De Cartier a Nobile

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 30 de julio de 1928 en la Sección «Una información todas las noches» del diario «Heraldo de Madrid». Texto, titular y  fotografías proceden de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.

De las observaciones hechas por los exploradores desde Mac-Clure hasta ahora se desprende que el Polo Norte se halla situado en pleno océano glacial, cubierto de «icefields» (campos de hielo) y témpanos que se amontonan y caminan muy lentamente, derivando hacia el Sur en dirección oblicua. Algunos de esos bloques («icebergs») forman verdaderas montañas que constituyen, una vez flotando aisladas en el Atlántico, un gravísimo riesgo para la navegación. Uno de estos icebergs determinó la horrible catástrofe del «Titanic».

El general HUmberto Nobile.

LAS TIERRAS DONDE SE HA PERDIDO AMUNDSEN

La región ártica se caracteriza por la movilidad de sus hielos, que contrastan notablemente con los del Polo austral, siempre fijos por asentarse sobre un vasto continente.

Durante mucho tiempo se habló de la existencia de una gran isla al Norte de la Tierra de Wrangel y se indicaron otras (Tierras de Harry, Mac-Millan, Peary…). Hoy ya podemos asegurar que no existen. «Sólo hay —dijo Nobile al regresar de la expedición del «Norge»— un océano cubierto de hielo desde Spitzberg hasta Alaska».

El propio Amundsen lo corrobora añadiendo: «Es una región de quietud profunda donde los valores humanos pierden sus proporciones. La quietud completa no da sensación de soledad, sino de libertad absoluta».

Al Este de ese gigantesco campo de hielo se alza el archipiélago de Spitzberg, constituido principalmente por masas de granito rojo y coronado por elevadísimas montañas que brillan bajo las nieves perpetuas y son visibles desde muy lejos. El aspecto no puede ser más desolador. Durante siete meses de cada año el archipiélago, sumido en la sombra, aparece totalmente muerto, y únicamente hacia la mitad de los otros cinco meses hay señales de vida, sin que el calor vivifique sino pequeñísimas plantas, ni sus rayos iluminen más que algunas morsas, osos polares llegados allí sobre témpanos que viajan a la deriva y algún que otro rengífero.

Lo que abunda en sus costas es la ballena, hasta el punto de que en medio siglo los balleneros holandeses dieron caza a más de treinta y dos mil cetáceos.

LA SUERTE DE AMUNDSEN, GUILBAUD Y EL GRUPO ALESSANDRI

Como es lógico, dadas las características de aquellas latitudes, no caben grandes esperanzas acerca del salvamento de los expedicionarios. Únicamente el profundo conocimiento que Amundsen tiene de los hielos polares permite confiar en el milagro de que tornen con vida al mundo civilizado.

LAS PESQUISAS

Justo es reconocer que cuantos se hallaban en disposición de intentarlo se han lanzado a ellas con entusiasmo digno de elogio. Pero de todos quien con mayor ardimiento y más positivo resultado lo ha hecho ha sido el rompehielos soviético «Krassin», consiguiendo salvar a parte de los expedicionarios italianos.

No deja de ser curiosa la coincidencia de que sean los hombres de la gran república comunista los que tan hermoso servicio han prestado a la triste expedición organizada no tanto por los italianos como por su fascismo. De esta última aseveración nuestra son buena prueba las propagandas que precedieron a la salida del «Italia» y los indisculpables arrebatos de muchos periodistas adictos al «duce», y que por cierto han colocado a Nobile en muy difícil situación ante el mundo.

«Bautismo» del dirigible «Italia».

LOS MÓVILES DE LAS EXPLORACIONES

Como ya hemos insinuado, las primeras expediciones árticas no fueron realizadas con finalidad científica, sino puramente comercial. Esperábase descubrir en las regiones heladas inmensos tesoros naturales, y casi formóse en torno a los icefields la leyenda de un nuevo Dorado. Acaso por esta causa cuando se vieron los resultados de las expediciones de Hudson y Baffin se abandonó casi totalmente la empresa.

Durante mucho tiempo sólo los balleneros rebasaron el círculo polar.

Después, en el siglo XIX, otros móviles, indudablemente más elevados, hicieron renacer el interés por las regiones árticas. Organizáronse misiones científicas, extableciéronse premios oficiales concedidos por las diversas naciones a sus súbditos, lo que dio lugar a competencias internacionales que, nobles en su origen, alcanzaron extremos francamente dolorosos. Así vemos la pugna constante entre ingleses, norteamericanos, suecos, noruegos, daneses…

Ahora el fin capital que se persigue con las expediciones árticas no lo determinan ni la sed de oro ni el afán de aventura ni un vago espíritu científico. Se quiere, más concretamente, contribuir a los estudios meteorológicos. En el Polo Norte está, como se sabe, la clave del régimen de vientos de nuestro hemisferio. Uno de los proyectos más importantes de Amundsen era establecer en torno al Polo Norte una a modo de cadena de observatorios que pudiesen dar normas a la navegación polar, al tiempo que contribuirían al perfeccionamiento de la ciencia meteorológica, hoy tan empírica y rudimentaria.

PUNTOS NEGROS

Hay suposiciones cuya sola existencia deprime el ánimo y repugna a los sentimientos de humanidad y nobleza. Las acusaciones lanzadas contra Nobile pertenecen a esa clase, ya que de ellas parece deducirse que el general italiano, deliberadamente, abandonó en la inmensidad helada al desaparecido doctor Malmgrem, con el que había cuestionado durante el vuelo del dirigible.

Mas con ser las anteriores sospechas de suma gravedad, mayor repugnancia nos inspira la de que Zappi despojara de sus ropas al desventurado sabio noruego y aun a su compatriota Mariano. Por decoro de Italia, y en nombre de la Humanidad y de la justicia, es absolutamente necesario que el enigma se aclare. En tal sentido se ha expresado también Mussolini, y ésa es además la voluntad de todos cuantos han seguido el curso de la trágica expedición.

LA VOLUNTAD SOBRE EL HIELO

En medio de los horrores sufridos por la mayor parte de las misiones exploradoras se hallan siempre reflejadas en los diarios de viaje las mismas pequeñas satisfacciones, anécdotas de ingenuidad infantil que, aunque parezca paradoja, son muy propias de grandes hombres cuando éstos se encuentran a miles de kilómetros de sus hogares y al salir de ellos casi han renunciado a la dulce esperanza de volver.

La lectura de las indicadas relaciones es sumamente curiosa. Las habilidades de un perro groenlandés, la facilidad de un compañero de expedición para imitiar los gestos de sus camaradas, la menor cosa, en fin, basta para llenar de alegría a todos los héroes que con serena constancia desafían a la muerte y no siempre logran vencerla.

En casi todas las expediciones surge algún «periodista circunstancial» que redacta y «edita» un semanario «rotativo» (así llamaba uno de los compañeros del duque de los Abruzzos al periódico que escribía a bordo del «Stella Polare», fundándose para darle tal calificativo en el hecho de que el único ejemplar de la revista «rodaba» de mano en mano, para que lo leyeran todos sus compañeros de expedición).

Hombres de tal temple reían de buena gana al leer en los «Ecos de sociedad» del aludido «rotativo» unas líneas en las que poco más o menos se decía: «El señor Oso ha salido con rumbo desconocido a consecuencia de la amable invitación que por medio de su fusil le envió nuestro compañero señor Z. Le deseamos largo y próspero viaje».

Los días señalados se celebran también por los exploradores mientras les queda un poco de té y de harina, y alguna de estas fiestas en medio de la soledad infinita de los campos de hielos adquiere una solemnidad muy superior a la que se finge en los salones oficiales.

Expedición del duque de los Abruzzos al Polo Norte.— Isla de Northbrook.

CONCLUSIONES

Como resumen de nuestra rápida ojeada histórica indicaremos que es verdaderamente maravilloso el avance que representan, por su rapidez, las modernas expediciones con respecto a las anteriores, merced al uso combinado de todos los elementos de comunicación que la Ciencia ha creado. La catástrofe del «Italia» nada prueba en contrario, tanto menos cuanto que aún no se han averiguado sus causas.

Recordemos si no aquellas exploraciones en que se invertían dos o tres años como mínimo y en las que (como ocurrió en una de Shackleton al Polo Sur) era frecuente verse obligados los exploradores a permanecer prisioneros de los hielos durante toda una noche de seis o siete meses.

Sea cual fuere el resultado de los esfuerzos que en la actualidad se realizan para salvar a los expedicionarios desaparecidos, es innegable que el enigma no durará mucho tiempo. Y todo es preferible a la duda, a la terrible duda que pone espanto en el alma, desequilibra las inteligencias y atenaza el corazón con su angustia.

LUIS HERNÁNDEZ ALFONSO

~ por rennichi59 en Sábado 11 diciembre 2010.

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