Juventud (4)

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 19 de agosto de 1934 en la sección «Juventud» de la revista «Crónica». Texto y titular proceden de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.

De las mixturas mágicas a los fármacos.

La observación de hechos casuales llevó al ánimo de los hombres primitivos la creencia de que ciertas substancias poseían poder de curación de determinados males. Carentes de conocimientos basados en leyes científicas o en experimentos metódicos, nuestros remotos antepasados atribuyeron frecuentemente la eficacia de los remedios a una serie de circunstancias exteriores y ajenas a los medicamentos. De ahí que se estimara precisa la concurrencia de tales circunstancias para el buen éxito de la prueba.

A estos errores se añadió —interesadamente— el deseo de valerse del temor a lo sobrenatural (y tenía carácter sobrehumano cuanto no se explicaba fácilmente) para mantener el predominio y ejercer la dirección de la colectividad. Y así resultó la farmacia primitiva instrumento de dominación en manos de hechiceros, sacerdotes y brujos. Aún quedan, no sólo en países bárbaros, sino también en comarcas aisladas en los civilizados, y aun en capitales de importancia, prácticas en las que se mezclan lamentablemente los conocimientos rudimentarios de farmacología y las supercherías mágicas. Hay adivinadoras (pitonisas y videntes se autotitulan) que lo mismo elaboran filtros de amor que bálsamos, ungüentos y brebajes contra todas las dolencias de que nos habla la patología.

En pleno siglo XX hay muchas personas que desconfiando de productos científicos obtenidos en laboratorios de plena solvencia, aceptan con fe los preparados absurdos de curanderas y adivinadoras. Indudablemente, existen numerosos remedios caseros de gran eficacia; hay medicamentos cuya aplicación continúa desde Hipócrates. Pero al lado de éstos hay otros que no sólo carecen de valor científico, sino que originan trastornos y ponen en peligro la vida de los pacientes. No hablemos ya de los que se usan con fines frecuentemente delictivos (venenos, abortivos, etc.).

Con perseverante esfuerzo se va logrando que aun los ignorantes abandonen el uso de mixturas peligrosas y acudan a los remedios garantizados por la ciencia. Sería, no obstante, muy conveniente que el Estado ejerciera más rigurosa vigilancia y sancionara con dureza los atentados que contra la salud pública realizan los desaprensivos explotadores de la ignorancia y la credulidad.

El farmacéutico y el vendedor de medicinas.

Con el creciente empleo de los específicos, manufactuados en «serie» en grandes establecimientos industriales, ha disminuido mucho el trabajo de los farmacéuticos, quienes elaboran sólo fórmulas para casos especiales y ven limitada no pocas veces su intervención a la que exige la venta de específicos tal como vienen preparados de «fábrica». Parece, pues, que es en esos grandes laboratorios donde habrán de ocuparse los facultativos de farmacia en el porvenir. Problema es éste que estimamos ligado íntimamente al sistema general de la producción contemporánea, y que sólo podrá solucionarse mediante un cambio básico de la misma.

Evidentemente, no valdría la pena estudiar muchos años para buscar un frasco o una caja de un armario, entregarlo al ciente y cobrar su importe. Quedan todavía otras actividades farmacéuticas muy interesantes: la realización de análisis, por ejemplo.

Posibilidades.

Para el ejercicio libre de esta profesión se requiere disponer de capital para adquirir o instalar un establecimiento. He aquí, pues, la dificultad principal con que tropezarán los farmacéuticos que no obtengan cátedras o colocación en los organismos oficiales o en las empresas industriales dedicadas a la elaboración de medicamentos.

Esta carrera es muy apropiada para las mujeres y por ello son muchas las que la cursan en España.

Abrigamos la esperanza de que en la honda transformación que se verifica en todos los aspectos de la vida social los farmacéuticos desempeñarán, junto a los médicos, un papel de capital importancia. Así lo demanda el interés legítimo de la colectividad. En el porvenir no se considerará el farmacéutico —lo que muchos hacen ahora— como un simple comerciante de medicinas.

Luis HERNÁNDEZ ALFONSO

Es imprescindible revisar las disposiciones que regulan la enseñanza superior en nuestro país. Existen contradicciones y anomalías que resultarían pintorescas si no proporcionaran perjuicios lamentables a los alumnos. Se impone el abandono el funesto sistema de «tejer y destejer». Hay que ofrecer a los jóvenes que comienzan una carrera la seguridad de que podrán seguirla hasta el fin sin cambios arbitrarios, que suelen estar en abierta pugna con los intereses de los estudiantes. 

Farmacia.

Primer año.— Ampliación de matemáticas.— Física teórica experimental.— Química experimental.

Segundo.— Mineralogía y Zoología aplicadas a la Farmacia.— Técnica física.

Tercero.— Botánica descriptiva y determinación de plantas medicinales.— Química inorgánica aplicada a la Farmacia.

Cuarto.— Química orgánica aplicada a la Farmacia.— Materia farmacéutica, vegetal e higiene.— Higiene con prácticas de Bacteriología.

Quinto.— Análisis químico, y en particular de alimentos, medicamentos y venenos.— Farmacia práctica y Legislación.

Doctorado.— Química biológica.— Microbiología, técnica bacteriológica y preparación de sueros.— Historia de la Farmacia y estudio comparativo de las farmacopeas vigentes.— Análisis especial de los medicamentos orgánicos (voluntaria).

CORRESPONDENCIA

Juan Cortázar Arroyo (Tarrasa).— Para poder informarle convenientemente necesitamos que nos aclare si desea ingresar en la Marina como marinero o si pretende hacer estudios de esa carrera. Con mucho gusto le contestaremos, pues su intención nos parece digna de apoyo.

Newton II (Zaragoza).— Sus preguntas serán contestadas muy pronto. En cuanto al consejo que pide, es cosa difícil y aventurada de resolver. A pesar de ello, recibirá usted nuestra opinión particularmente atendiendo su ruego.

Maruja X. (Sevilla).— Tiene usted razón, señorita. Ya habrá visto en el número anterior de CRÓNICA, y en esta misma sección, cómo nos proponemos realizar activa campaña para conseguir que se normalice la enseñanza y desaparezcan esas y otras anomalías. Agradecemos sus elogios, que consideramos excesivos a nuestra modesta labor.

Teófilo Cabo (La Línea).— Agradecemos su saludo, y procuraremos satisfacer su demanda tan pronto como el trabajo acumulado nos lo permita. Preguntas de la índole de la que usted formula no nos molestan nunca..— L. H. A.

 

~ por rennichi59 en Domingo 7 agosto 2011.

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