Caridad… al uso

Poesía de Luis Hernández Alfonso perteneciente al poemario inédito Ofrenda (1928).

Caridad… al uso

(Aguafuerte)

¡Oh, bella caridad! ¡Cuántas señoras!

Ministros, militares, uniformes.

Chisteras y mantillas,

sombreros y fajines y bastones…

¡Qué lujo! ¡Cuánta gente!

De una marcha triunfal a los acordes

sube el Rey unas gradas.

Detrás suben los nobles.

Discursos, alabanzas,

saludos y canciones:

«La salvación de los destinos patrios…»

«Los máximos valores…»

«Civismo, humanidad, ciudadanía…»

Vítores, entusiasmo, aclamaciones.

Las señoras, llorando, enternecidas.

Ya se acallan las voces.

Ya vamos a saber de qué se trata.

Ved los alrededores

del lugar de la fiesta.

Entumecidos

niños, mujeres, hombres,

formando larga fila

sufren de la intemperie los rigores…

¡Se van a regalar —es eso todo—

cincuenta panes a quinientos pobres!

29-V-28.

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~ por rennichi59 en Domingo 19 diciembre 2010.

2 comentarios to “Caridad… al uso”

  1. Estimado amigo,

    la vigencia de lo que no sin cierta ironía describe su abuelo es tal, que puede que haya cobrado aún mayor sentido en estos tiempos.

    Como siempre, nos remitimos a los clásicos, que por algo lo son.

    “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos”.

    “Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”.

    Mt 6, 3.

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  2. Estimado amigo Ramon:

    Concuerdo del todo con Ud. en que este «aguafuerte» de mi abuelo —parece que reservaba esta calificación a ciertas poesías de carácter marcadamente social— no ha perdido vigencia en el fondo. Las chisteras y las mantillas han dejado paso a otras prendas, pero, bajo otros oropeles —a veces los de algunas modernas ONG, pero pienso sobre todo en algunos «patrocinadores» comerciales de determinadas campañas supuestamente humanitarias—, la terrible, gráfica conclusión de los dos últimos versos (creo que excelentes por la sabiduría con que producen en el lector el efecto deseado) sigue siendo, por desgracia, totalmente actual.
    Muchas gracias por su comentario.

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