«Sepades…» (El edicto de 31 de Marzo de 1492)

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 31 de marzo de 1932 en la sección «Comentarios» del diario madrileño «La Libertad». Texto y titular proceden de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.

Cúmplense hoy cuatro centurias y cuatro décadas del cruel edicto mediante el cual los católicos reyes Isabel de Castilla y Fernando de Aragón expulsaron a los judíos de España, documento que, al decir de Prescott, puede considerarse «como firmado con la pluma que autorizó la capitulación de Granada y el pacto con Cristóbal Colón».

Por móviles políticos, económicos o religiosos, los hebreos fueron maltratados frecuentemente en todos los países; débese acaso esta general animadversión a que sus virtudes y defectos, características raciales inconfundibles, los convirtieron por doquier en elemento necesario —mejor dicho, inevitable— en momentos críticos, y molesto una vez obtenida la utilidad o acabado el servicio.

Así, Enrique de Trastamara acudió a ellos cuando aún no era rey, lo que no le impidió ser su enemigo después de ceñirse la corona. Alfonso VII aceptó jubiloso su ayuda para conquistar el castillo de Burgos, olvidando más tarde los favores que de ellos recibiera. Centenares de casos análogos presenta nuestra historia. La misma Isabel de Castilla hubo de agradecerles la diligencia y el celo que pusieran en proveer al ejército que sitiaba el baluarte del último poder musulmán en España.

Sus relaciones con las primitivas Órdenes militares están integradas por favores económicos que prestaron a los caballeros y persecuciones de que, por parte de ellos, fueron víctimas.

Mas no era así únicamente en España. En otros países las matanzas y vejaciones han llegado hasta nuestros días. «Respecto a la expulsión de los judíos —escribe Pérez Hervás en su Historia del Renacimiento—, hay que tener en cuenta que Portugal, Inglaterra, Italia y Francia los arrojaron también de su seno, y con mayor crueldad que España; la diferencia estriba en que volvieron a recibirlos, y España no volvió a abrirles sus puertas».

Por lo que afecta a nuestro país, la animadversión contra los hebreos se manifestó desde antiguo. Ya en el Fuero Juzgo hay leyes de Égica contra ellos. No se crea tampoco que sólo la sintieron los cristianos; en la España musulmana se les persiguió con saña (Córdoba, 1013; Zaragoza, 1039; Granada, 1066; Sevilla, 1148; Valencia, 1148…).

En cuanto a los Estados cristianos de la Península, Castilla ocupa el primer lugar en sus matanzas (venticuatro de judíos desde 1108 hasta 1469, y catorce de conversos, desde 1449 hasta 1474); sigue Aragón (nueve de judíos desde 1348 hasta 1474), Portugal (de judíos, 1385, 1449 y 1482; de conversos, 1504, 1506, 1531), Navarra (1277, 1321, 1328), etc. La mayor parte de esos asesinatos colectivos obedecieron a fanatismo religioso y a odio de raza. 

El lamentable celo de Isabel y Fernando culminó en el edicto aparecido hoy hace cuatrocientos cuarenta años, y en el cual se ordenaba que en breve término salieran del reino todos los judíos no bautizados en él residentes, con prohibición absoluta de llevar consigo oro, plata ni moneda alguna. La expulsión era a perpetuidad, y si algún cristiano les ayudara a burlarla, sufriría pérdida completa de todos sus bienes. Ya en 1489, los mismos reyes dispusieron la separación de los judíos y los católicos en «todas las ciudades, villas e lugares de los nuestros reynos e señoríos, e dándoles («a aquéllos») juderías e lugares apartados en que viviesen en su pecado e que en su apartamiento se remorderían…». Protestaron los expulsados contra el edicto, e incluso, según cronistas contemporáneos, ofrecieron considerable suma de dinero si no se ejecutaba; mas el fanatismo de los monarcas pudo más que su codicia.

El tenebroso Torquemada contribuyó no poco a que se adoptara tan injusta resolución, en virtud de la cual abandonaron la Península hombres tan eminentes como Daniel Ben Ami Semra, Abraham Ben Samuel Jacinto, Sem Tob, Samuel Cerralbo, Josef Uciel, Isaac y Judá Abarbanel, Isaac Caro, Jehuda Aboab, Moisés Alascar, Amato Lusitano, Samuel Albalencí, Simón Durán, Jacob Mantino, Josef Caro, Levi ben Josef Zamora, David ben Susan, Josef Zaragosí, Josef Hamon, David Berab y otras figuras destacadas de la sabiduría.

Discrepan los historiadores al señalar cifra de los que abandonaron la Península. Quién, como Llorente, fija la de ochocientos mil; quién, como Acosta, la de trescientos mil. Lo que parece no ofrecer duda es que salieron de treinta y cinco a cuarenta mil familias, que fueron a desperdigarse por Italia, Turquía, Grecia, Francia, Inglaterra, Rumanía y Marruecos en penosa peregrinación, tras de malvender precipitadamente cuantos bienes aquí tenían.

Con fidelidad admirable al recuerdo de la patria de sus mayores, los sefarditas hablan el idioma de Castilla, tal como en tiempos del desatinado edicto, en Grecia, en Turquía, en Egipto, en Yugoslavia, en Marruecos…, dondequiera que viven y luchan. Lección de hidalguía a la que España debe corresponder.

Envío a las Cortes Constituyentes

Próximo el aniversario de la proclamación de la República, casi coincidente con el de la promulgación del odioso edicto que arrojó de nuestra patria a millares de hombres, mujeres y niños —tan españoles como Isabel de Castilla y Fernando de Aragón—, España debe demostrar de algún modo a los sefardíes de todos los países su gratitud por la lealtad con que la recuerdan y el cariño con que de ella hablan. Ninguna injusticia debe quedar sin reparación en un régimen que quiere merecer el título de liberal, de «nuevo».

No es este modestísimo cronista quién para señalar normas ni indicar caminos a los representantes del pueblo soberano; pero se considera en el deber de poner su pluma al servicio de la razón y de la justicia. Y nada más digno de una República laica, equitativa y renovadora que rectificar antiguos y funestos errores. Los descendientes de los judíos españoles arrojados de su patria por el fanatismo de unos monarcas recibirán con gratitud la reparación moral de aquella infamia.

LUIS HERNÁNDEZ ALFONSO


~ por rennichi59 en Lunes 2 mayo 2011.

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