Salutación

Poesía de Luis Hernández Alfonso perteneciente al poemario inédito Trovas (1929).

 

Salutación


Salud. Surquen los aires los cóndores altivos

y brille en las montañas la nieve en su blancor.

Susurren en las selvas los pájaros cautivos

en la prisión de flores de aroma embriagador.

Ofrezcan su tesoro las sierras escarpadas

y mírese en las aguas la flora tropical.

Las ruinas de palacios se vean retratadas

en rápidas corrientes de espuma y de cristal.

¡América! La virgen que plácida dormía

en el regazo inmenso de la llanura azul

bajo radiante bóveda de un cielo de alegría

sobre un tapiz, envidia de Smirna y de Kabul.

Igual que una heroína de medioeval poema,

espera al caballero que la rescatará

y en ansia inextinguible su corazón se quema.

¿Quién en su oculto encierro la planta posará?

Llegaron. Eran hombres curtidos en la guerra,

—en el tahalí la espada y la esperanza en Dios—

porque era insuficiente para su afán la Tierra

y solo caminaban de la victoria en pos.

Llegaron. Eran hombres altivos y sinceros.

Llevaban en su mano la enseña de la Cruz

y al sol de aquellos valles brillaron sus aceros

y retumbó en las quiebras su mágico arcabuz.

Llegaron. Y los siglos siguieron su carrera.

Pasaron los dolores del rudo despertar.

El fruto de su esfuerzo la Humanidad espera,

cosecha inapreciable que no ha de fracasar.

Sobre la blanca espuma, la virgen que dormía

se unió con el guerrero bajo su cielo azul.

La bóveda radiante quemarse parecía

sobre el tapiz, envidia de Smirna y de Kabul.

Corrió después la sangre. No hay página en la Historia]

que no tenga la huella sangrienta del dolor.

Es símbolo o estigma, baldón o ejecutoria:

con ella se señalan el odio y el amor.

La herida es siempre herida. Acero por acero

es trágico si mata villano a un adalid

y es grande y es sublime si tiende justiciero

a quien urdió traiciones huyendo de la lid.

Mas si cayó la sangre, la cuenta está saldada,

si el luchador con honra su idea defendió.

La idea siempre vence, triunfante o derrotada,

si aquél, por sostenerla, cuanto tenía dio.

Salud, plácida América, la de la luz radiante,

la perla del Atlante

cubierta con las galas de un carmen de ilusión.

Salud. Vibra en tu entraña

el oro de tus montes que en el crisol de España

aún hierve con el ímpetu soberbio del león.

Tus montes presenciaron

las gestas que asombraron

a todo un viejo mundo que no supo de ti

hasta que los soldados de una nación gloriosa

rasgaron con su espada tu selva misteriosa

y solo sus heridas guardaron para sí.

Tú viste los fulgores de su ferviente llama,

lucharon en tu suelo «los trece de la fama»

sufriendo los rigores del clima ecuatorial.

Los que a vivir vinieron

en tu jardín murieron

al escribir con sangre la página inmortal.

Recuérdalos; son hombres que por su fe murieron,

recuérdalos, América, porque por ti supieron

morir con la esperanza puesta en tu salvación.

Conserva en tus entrañas las tumbas bendecidas

en el feliz misterio de tu llanura hundidas,

porque por ti lucharon sin mengua ni traición.

Y cuando ya pasaron los días azarosos

en que de inevitables rasguños dolorosos

tu sangre, sangre virgen, magnánima brotó

¡que se unan tus jardines con el jardín hispano

y que a la vez recuerden la generosa mano

que en amoroso anhelo de flores os cubrió!

 

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~ por rennichi59 en Domingo 23 enero 2011.

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