Proyectos de socialización económica del Partido Republicano Presidencial-Comunista de España

Los siguientes proyectos se publicaron parcialmente en la prensa de izquierdas de la época y en su integridad como apéndice al libro de Luis Hernández Alfonso Verdad y mentira de la República Española (Ediciones Boro, Madrid 1933), cuya reedición esperamos poder anunciar pronto a nuestros amables lectores.

Cabe suponer que muy otra habría sido la política social y económica llevada a cabo por la Segunda República —y señaladamente su alicorta y acaso errónea reforma agraria— de haberse incorporado a la Constitución algunos de los proyectos que aquí se indican.

 

Proyectos de socialización económica presentados a las Cortes Constituyentes, con fecha 23 de julio de 1931, por el Partido Republicano Presidencial-Comunista de España y redactados por el Comité designado al efecto por dicha entidad política

 

PRELIMINAR

Los proyectos de socialización económica que ahora formulamos no llegan, cuantitativamente o en su extensión, al punto señalado por nuestro ideal. Pero, cualitativamente o en su naturaleza, se ajustan con fidelidad al criterio comunista que hemos adoptado y que expusimos en nuestro segundo manifiesto (27 de mayo último).

Al proceder así, no nos desviamos del camino que nos parece recto; avanzamos en él hasta donde podemos actualmente, dejando el terreno preparado y quedando nosotros dispuestos para nuevos avances.

Si hay aquí posibilismo u oportunismo, no merece ser censurado; lo impone la necesidad y nada tiene de claudicación.

Queremos vivir en la realidad, por lo cual no proyectamos cosas utópicas, sino factibles. Para convencer de esto último a los incrédulos o desconfiados, recordaremos (en el curso de nuestra exposición) medidas adoptadas y aun instituciones establecidas por los burgueses e indicaremos el modo de irlas adaptando al comunismo.

Comencemos por la

 

SOCIALIZACIÓN AGRARIA

Los antecedentes doctrinales y prácticos de ésta abundan en España desde remota fecha.

Teóricamente, el colectivismo agrario fue defendido por el trinitario (comunista y republicano, según Costa) fray Alonso de Castrillo en su Tratado de República, publicado en 1521; siguiéndole durante aquella misma centuria y las sucesivas otros muchos escritores, entre los cuales figuran algunos tan ilustres como Luis Vives, fray Domingo de Soto, el padre Juan de Mariana, los afiliados a la escuela aragonesa del siglo XVIII, Rafael de Floranes, José Calatrava, Franco Salazar, Ramón de la Sagra, el canónigo Martínez Marina, Ramón Salas y Flórez Estrada. Dos trabajos de este último (el plan sometido a las Cortes en 1836 y el opúsculo Cuestión social) son anteriores a los libros Progreso y miseria (1877) y Nacionalización de la tierra (1881), en los cuales exponen sus respectivos sistemas colectivistas el norteamericano Henry George y el inglés Dr. Wallace.

En los hechos, la costumbre y la legislación española ofrecen ejemplos tan numerosos como antiguos de tierras comunales trabajadas y disfrutadas también en común o individualmente; y más de una vez nuestros legisladores y gobernantes han limitado el derecho de los propietarios negligentes, imponiéndoles el cultivo de sus fincas por otras personas, prohibiéndoles aumentar el precio de la renta, etc. Ante estos precedentes resultan bien tímidos los recientes decretos del Gobierno Provisional de la República sobre arrendamientos colectivos y roturación obligatoria.

Hay que avanzar gradual, pero resueltamente, por el camino de la innovación radical.

Ante todo, rechazamos resueltamente la división del dominio privado de la tierra; porque, tanto cuanto aumenta el número de propietarios dificulta la verdadera socialización agraria. Dígalo, si no, la reciente experiencia del bolchevismo en Rusia. Mientras las circunstancias lo exijan o aconsejen, habrá que respetar la pequeña propiedad; pero no se incurra en la funesta equivocación de multiplicarla.

Tampoco aprobamos la concesión de usufructos vitalicios que, ligando la actividad e interés de los hombres a determinados campos, despierta o fomenta en aquéllos el deseo de apropiarse de éstos, lo que suele ocurrir. Son muy instructivos, sobre el particular, los ensayos colectivistas hechos en España durante la segunda mitad del siglo XVIII por los gobernantes de la escuela aragonesa.

Los repartimientos periódicos y temporales efectuados también en nuestro país comparten y agravan, respectivamente, los dos grandes defectos que son comunes a todos estos sistemas: la particularización del aprovechamiento y la imposibilidad del cultivo extensivo.

El arrendamiento colectivo y la cooperación no combaten radicalmente el mal, que es el dominio privado; mantienen la individualización en el reparto de frutos e impiden realizar debidamente el trabajo.

Optamos, pues, por la adopción de las siguientes medidas:

1.ª Constituir patrimonios agrarios comunes con los terrenos laborables expresados a continuación, sin perjuicio de los demás que las leyes añadan:

a) Los disponibles inmediatamente con tal objeto, merced al actual ordenamiento jurídico: 1.º, los que ya son de dominio público, los de aprovechamiento comunal y los patrimoniales de la nación, las provincias y los municipios; 2.º, los que pertenecían al Real Patrimonio; 3.º, los que se adjudiquen a las Haciendas públicas (nacional o locales) por débitos a las mismas; y 4.º, los que éstas obtengan por los medios de adquirir hoy establecidos.

b) Los que aquéllas adquieran en virtud de las reformas que siguen: 1.ª, concesión del retracto a la Administración pública, con preferencia a los comuneros y colindantes, en toda enajenación de fincas rústicas; 2.ª, supresión de las accesiones a que se refieren los artículos 372 y 373 del Código Civil (cambio natural de cauce de ríos y formación de islas en éstos); 3.ª, abolición de herencias testada e intestada fuera de la línea directa, ascendente y descendente; 4.ª, confiscación de los bienes de las órdenes religiosas; 5.ª, expropiación de las haciendas rústicas en cuanto excedan del máximum de propiedad privada que permita la ley que al efecto se dicte; y 6.ª, incautación definitiva por las Administraciones públicas de los terrenos no empleados en trabajos agrícolas o industriales durante dos años consecutivos, cualquiera que sea su extensión y aunque pertenezcan a particulares.

La ejecución de estas medidas no será muy difícil, porque contará con el apoyo de la mayoría del pueblo.

2.ª Unir y preparar los campos en forma que permita cultivarlos extensivamente; y si para ello estorban los terrenos intermedios, procurar adquirirlos, aunque sea por expropiación forzosa.

3.ª Encomendar la administración de dichos patrimonios a órganos oficiales de la nación o de sus esferas locales, atendiendo a la situación geográfica de los inmuebles y a otros motivos de necesidad o conveniencia pública; y

4.ª Encargar a los funcionarios técnicos de aquellas entidades las mayores extensión e intensificación de la enseñanza agrícola, que formen los planes de cultivo y dirijan éste, quedando para otros empleados las demás tareas administrativas.

 

SOCIALIZACIÓN FORESTAL

Para convertir en ésta, propiamente dicha, el deficiente y en parte equivocado régimen forestal hoy vigente en España, proponemos las siguientes medidas:

1.ª Constituir patrimonios forestales con estos montes: a), los públicos actualmente exceptuados de venta por motivos de utilidad también pública; b), los que sean objeto de la misma declaración por igual causa, entre los que se vayan adquiriendo; y c), los de propiedad privada que merezcan también dicha calificación como consecuencia de la revisión que sufrirán con tal objeto. Serán adquiridos por convenio o por expropiación forzosa, prohibiéndose, bajo severas penas, la tala o enajenación de estos bienes durante las operaciones revisorias.

2.ª Suprimir en absoluto las concesiones de aprovechamiento en favor de particulares; y

3.ª Aplicar, con las adaptaciones necesarias, las medidas tercera y cuarta del proyecto anterior sobre administración, enseñanza, formación y ejecución de planes facultativos, etc.

 

SOCIALIZACIÓN PECUARIA

Colectivizados en nuestro país, desde antiguo, algunos aspectos de la ganadería, hay que socializar radicalmente ésta, sustituyendo la de dominio privado por la de pertenencia común, lo cual puede lograrse adoptando las medidas que siguen:

1.ª Formar ganados comunes con las reses que no tengan dueño conocido y con las adquiridas por cualquiera de los medios que se autoricen. Uno de ellos puede consistir en obligar a los dueños de reses hembras a que las lleven, en época oportuna, a los depósitos de sementales, incautándose el organismo oficial correspondiente de las crías que resultaran.

2.ª Utilizar, para la estancia y mantenimiento de tales ganados, los montes públicos y demás terrenos comunes, así como sus frutos en la parte necesaria o conveniente, poniéndose de acuerdo con ese fin los respectivos administradores al confeccionar y ejecutar los planes forestales y agrarios; y

3.ª Adoptar y cumplir rigurosamente medidas que reduzcan con la mayor rapidez posible el número e importancia de los ganados particulares e impidan la formación de otros nuevos.

 

SOCIALIZACIÓN PESQUERA, DE CAZA Y OTRAS

Tampoco faltan ejemplos de la primera en este país, donde hay sociedades de pescadores que ejercen más o menos colectivamente su profesión y existen pesquerías municipales y del Estado, el cual monopoliza las almadrabas.

Tal socialización puede completarse con estas medidas:

1.ª Monopolizando la nación o los organismos locales (según los casos), la pesca y la cría de peces en aguas públicas y en las propias de aquéllos, monopolio que ejercerán directamente, sin arrendarlo ni concederlo de otro modo a particulares; e

2.ª Incautándose dichas entidades de los barcos y aparatos de pesca que sean de dominio privado, reservándose la facultad exclusiva de pescar y usar tales cosas.

———

Cabe socializar la caza con medidas como ésta:

Expropiando totalmente (con independencia de otras expropiaciones) los cotos de caza y prohibiendo la formación de otros nuevos por particulares.

Conviene socializar igualmente la avicultura, apicultura y sericicultura, aprovechando para ello la abundante alimentación que proporcionen las demás socializaciones y utilizando otros medios de que dispone la Administración pública.

 

SOCIALIZACIÓN MINERA

Generalmente reconocido en teoría, así como declarado por nuestra legislación, el dominio público de las minas, autorizado el libre aprovechamiento de ciertas sustancias minerales y explotadas algunas de aquéllas por el Estado, procede completar esta socialización adoptando las siguientes medidas:

1.ª Declarando la inmediata caducidad de todas las concesiones hechas y prohibiendo en absoluto hacer otras; y

2.ª Efectuando el Estado la incautación y laboreo de las minas, sin excluir la explotación de los yacimientos petrolíferos y las aguas minero-medicinales.

 

SOCIALIZACIÓN INDUSTRIAL

Ésta (grandemente facilitada y favorecida por otras cuando aproveche los múltiples y valiosos elementos que ellas le proporcionen) no tardará en colocar a la industria pública por encima de la privada, a la cual irá absorbiendo o reemplazando.

A su vez, y gracias a ese desarrollo, la industria socializada beneficiará cada día más a otras socializaciones y a sí misma con el creciente y eficaz auxilio de la maquinaria que construya, las materias químicas que produzca, etc.

Un sistema tributario adecuadamente dispuesto y manejado con tanta honradez como habilidad, contribuirá no poco a lograr el fin deseado.

Por nuestra parte, a ello dirigimos la proposición de las medidas que siguen:

1.ª Desarrollo y perfeccionamiento de las industrias que en la actualidad explotan directamente las Administraciones públicas.

