en las dos oraciones: en una y otra el «le» cumple la misma función. En el primer caso, se regala un amuleto (c. directo) al invitado (c. indirecto); en el segundo, se suministra una casa (c. directo) a Melanchtón. El hecho de que en un caso el objeto sea masculino y en el otro femenino no modifica en modo alguno la forma de dativo del pronombre.

      Muchas gracias por leernos, y un saludo muy cordial.

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