Urgentísimo…

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 21 de febrero de 1932 en la sección «Comentarios» del diario madrileño «La Libertad». Texto y titular proceden de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.

Indudablemente, «lo mejor es enemigo de lo bueno». ¡Cuántos proyectos se quedan en tales por el prurito de perfeccionarlos! Parécenos que esto sucede en España con el problema pedagógico. Hay millares de doctores y licenciados en ciencias y en letras sin medios seguros de vida, y también las estadísticas señalan un desconsolador porcentaje de analfabetos.

De un lado, el mal; del otro, el remedio futuro, que entraña otro mal presente. Sed y agua potable; basta poner ésta al alcance de los sedientos. Bien que se elaboren planes de enseñanza, que se estudien concienzudamente sistemas pedagógicos… Pero ¿por qué no «esperar andando»?

La organización social vigente se caracteriza por sus incongruencias: hay millares de hectáreas sin cultivo y millares de obreros sin trabajo; sobran hombres cultos sin ocupación, y medio país no sabe leer; hacen falta vías férreas, carreteras, pantanos y puertos para el desarrollo de las industrias, y se afirma que no conviene realizar obras públicas; hay exceso de producción, y no hay posibilidad de que consuman los que lo necesitan… La fruta se pudre a veces en los almacenes, mientras en muchos sitios sólo pueden adquirirla los potentados.

De todo el catálogo de contrastes, de incongruencias y de absurdos sociales, los que afectan a la cultura son, en nuestra opinión, los que reclaman remedio más urgente. El lema de Costa sigue teniendo actualidad dolorosísima: es necesario comer e ilustrarse. Pan para no morirse; cultura para vivir, para ser algo de lo mucho que pueden y deben ser los hombres.

Al discutirse la disolución de la Orden ignaciana, el ministro de instrucción pública lamentó la escasez de maestros. Sin hablar ahora de la mayor o menor oportunidad política de tales manifestaciones, es conveniente decir que no sólo esos centros de enseñanza, sino todos los demás regidos hasta ahora por religiosos pueden subsistir, mejorando sus condiciones, si se encomiendan a los numerosísimos maestros, doctores y licenciados que actualmente se hallan en huelga forzosa y que, no sabemos si por suerte o por desgracia, no pueden solicitar la caridad pública. No pueden porque la misma colectividad que no les ayuda a vivir, les negaría valor intelectual (único que «casi» les reconoce) si desenmascarasen su miseria.

Las Órdenes religiosas han de abandonar el ejercicio de la enseñanza en un plazo más o menos breve. Adoptada en firme la decisión, es útil ejecutarla sin dilaciones; de no hacerse así, los obstáculos serán después mayores. No conviene escalonar problemas de tan delicada índole; sería darles cierto carácter de permanencia, muy favorable para el desarrollo de la reacción. Dar tiempo al enemigo para que prepare la resistencia y fortalezca su instinto de conservación. La rapidez es el triunfo.

La República está obligada a combatir la ignorancia que ha hecho posible la tiranía; el pueblo ha de conocer sus derechos y sus deberes. La cultura redime a los hombres y da vida fecunda a las naciones; sin cultura el individuo es un cero que cualquier vividor audaz coloca a su derecha; sirve de escabel para las ambiciones ajenas; es instrumento contra su propia vida y contra los intereses colectivos… Cualquier régimen que aspire a subsistir debe arrancar la obra pedagógica de manos de sus detractores. Sólo así puede transformarse la sociedad, purificándola, limpiándola de arcaicos prejuicios y añejas supersticiones, forjando hombres nuevos capaces de descubrir horizontes amplios por caminos ásperos y difíciles, pero llenos de luz.

Esa necesidad es de mayor urgencia cuando el régimen naciente se ha basado en cimientos del anterior, eludiendo las convulsiones revolucionarias. La reforma se ha de verificar con tal rapidez, que sus efectos suplan al proceso de violencia que separa normalmente los períodos de la evolución de los pueblos. Los Soviets, estimando necesaria, no obstante su revolución, esa labor de urgencia, se han apresurado a difundir las nuevas doctrinas entre los niños. En España el cambio ha sido superficial hasta ahora y sin revolución; hay que inculcar en los hombres del mañana un nuevo modo de entender la vida, sembrando en su inteligencia la semilla del progreso indefinido. Y para ello es preciso destruir las tinieblas y mirar al porvenir.

*

Ahí hay millares de intelectuales sin trabajo. Ahí hay millones de analfabetos. Agua y sedientos. ¿A qué se espera para curar el mal?

LUIS HERNÁNDEZ ALFONSO

~ por rennichi59 en Lunes 2 mayo 2011.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: