A Pizarro

Poema de Luis Hernández Alfonso perteneciente al poemario inédito Ofrenda (1928).

 

A Pizarro

(Poema)

I

 

Con semblante sereno y absorta la mirada

en el turbio horizonte fijamente clavada

parece que interrogas a la inmortalidad:

¿Qué habrá, lejos, muy lejos, donde reina la bruma?

Oíste hablar de mares coronados de espuma

del palio de los cielos bajo la inmensidad.

Sentiste la amargura de mirarte humillado

a la tierra inclemente por tu suerte ligado

y tuviste el anhelo de otra vida mejor,

de una vida cuajada de zozobra y quimera,

de una vida más dura, de una vida que fuera

coronada de espinas o nimbada de amor.

Y soñaste… Soñaste con la tierra lejana

donde acaso la vida se nos robe mañana,

donde acaso la muerte nueva vida nos dé.

Una tierra distinta donde ruge la guerra,

donde brota la sangre que fecunda la tierra,

donde brotan las flores del valor y la fe.

 

[II]

 

Desde Italia, nuevo campo necesita tu bravura

y has buscado la aventura

en la tierra americana

tan lejana

que a los hombres les parece su conquista una locura.

Pocos héroes han surcado con sus naves ese mar…

Un puñado de españoles ¿dónde van? Nadie lo sabe

mas harán llegar su nave

a la costa donde tienen la promesa de luchar.

Nada importan los peligros. Es el rasgo de la raza

caminar por el sendero peligroso que les traza

la ilusión devoradora de la mágica inquietud

y allí esperan los guerreros, siempre bravos cuanto fieles,

en la tierra los laureles

y en la Historia de los hombres la perenne gratitud.

 

[III]

 

Del Inca en el imperio la planta afianzaste

y tremoló en los Andes el pendón imperial.

De pueblos, tu camino venturoso sembraste

donde vive y perdura tu recuerdo inmortal.

Con los pies en la tierra que nadie conocía

tu frente se nimbaba con eterno fulgor

y en cada nueva lucha tu corazón latía

como si los pesares le dieran más vigor.

¡Pizarro! ¡Cómo tiemblan los labios al nombrarte!

¡Cuánto fervor las almas concentraron en ti!

Tú le dijiste al mundo: «No quiero contestarte

con el rigor que un día tuviste para mí.

Yo quiero como pago de tu cruel olvido

darte nuevas regiones que del mar arranqué.

Con sangre de mis venas sellado el pacto ha sido.

¡Ya ves cómo el recuerdo no ha matado mi fe!».

 

[IV]

 

Triste mañana, tan triste

que recordarla tortura…

La herida con que caíste

no fue el hierro que sentiste

pues te mató la amargura.

¡Villanos, hombres villanos

aunque tuvieran blasones

(vergüenza de castellanos)

pues que vendieron sus manos

al odio y a las pasiones!

Ellos cuando con su saña

te arrebataron la vida

no meditaron su hazaña

porque a tu pecho y a España

alcanzó la misma herida.

 

Volver al índice de la obra

~ por rennichi59 en Sábado 25 diciembre 2010.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: