Más sobre la Francia burguesa

Recordarán nuestros lectores que en el número 5.º de «EL PRESIDENCIALISTA» estudiamos las elecciones francesas y calificamos a la vecina república de burguesa y parlamentarista como lo demostraba el resultado de aquéllas. Y ahora insistimos sobre el particular comentando un artículo publicado recientemente en «La Libertad» por el ilustre escritor D. Marcelino Domingo, admirablemente escrito, por cierto, como todo lo que sale de la pluma del líder republicano y cuyo título Francia, ejemplo de eficacia y democracia nos parece alusivo, ya que las tales eficacia y democracia constituyen la esencia de nuestro credo presidencialista.

Analiza y elogia el Sr. Domingo, con su prolijidad acostumbrada la enorme labor llevada a cabo por el ministro de Hacienda y Presidente del Consejo Sr. Poincaré en colaboración con el Parlamento: la estabilización del franco.

Recordará D. Marcelino que días antes de llevar el Sr. Poincaré su proyecto financiero a la Cámara de Diputados, presentó ante la misma la cuestión de confianza, y sabido es que, como sucede en tales casos y en tales regímenes, de haber sido desatendida entonces aquella petición y rechazado ahora el proyecto, el señor Poincaré hubiera tenido que dimitir produciendo una crisis ministerial que perjudicaría grandemente la estabilidad de la divisa francesa y pondría en grave riesgo la vida económica del país. ¿Qué necesidad hay, pues, de este temor? ¿Por qué una decisión del Parlamento ha de poner en peligro la vida de los gobiernos? En un régimen presidencial esto no sucede. La Comisión de Hacienda presentaría el proyecto de ley o el ministro del ramo, si estuviera facultado para hacerlo, y la Cámara lo aprobaría o lo rechazaría sin que de su decisión dependiera la vida del gabinete ya que la separación de poderes (o, mejor quizás, de atribuciones) es una de las condiciones esenciales del sistema.

Por lo tanto, lo acontecido en Francia no prueba nada en contra del presidencialismo; al contrario, en el ejemplo francés ha habido el riesgo de una de esas frecuentes crisis que tanto perjudican a la administración nacional.

Y entrando en el fondo de la cuestión vemos que la labor realizada en Francia por ambos poderes, Ejecutivo y Legislativo, no es sino una manifestación del sentido burgués de la nación vecina. La estabilización de la moneda es un interés de la burguesía. La Cámara y el gobierno se han unido para halagar a la plutocracia. Y esos mismos Poderes que unánimemente aprueban la estabilización monetaria, meterán en la cárcel una vez más a los comunistas y se negarán a indultar a los autonomistas alsacianos. He ahí el ejemplo democrático de Francia. Ahora bien: si la democracia consiste en ayudar y defender al capitalismo, entonces sí reconocemos en Francia una nación democrática; pero renegamos de tal democracia.

Sólo nos queda hacer constar, Sr. Domingo, la diferencia que existe entre el autor de Un visionario y el firmante del artículo Francia, ejemplo de eficacia y de democracia.

Luis López Burgos

«El Presidencialista», n.º 7  (julio de 1928)

~ por rennichi59 en Domingo 13 marzo 2011.

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