El fantasma del caudillaje

Existe —y existirá siempre— la secta de los Destructores de Ideales. Los Destructores de Ideales militan bajo la bandera negra del pesimismo. Han nacido del influjo de un signo negativo. Han nacido en la noche de todas las decadencias.

Asisten —con un gesto de amargura en los labios— al nacimiento de cada una de las Ideas. Ese gesto de amargura es natural en ellos. Porque ellos son los enemigos de toda fecundación, de todo alumbramiento. Y del proceso de todas las renovaciones.

Ellos se dedican a la busca de los obstáculos. Y su gesto de amargura se muda por una mueca de bienestar, ante el surgir de los inconvenientes. Ellos visten con lo transcendental a lo nimio. Y con lo baladí construyen murallas —o abismos—, en su eterno afán de invisibilizar los horizontes y hacer inasequible el más allá.

Estos Destructores de Ideales son: Destructores de todos los ideales. De nuestro ideal también, por lo tanto.

Tuvieron noticia de que había nacido nuestro ideal. Y se acercaron a nosotros. Ya cerca, contemplaron el —relativo— florecimiento. Y se aprestaron al ataque.

Están frente a nosotros, todavía. Estarán frente a nosotros mucho tiempo. Pero se cansarán. Porque somos más fuertes que ellos. A nosotros ellos no nos importan. Los que nos preocupan son los hombres de buena fe. Estamos escribiendo para los hombres de buena fe. Para que estos hombres de buena fe, que los ven a ellos atacarnos, nos vean defendernos y aprendan la consistencia de las razones, con que respondemos a los disparos de las sinrazones de ellos.

* * *

Nosotros somos paladines de la causa republicana presidencialista. Porque creemos —más aún: sabemos— que la República Presidencial es la mejor, la única deseable entre todas las repúblicas. (Y no hablamos de las Monarquías, porque hoy no nos interesa lo efímero).

Ya sabéis qué es esencial y formalmente una República Presidencial, porque ya se os ha dicho.

Puesa bien; ellos, los Destructores de Ideales, los buscadores de obstáculos han encontrado un obstáculo. Uno entre muchos. El obstáculo que oponen a nuestra República es la posibilidad del caudillaje. Posibilidad que consideran inedefectible.

Deberíamos reírnos… ¡Temor al caudillaje…! Pero el caudillaje, en definitiva, ¿qué es, sino la Dictadura? Y la Dictadura, ¿no ha tenido su asiento, y lo conserva aún, en las Repúblicas Parlamentarias?

Recordemos a Grecia. Volvamos los ojos a Portugal. Y… ya hemos dicho que hoy no queremos ocuparnos de las Monarquías.

Bastaría eso para no acusar al caudillaje de ser un mal inherente a las Repúblicas Presidenciales.

* * *

Y circunscribamos ahora los conceptos:

Estamos en España. Veamos si en España cabe ese caudillaje mortífero, del que nos dan como ejemplo los casos de las Repúblicas Presidenciales de Iberoamérica.

En la psicología de los pueblos, son factores integrantes los atavismos de raza; las influencias del clima.

En esas Repúblicas Presidenciales de Iberoamérica, el caudillaje ha sido un hecho; lo sigue siendo, desgraciadamente, aunque en menor grado y lo será… hasta que desaparezca, por obra y gracia del tiempo y del progreso.

Pero analicemos:

El Brasil: Su población cuenta con un crecido porcentaje (50 por 100, aproximadamente) constituido por negros y mulatos.

Méjico: Digamos lo mismo. Su porcentaje lo constituyen un 86 por 100 de indígenas (pieles rojas) y mestizos.

Podríamos citar más casos. Para abreviar, diremos que, en general, en todas estas repúblicas, la raza pura forma una minoría considerable.

Esto ¿es algo?

Esto es mucho.

El indígena mejicano es refractario a la europeización. Hijo de la tierra del fuego (primitivismo instintivo y temperamental), es indómito por naturaleza y guerrillero por tradición.

Algo similar puede afirmarse de los negros del Brasil, oriundos de África, anotando en su haber una buena calidad innata: propensión a civilizarse no en muy alto grado, pero sí lo bastante para contrastar, ante el arraigado cavernarismo de los indios.

En cuanto a la minoría blanca pura, aún hemos de seccionar. Porque la integran los naturales y los inmigrados. Los primeros —mayoría de esa minoría— descendientes de aquellos primeros pobladores. Buscadores de oro, de cuya estructura —o deformación— moral, nada decimos por no herir, acaso, susceptibilidades. Pero sin olvidar su condición de aventureros.

En contraposición, miremos a los Estados Unidos de América, cuyo régimen político es también presidencial. ¿Existe allí caudillaje? No. ¿Por qué…?

Sus habitantes, en mayoría considerable, son anglo-sajones nativos. Quizá este detalle puede muy bien ser la respuesta a aquel ¿por qué?

* * *

De otra parte: Esas «luchas intestinas» que sufren las repúblicas iberoamericanas, ¿no pueden obedecer también al influjo de la política exterior de Yankilandia?

Atendamos al instinto monopolizador que domina el sistema de los Estados de la Unión con respecto a los pueblos de los demás Estados de América.

Aquellos siembran y fomentan las discordias interiores de las pequeñas repúblicas. Su finalidad, fácilmente explicable. Las luchas, los desarreglos, debilitan. Y —permítasenos— los peces grandes son siempre los que obtienen beneficio cuando el mar se revuelve.

* * *

Ahora bien: todas estas causas que influyen directamente en la posibilidad del caudillaje en América, son peculiares. Y en España no existen.

Luego los españoles no debemos tener siempre a la vista ese fantasma.

Ni existe, como obstáculo, para la República Presidencial.

Sépanlo los buscadores de obstáculos; los Destructores de Ideales.

Y estén sobre aviso para cuando se encuentren frente a ellos, todos los hombres de buena fe.

M[anuel] F[eijóo] Torres

«El Presidencialista», n.º 7  (julio de 1928)

~ por rennichi59 en Sábado 12 marzo 2011.

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