La responsabilidad social en el caso de Vicente Medina

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 28 de marzo de 1929 en el diario «Heraldo de Madrid». Texto y titular proceden de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.

El director de «El Presidencialista», D. Luis Hernández Alfonso, nos remite el siguiente artículo, en pro del indulto de nuestro gran poeta preso:

«Dolorosísima impresión nos ha producido la noticia publicada en estas acogedoras columnas de que uno de nuestros mejores líricos, el gran poeta murciano, autor de Cansera, La muerte del maestro, El ataulico y tantas otras joyas, se halla preso en Rosario de Santa Fe, a consecuencia de una estafa cometida por un alto funcionario de la Empresa en que Medina trabajaba.

Ignoramos el grado de culpabilidad de nuestro compatriota, aunque nos inclinamos a creer que se trata de uno de esos casos en que la obediencia a quien puede quitarnos el pan nos lleva a complicidades insospechadas. Pero no es esto lo que importa para nuestro propósito, ni resultaría pertinente juzgar acerca de la justicia de una sentencia dictada por magistrados dignos y con arreglo, sin duda, a la legislación penal argentina.

Impórtanos hoy examinar las causas que pusieron al cautivo poeta en el amargo trance de encerrar su vejez entre los muros de una prisión. ¡Él, el cantor de La bandá de pajaricos sueltos! ¿Es suya toda la responsabilidad? ¿No alcanza también, y principalmente, a una sociedad que no garantiza a sus miembros un medio de vivir honrosamente?

Vicente Medina, el ruiseñor de la hermosa vega murciana, hubo de emigrar en busca del sustento. Todos los esfuerzos que hizo para obtenerlo en España fueron vanos. Y el poeta, perseguido por la tenaz miseria, destrozando su intenso amor a la patria grande y a la patria chica, cruzó el mar para ya no volver.

¿Es que no se le reconoció su mérito? Nada de eso. Por el contrario, sus composiciones se hicieron pronto célebres y muchas de ellas figuraron hace bastantes años en las antologías. Y esto es, acaso, lo más doloroso. Se sabía que era un gran poeta; no le faltaron alabanzas, buenas palabras, laureles… Le faltó pan y tranquilidad, y eso… no hubo quien se lo diera.

¡Triste destino el de los artistas españoles! ¿Cuántos no se hallan en el mismo trance? Conocemos a muchos que tienen por todo caudal un montón de elogios…

He aquí la responsabilidad social. Hemos dicho muchas veces que la principal razón de la existencia de la sociedad es la obligación que le incumbe de hacer posible la vida de sus individuos. Si, por el contrario, la organización social sólo ha de servir para perpetuar el privilegio humillante de que unos gozan en perjuicio de los demás, la sociedad deja de ser útil para convertirse en perjudicial.

El poeta, como el pintor, el músico, el escultor…, el artista, en fin, es un bienhechor de la Humanidad, a la que brinda desinteresadamente el inagotable filón de su sensibilidad y de su fantasía. «Los artistas —dijo el gran pensador— dan a la sociedad, centuplicado, el pedazo de pan que de ella reciben». ¿Cómo cumple, pues, sus deberes esta caduca organización humana, esclava del interés mezquino, entronizadora de la ineptitud adinerada y verdugo de todo arte nacido entre dolor y miseria?

HERALDO DE MADRID ha hecho un llamamiento a la intelectualidad española para que recabe la libertad de nuestro gran lírico Vicente Medina. Hermosa iniciativa. Pero pedimos más: que todos los españoles, intelectuales, obreros…, cualquiera que fuere el orden de su actividad, apoyen tal solicitud. A todos les atañe y sobre todos pesa un poco de esa responsabilidad social a la que me refiero. Al pedir la libertad del poeta no ejercerán un derecho de humanidad únicamente, sino que cumplirán el indiscutible deber de reparar la falta cometida por la sociedad, de la que forman parte, al negar a un gran artista el pobre pan de su querida patria.

Humildemente, con toda la emoción que nos produce el arrepentimiento, pedimos desde estas columnas a la hidalga nación argentina la libertad de nuestro poeta, no ya sólo por él, si delinquió, sino también por nosotros, que delinquimos igualmente al no cumplir con él nuestros más elementales deberes de humanidad.

Luis HERNÁNDEZ ALFONSO
Madrid, 20-III-29».

~ por rennichi59 en Domingo 12 diciembre 2010.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: