Juventud (3)

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 12 de agosto de 1934 en la sección «Juventud» de la revista «Crónica». Texto y titular proceden de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.

Transformación.

Vivimos un período interesantísimo de la evolución humana. Los principios jurídicos que parecían más inconmovibles se tambalean y caen con gran estrépito. La transformación —incesante al correr del tiempo— adquiere en nuestros días imprevista celeridad. Si antes los Códigos tenían vigencia durante muchos quinquenios, hoy la ley de hace un año ha menester de revisión. Instituciones tenidas por intangibles son discutidas, modificadas o abolidas. El ritmo adquiere mayor frecuencia; es el pulso de la Humanidad en fiebre renovadora.

La vida es cada instante más compleja; los legisladores han de atender a su reglamentación, satisfaciendo así la necesidad normativa, aseguradora de la convivencia social. La colectividad interviene, más cada vez, en la esfera antes reservada a lo individual; es innegable la absorción de lo privado por lo público. El Estado aumenta sin cesar, impelido por realidades indiscutibles y problemas de inaplazable solución, la esfera de su actividad.

Lo viejo, lo anacrónico, se desmorona. Un torrente arrollador —agua fresca, limpia, nueva— arrastra lo ya inservible, lo que, cumplida su misión, empezó a ser perjudicial cuando concluyó de ser útil. La construcción del nuevo edificio exige el esfuerzo de jóvenes alarifes, animados de vigor y constancia.

El futuro y su conquista.

Una carta, extensa y bien escrita, que, firmada por Antonio Doval González, ha llegado a nuestras manos, viene a servir de acicate a la pluma, ya deseosa de acometer la empresa de sacar a muchos jóvenes, capacitados para mantener lucha honrosa, de su pesimismo desmoralizador. Cierto que las circunstancias en que la vida social de desenvuelve no son las más alentadoras; que el favoritismo, la injusticia y la arbitrariedad presiden la distribución de cargos retribuidos; que se legisla frecuentemente con absoluta ignorancia de la materia y carencia total de criterio; que muchos cerebros aptos se ven reducidos a la inacción, privándose con ello a la colectividad de fecundas aportaciones, y a los individuos, de medios para subsistir. Pero cierto es también que cabe la intervención decidida y enérgica de esos cerebros, la actuación renovadora de esos individuos, en la obra de transformación, que, a despecho de viciosas prácticas, mantenidas con pertinacia lamentable por los que sólo a su peculiar provecho atienden, se realiza ya.

Lo inadmisible es que a los veinte años, cuando se ha logrado cierta gimnasia fácil de la inteligencia en largos cursos universitarios, se llegue a ver sólo un horizonte entenebrecido y cerrado por el desfallecimiento y el pesimismo. No hay, no existe, el derecho a la renuncia de lo que no nos pertenece enteramente: nuestro esfuerzo renovador afecta a la colectividad toda, y es deber de quien se advierte con aptitudes bastantes ponerlas al servicio de la causa justa. ¿Que se cometen injusticias? Combatámoslas. ¿Que se vulneran leyes? Exijamos sanciones. ¿Que la arbitrariedad impera? Rebelémonos briosamente contra ella y sus amparadores. Todo menos abandonar el palenque a la maldad, la prevaricación y la intriga de los desaprensivos.

Ni el optimismo sistemático ni el pesimismo a ultranza; aquél, porque nos oculta el mal y nos hace ignorarlo; éste, porque nos ofusca y nos deprime, privándonos de la posibilidad de defendernos. Adoptemos el meliorismo y digamos: «Esto es malo; hagámoslo mejor, convirtámoslo en bueno». He aquí una labor digna de que a realizarla se encamine el entusiasmo de los jóvenes, ávidos de lucha.

El Derecho y los abogados.

Todo, en el seno de la colectividad, se halla sujeto a normas jurídicas. Cualquier acto humano, aun el más sencillo e intrascendente, requiere, en su análisis, la aplicación de aquéllas. Y como la vida cambia cada vez con más acelerado ritmo, los cultivadores del derecho tienen de día en día mayor cantidad de trabajo y más dilatada esfera de acción. Los problemas son muy complejos; pero el criterio tiende a simplificarse. Nuevas teorías sustituyen a las añejas preocupaciones, y el fruto de esa labor generosa es asombrosamente beneficioso para la sociedad.

Los abogados no pueden ya limitarse a intervenir en pequeños pleitos, en minucias de forma. Otras mayores empresas les están reservadas.

Las diversas ramas del Derecho (político, administrativo, internacional, civil, penal, mercantil…) esperan no ya a quienes desean hallar en sus disciplinas los medios económicos de vida. Esperan también a los que han de liberarlas de parásitos y han de cuidar de que el gran árbol crezca frondoso, limpio, lleno de nueva savia y cargado de frutos de equidad.

«Yo no escribo porque crea que me van a hacer caso —dice nuestro mencionado comunicante—. Es por desahogar esta amargura y esta rabia contenida que lleva uno dentro». No, querido amigo. Los jóvenes hemos de vaciar nuestra alma de esa amargura y convertir esa contenida rabia en acción vibrante y enérgica. Y así, daremos empleo digno y provechoso al dinamismo que constituye, en realidad, nuestro más preciado caudal y nuestra más fecunda virtud. Puesto que el campo es inmenso y la pelea ruda, no faltando vigor ni inteligencia, ¿quién puede sentirse derrotado a priori?

Luis HERNÁNDEZ ALFONSO

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Derecho.

Preparatorio.— Introducción a la Filosofía.— Lengua y Literatura españolas.— Historia de España.— Historia general de la cultura.— Lengua Latina.

Primer curso.— Derecho Romano.— Economía política.— Historia del Derecho.

Segundo.— Derecho político.— Derecho canónico.— Derecho civil (parte general).

Tercero.— Derecho civil (primer curso).— Derecho administrativo.— Derecho penal.

Cuarto.— Derecho civil (segundo curso).— Derecho internacional público.— Derecho procesal (primer curso).— Hacienda pública.

Quinto.— Derecho mercantil.— Derecho internacional privado.— Derecho procesal (segundo curso).— Filosofía del Derecho.

DOCTORADO.— Historia del Derecho internacional.— Política social y Legislación comparada del trabajo.— Filosofía del Derecho.— Estudios superiores del Derecho penal y Antropología criminal.— Derecho Municipal comparado.— Historia de las instituciones políticas y civiles de América.— Estudios superiores de Derecho privado.— Estudios superiores de Ciencia política y Derecho político.

El título de abogado da derecho a concurrir a oposiciones para ocupar plazas de jueces, notarios, fiscales, registradores de la propiedad, Cuerpo contencioso, asesorías, etc. El gran número de letrados hace que se tropiece con dificultades, tanto en las aplicaciones indicadas como en el ejercicio privado de la profesión. No obstante, esta carrera, muy conveniente para cuantos se consideren con aptitud para intervenir en la política, presenta aspectos en los que, con perseverancia, amor al estudio y entusiasmo, puede alcanzarse honra y provecho.

Por lo demás, esas dificultades existen en otras carreras, y para los ineptos, los perezosos y los abúlicos, todos los caminos son igualmente impracticables.

Correspondencia.

Noel.— Dentro de poco publicaremos en esta Sección el cuadro de asignaturas que comprenden las dos carreras a que se refiere su consulta, y daremos las oportunas aclaraciones. Comoquiera que, para resolver sus preguntas necesitaríamos mucho espacio, y, además, lo que a usted le interesa está ya en el plan de esta Sección, creemos conveniente recomendarle que espere a la lectura del número correspondiente. Si entonces subsistiera en su ánimo alguna duda, la disiparíamos con mucho gusto.

ADVERTENCIA.— Recomendamos a nuestros comunicantes que, sin perjuicio de que firmen sus consultas con un seudónimo, y éste sirva para contestarles desde estas columnas, consignen también sus apellidos y señas, por si en algún caso especial hubiésemos de responderles particularmente.

L. H. A.

~ por rennichi59 en Domingo 7 agosto 2011.

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