2.ª Rescisión de los contratos celebrados por éstas con particulares y, principalmente, de aquellos en cuya virtud les hayan cedido el uso de terrenos, locales o instrumentos de trabajo pertenecientes a la sociedad, que los recuperará inmediatamente; y

3.ª Creación y ejercicio, por las Administraciones públicas, de industrias en que puedan utilizar con grandes ventajas primeras materias y demás recursos que obtengan de las otras socializaciones. Abarcarán desde la elaboración de sustancias alimenticias y otros artículos de consumo, transformando directa o inmediatamente productos naturales, y la conversión de varios de éstos en primeras materias para fabricaciones ulteriores, hasta las más complicadas de aquéllas, atendiendo especialmente a la construcción de maquinaria y demás material utilizable en las ramas de producción que se vayan socializando.

 

SOCIALIZACIÓN DE LOS TRANSPORTES

Siendo necesarios éstos para producir la riqueza, forzosamente la socialización de los mismos ha de facilitar y favorecer mucho la de esa producción, porque gracias a aquélla, los organismos oficiales encargados de ésta dispondrán de medios que les permitirán libremente conducir el personal, material y productos de la misma, adonde, como y cuando convenga, sin depender de empresas particulares que les opongan obstáculos o impongan onerosas condiciones.

Recíprocamente, la producción socializada facilitará y favorecerá no poco la socialización de los transportes, procurándoles ventajosamente la fuerza motriz y los medios que necesiten.

Así, pues, se repite aquí el mutuo auxilio de socializaciones que, en grado mayor o menor y con más o menos relieve, existe entre todas ellas.

Por lo demás, en el ánimo de todos está la conveniencia de realizar la socialización a que nos referimos. He aquí las medidas que nos parecen indicadas sobre el particular:

1.ª Caducidad de todas las concesiones hechas, prohibición de otorgar otras y reversión de sus líneas y material a las correspondientes Administraciones públicas; y

2.ª Prestación directa y exclusiva, por éstas, de los servicios de transportes terrestre, fluvial, marítimo y aéreo de personas, mercancías y correspondencia.

 

SOCIALIZACIÓN DE AGUAS Y ELECTRICIDAD

Con la ganadería socializada y con los combustibles que se obtengan de otras socializaciones, las Administraciones públicas tendrán a su disposición numerosos motores animales y no escasos elementos productores de luz, de calor y de energía motriz.

Habrán de disponer también de agua necesaria para sus distintos empleos en la producción socializada.

Ésta, por último, se consolidará y extenderá con rapidez si se socializa igualmente la electricidad. Todo ello aconseja que se adopten estas medidas:

1.ª Dentro del orden de prelación y aprovechamiento de aguas públicas establecido o que se establezca por razones de necesidad o conveniencia sociales, serán preferidos los que realicen las administraciones oficiales para riegos de sus campos y para atenciones de las industrias socializadas.

2.ª Se decretará la caducidad de las concesiones de aprovechamientos hechas a particulares, siguiendo el orden que exijan o aconsejen las necesidades o conveniencias de la socialización; la prohibición de otorgar otras, y la incautación de las construcciones y material empleado en tales aprovechamientos; y

3.ª Monopolio ejercido directamente por las Administraciones públicas y regeneración y distribución de la electricidad, efectuando las incautaciones y expropiaciones necesarias para ello, además de las previstas en la medida anterior.

 

SOCIALIZACIÓN DEL TRABAJO

Es condición indispensable para efectuar las demás.

Consiste en emplear actividad humana en beneficio directo e inmediato de la sociedad, ora prestando servicios públicos utilizables por todos los individuos, ora contribuyendo a aumentar el caudal común con el que ha da satisfacer las necesidades de éstos.

Deben trabajar todas las personas útiles durante un período que se calcule estrictamente preciso para producir cuanto la sociedad necesite en cualquier momento, y habrán de hacerlo del mejor modo posible, en edad viril, después de haber recibido (durante la niñez y la adolescencia) las enseñanzas generales y preparaciones técnicas suficientes; y quedando, con el licenciamiento absoluto, en libertad para dedicarse al descanso o a lo que prefieran. En todo ello se procurará armonizar el respeto debido a las voluntades individuales con las exigencias ineludibles del interés social.

Tampoco esto es absolutamente desusado en España y en los demás países burgueses. Conocida es la general imposición de ciertas prestaciones personales, especialmente la militar.

A ésta se hallan sujetos durante años, aun en tiempo de paz, todos los hombres útiles a quienes (según sus condiciones físicas y de otra índole) se les destina a diferentes sectores del Ejército y la Armada, donde realizan variedad de servicios, y a cambio de los cuales, el Estado subviene a sus necesidades.

Claro que no pretendemos convertir la sociedad en un cuartel; pero citamos este ejemplo para demostrar que también hoy se estatalizan (y no sin rigor) actividades humanas. Por lo demás, si nuestro proyecto militariza algo el servicio civil, no civilifica menos el militar.

Pródigamente éste y otros análogos nos proporcionan bases y elementos para la socialización que proyectamos, pues, según hemos dicho al comienzo de este trabajo, queremos aprovechar (como garantía de posibilidad y medio de realizar gradual, pero segura y rápidamente, nuestra aspiración) instituciones más o menos socializadoras en los regímenes burgueses.

Trataremos de las aludidas, aunque sólo en cuando afecta directamente al asunto que aquí nos interesa.

Además de esas prestaciones impuestas por la ley, costumbres locales han mantenido la obligatoriedad de trabajos prestados en común, y a veces bajo la dirección de autoridades oficiales, no sólo para el reparto directo e inmediato de los frutos entre sus productores, sino para satisfacer, con el producto mismo o con su importe, ciertas cargas municipales. Ejemplo: el cultivo de las senaras o campos concejiles.

Veamos ahora las medidas generales que, por de pronto, y sin perjuicio de las que el comunismo integral exija a su tiempo, proponemos para socializar la mayor parte posible del trabajo:

1.ª Se establecerá el trabajo público socializado para las tareas manuales, burocráticas y técnicas en las ramas de producción que vayan socializándose.

2.ª Este servicio será prestado por equipos de carácter nacional o local, en armonía con la coordinación y subordinación de jurisdicciones territoriales.

3.ª Para el ingreso en ellas se preferirá el voluntariado, seleccionando por concurso, examen o sorteo cuando haya exceso de aquél y supliendo su falta o insuficiencia con la prestación obligatoria.

4.ª Ésta se combinará con el servicio militar, según las normas siguientes: a), el ejército terrestre, en tiempo de paz, quedará reducido a una milicia encargada de mantener el orden social, sustituyendo a los actuales Cuerpos de Seguridad y Guardia Civil; milicia en la cual se empleará a los voluntarios y a los reclutas durante la primera situación de su servicio activo; y b), los excedentes de cupo, los útiles sólo para servicios auxiliares y los exceptuados se les ocupará, según sus aptitudes, en las tareas manuales, burocráticas o técnicas del trabajo socializado durante la mencionada situación primera de activo.

5.ª Se prohibirán los reenganches en el servicio militar; pero se estimularán en las demás clases de trabajo.

6.ª La milicia naval quedará reducida, durante la paz, a lo estrictamente preciso para la vigilancia de puertos y costas, más los servicios auxiliares y complementarios imprescindibles; y

7.ª El ingreso en aquélla se efectuará voluntariamente, y la falta o insuficiencia de marinería voluntaria se suplirá con el mismo reclutamiento del ejército terrestre, suprimiéndose, por lo tanto, la matrícula de mar. Con ello sólo habrá una clase de excedentes de cupo, lo cual facilitará el cumplimiento de la norma b de la medida 4.ª de este proyecto.

———

La profesión (en cuanto única, constante y obligada manera de ganarse la vida, es decir, como ejercicio casi forzoso y exclusivo de una y siempre la misma clase de actividad, para obtener los medios de subsistencia) irá desapareciendo a medida que los progresos científicos borren las diferencias entre las actuales formas de labor productora.

A la consecución de ese fin debemos coadyuvar resueltamente, procurando libertarnos de la servidumbre profesional.

El criterio de conveniencia y de justicia sobre este punto en una organización comunista, se contiene en la conocida fórmula «de cada uno según sus aptitudes»; y para su mejor aplicación:

8.ª Se crearán establecimientos oficiales donde sea estimulada la libre revelación de vocaciones y se fomente el racional cultivo de capacidades; y

9.ª A la variada índole de éstas se ajustarán la distribución del trabajo y las condiciones de su ejecución.

