Palabras y hechos

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 8 de noviembre de 1930 en la sección «Comentarios» del diario madrileño «La Libertad». Texto y titular proceden de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.

Tardieu ha dicho, en una fiesta en honor de los aviadores franceses, que «en estos tiempos las palabras son superiores a la realidad». El viejo estadista ha dicho una verdad que puede cargarse en la cuenta del inveterado parlamentarismo de la vecina República. La palabra ha llegado a ser, en efecto, la única realidad viva. Los hechos parecen haber perdido su importancia, su razón de ser, su transcendencia, mientras no los glosen los oradores de cálida expresión.

La Sociedad de Naciones ha sido eso: una magnífica serie de hermosas piezas oratorias. Su eficacia es, por ende, principalmente literaria. Otro tanto ha ocurrido con los Parlamentos de los países de régimen parlamentario. Todo se ha sacrificado en el ara de la elocuencia. Los Gobiernos han sucumbido —muchos de ellos prematuramente— bajo el ariete irresistible de un «pico de oro».

El peligro está en el arte de los oradores. El pueblo suele sentirse satisfecho cuando oye un discurso admirable. Su sed de justicia parece aplacarse al oír magistralmente expresados sus anhelos, sus quejas, sus reivindicaciones. He aquí a la palabra ocupando el lugar de la acción.

¿Es que no deben pronunciarse discursos? No; es que debe coordinarse la palabra y la acción. Aquélla señala el camino; ésta lo anda. Aquélla prepara; ésta ejecuta. Son, han de ser, inseparables para que no sean ambas estériles. Ruedas de una misma máquina, para nada sirven si se interrumpe el engranaje.

No puede reducirse el gobierno de un país a un torneo oratorio. La vida internacional no es una serie de conferencias en las que se barajen elegantemente —con la elegancia anacrónica de una diplomacia hipócrita y fracasada— frases de depurada retórica y vacías de contenido real. De vez en cuando, una revolución deja en ridículo a los parlamentarios y una guerra a los diplomáticos. Entonces los oradores callan, y tan pronto como pasa la explosión vuelven a hablar, siguiendo sumisamente a la procesión de los hechos, ya que no supieron señalar su ruta y marchar delante de ella.

El orador sólo cumple su misión cuando crea cauces para la realidad. Ha de decir: «Éste será el camino»; no es su misión decir: «Éste fue». Ha de estudiar el pasado para profetizar el porvenir, y para que su profecía se cumpla es necesario que base en realidades sus discursos. Por eso no es eficaz sino la oratoria que señala rutas nunca andadas por aquellos que escuchan; esto es, la oratoria revolucionaria. Es la única que puede traducirse en hechos.

La que se refugia en la Historia; la que tiene su razón de ser en la Edad Media; la que canta glorias pretéritas —como si fuera posible el retroceso en la marcha de la Humanidad—, sólo es un archivo hablado, un desfile anacrónico, una visión retrospectiva que suena en los oídos del hombre actual como lastimera evocación, como doliente despedida de lo definitivamente muerto. Pretender sujetar con palabras el movimiento cósmico. Por eso, por lo absurdo de su pretensión, la oratoria que se encastilla en la tradición es como el grito último de un sentenciado a muerte. Vibran sus palabras como un eco de las realidades pretéritas.

En cambio, la oratoria revolucionaria suena como los clarines de vanguardia de un ejército nuevo. Promete, no lamenta. No detiene a la Humanidad; la incita al avance, le señala rumbos de esperanza. Puede fracasar, pero sólo parcialmente: una parte de su éxito se logra siempre. Señala posibilidades; es dinámica, en suma.

La oratoria de la Sociedad de Naciones no es eficaz, porque no es sincera. Habla de nueva vida sin el propósito de emprenderla. Audaz en conceptos, mezquina y tímida en realidades. Dice «haremos» mientras sabe que ni puede ni quiere  hacer. Cada personaje lleva aprendido su papel y deja entre bastidores su personalidad verdadera. El público ingenuo aplaude los parlamentos hábiles, redondeados, sin aristas que lastimen su sensibilidad. Si alguno de los actores quiere salir a escena tal como él es, sin caracterizarse, fracasa. El auditorio dice que no se ha aprendido su papel. Y es verdad. Triunfa el hombre en la medida que fracasa el comediante.

En los regímenes parlamentaristas la oratoria, desplazada de su verdadera ruta, gira en torno de sí misma, como un perro que se muerde la cola. Divorciada de la acción cree que la palabra es fin y no medio. Fluye constante; forja problemas que si se resuelven no pasan de cuestiones previas, y si no tienen solución originan conflictos nuevos, sin que se hayan tocado siquiera los que existían con anterioridad, y que son precisamente los que dieron lugar a los debates, la razón de ser de los Parlamentos.

Es preciso que la palabra tenga el lugar que le corresponde. Hablar para estudiar problemas, no al revés; como se come para vivir y no se vive para comer. La oratoria es precisa (la oratoria que guía, que promete, que mueve al hombre y le incita a progresar indefinidamente); pero sólo en cuanto ayuda y prepara. Su eficacia no reside en ella misma, sino en la realidad pasada y presente, que le da origen, y en la realidad futura que profetiza. Principalmente en el camino que señala y que, para que en verdad lo sea, no ha de abandonarse.

Vivimos momentos de desorientación; mas no de desorientación pasiva. Hay vigor suficiente —y aun sobrado— para la acción. Venga en buen hora la palabra cálida, esperanza hecha sonidos, de la oratoria revolucionaria. Y para que no sea estéril, venga también inmediatamente el movimiento que ella anuncia y que nosotros esperamos.

LUIS HERNÁNDEZ ALFONSO

~ por rennichi59 en Sábado 4 junio 2011.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: