El certificado sanitario prematrimonial

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 17 de enero de 1928 en el diario «Heraldo de Madrid». Texto y titular proceden de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.

El ilustre doctor Haro García, en su artículo publicado en HERALDO DE MADRID en 27 de diciembre, alude directamente a los argumentos expuestos por nosotros en estas mismas columnas.

Al refutarlos, el indicado doctor incurre en notorias injusticias, como es la de afirmar que los que nos oponemos a la implantación del certificado prematrimonial realizamos una labor negativa. Y esto es total y absolutamente inexacto. 

Lo que afirmamos rotundamente es que hoy por hoy, al menos, dicho certificado es ineficaz y contraproducente. Acaso en una sociedad largo tiempo organizada con la «justicia social necesaria» y en la cual se hubieran eliminado las consecuencias de regímenes anteriores, injustos y abusivos, fuera aconsejable su implantación, cuando todos los individuos tuvieran garantizado el derecho a vivir sin carecer de lo necesario para su subsistencia.

Creemos que la sociedad tiene derechos irrebatibles; pero estimamos también que tiene deberes inexcusables. Nuestros argumentos no son «sentimentales», como pretende el señor Haro, sino sociológicos. Para estudiar estos problemas no debe olvidarse que el hombre no es un animal de laboratorio, para experiencias, sino un elemento social.

Si la sociedad hace víctimas de sus injusticias a unos cuantos (muchos millones) de seres, carece de facultad para «aislarlos» si a consecuencia de tales injusticias muchas veces no le son útiles. Si cumplidos todos los deberes sociales con un individuo éste por su libérrima voluntad incurriese en delito sanitario, la Humanidad tendría pleno derecho y completa autoridad moral para castigarlo.

¿Es que las razones de justicia y moralidad social son simples «argumentos sentimentales»?

Verdaderamente nos extraña la actitud de estos ilustres facultativos que llegan en su pasión profesional a admitir como lícita y aun deseable la «esterilización» de los varones que no puedan engendrar seres absolutamente sanos. (A este propósito nos permitimos indicar al doctor Haro que no está en lo cierto al asegurar que tal operación no se halla citada como delito en el Código Penal. Vea los artículos 429 y 430, donde se señalan penas de reclusión temporal a perpetua). Por otra parte, ¿es que los individuos sanos no engendran nunca seres defectuosos? ¿Es que las criaturas no absolutamente útiles deben dejarse morir, como ha hecho recientemente un médico norteamericano?

¿Qué quiere decir nuestro eminente contrincante al hablar de «hijos perniciosos para la sociedad» y «seres perjudiciales»? ¿Vamos a equiparar la generación humana con la cría caballar o la mejora del ganado merino?

Ignoramos si a los ojos del doctor Haro y de otros ilustres médicos que comparten su criterio estas medidas parecerán justas. Lo que sí afirmamos de manera terminante es que ni son humanas ni sociológicamente admisibles.

¿Que nosotros laboramos contra la convicción de que hay que ir sanos al matrimonio? Nos duele ver que el doctor Haro nos lance acusación tan gratuita como ofensiva. No creemos merecerla.

La esterilización es, a nuestro modo de ver, un crimen de lesa humanidad. No vivimos en sociedad para imponer limitaciones únicamente, sino para hacer más fácil y mejor la vida.

Lo que ocurre es que la sociedad no quiere cumplir sus deberes y pretende disminuirlos. Pero el régimen social que padecemos no será eterno. Ténganlo en cuenta estos eminentes facultativos. No procede, pues, la adopción de medidas encaminadas a «meter» la sociedad en unos moldes defectuosos y antinaturales por el mero hecho de que tales moldes existan, porque no debemos acatar las injusticias por arraigadas que estén. Obrando en conciencia, nuestro deber es romper esos moldes que nos torturan y plasmar el contenido social en otros que satisfagan las perentorias necesidades materiales y morales de los individuos humanos.

En cuanto a confiar en las cualidades de civismo, religiosidad… Francamente, no confiamos. Si quiere el doctor Haro convencerse de que no nos basamos en pesimismos (que están muy lejos de nosotros) lea, si gusta, la Prensa de un mes a esta fecha y verá noticias de buen número de infanticidios. Y esto es lo importante. Ver la realidad. Y es también importantísimo, a nuestro juicio, garantizar que todos los seres que vienen al mundo sanos no dejarán de serlo por carecer de lo indispensable. El primer deber de la sociedad es dar esta garantía.

Si después de todas estas consideraciones se sigue estimando como puramente negativa nuestra labor… habremos de confesar que ignoramos el valor de las palabras.

Para terminar, diremos que al ver opiniones como la que rebatimos viene a nuestra memoria una anédocta, que acaso no esté de más recordar:

Cierto profesor clínico explicaba a sus discípulos sobre un paciente al que no había sido posible anestesiar. El operado se quejaba de los grandes dolores que sentía. El profesor, irritado por sus lamentos, le increpó dicíendole: «¡Cállese, que no deja usted oír la explicación a mis discípulos!».

Luis HERNÁNDEZ ALFONSO
(«El Doctor Hache»)

~ por rennichi59 en Miércoles 8 diciembre 2010.

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