 

SOCIALIZACIÓN DEL APROVECHAMIENTO

Abandonemos la vieja preocupación de que hay que retribuir el trabajo. Éste, que es necesario empleo de actividad para atender a requerimientos de la vida, queda adecuadamente retribuido al contribuir al mantenimiento y desarrollo de la misma.

Rechacemos, pues, el salario, por ser retribución e incompleta además.

Tampoco atribuyamos a cada uno el producto de su trabajo; atribución egoísta e injusta, porque nadie produce algo por su propio y solo esfuerzo, sino con el concurso (inmediato o mediato, directo o indirecto) de otros y utilizando elementos naturales que ningún hombre ha creado.

Cuando esté plenamente solidarizada la sociedad (como exige la perfecta convivencia humana) en el comunismo integral, deberá procurarse a todas las personas, útiles o no, sacándolo del acervo común formado por la colaboración de las primeras y la naturaleza, cuanto necesiten para vivir. Pero un comunismo parcial y progresivo como el que nosotros proponemos circunstancialmente, sólo permite cumplir este deber con quienes realicen (según sus aptitudes y cada vez en mayor número) trabajo socializado, añadiendo el sobrante que haya a los fondos públicos obtenidos de la economía sin socializar y aun tomando de ellos, en su caso, lo que falte.

Criterios análogos a éste se adoptan ya en muchas empresas al remunerar a sus empleados proporcionalmente a su edad y a las obligaciones que tienen que cubrir.

Iniciamos también la tendencia (que hay que acentuar de día en día) a prescindir del dinero y suprimir el comercio interior.

Todas estas aspiraciones se expresan en las siguientes medidas:

1.ª Hasta donde sea posible, a las personas que realicen trabajo socializado se les entregará en especie y bonos intransferibles u otros medios para disfrutar de servicios públicos, lo que necesiten para vivir ellas y las que estén obligadas a mantener; y

2.ª Se prohibirá traficar con las especies y bonos aludidos, castigándose con severas penas toda contravención.

 

MEDIDAS GENERALES

1.ª De ordinario, las expropiaciones, reversiones e incautaciones aquí propuestas deberán ser efectuadas sin indemnización, la cual sólo podrá concederse en casos de extrema necesidad o por ineludibles requerimientos de justicia, apreciados unos y otros con criterio muy restrictivo; y

2.ª Las Administraciones públicas cuidarán de que aquellos a quienes afecten directamente las reformas socializadoras no queden privados de medios de subsistencia.

 

CONSIDERACIONES FINALES

Dejamos expuestos los principios básicos y líneas generales de un sistema de proyectos de socialización económica.

Tememos que, a pesar de nuestro cuidado, resulte deficiente aun dentro de los límites de nuestro modesto propósito; pero esperamos que alguna cosa aprovechable haya en él.

Es susceptible de perfeccionamiento; puede servir de estímulo para formular otros mejores, y, cuando menos, acreditará nuestra buena intención y el gran interés que nos inspiran los importantes problemas a que nos referimos.

Además, confiamos en que se reconocerá que estos proyectos (principalmente el relativo al trabajo) establecen una socialización verdadera, propiamente dicha, al atribuir los bienes y encargar los servicios a la sociedad considerada totalmente, es decir, en el conjunto de sus miembros actuales y futuros, no a determinados individuos o grupos de ellos, en forma que presente los defectos y peligros señalados antes, al examinar la cuestión agraria, o que, para evitarlos, cause periódicamente la molestia de hacer nuevos repartimientos y adjudicaciones de las mismas cosas.

En trabajos sucesivos trataremos de otras socializaciones no menos interesantes.

 

Madrid, 10 de julio de 1931.- Luis Hernández Rico (abogado), Jerónimo Martínez Doggio (abogado), Emilio Correa Fernández (abogado), Luis Muñoz García (abogado) y Luis Hernández Alfonso (periodista).

~ por rennichi59 en Jueves 14 abril 2011.

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