Juventud (5)

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 26 de agosto de 1934 en la sección «Juventud» de la revista «Crónica». Texto y titular proceden de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.

La hosquedad de la Ciencia.

La adustez, el agesto agrio, rígido, han sido las características tradicionales de los hombres de ciencia. Con ese aspecto se han presentado en novelas, dramas e historias los sabios de mayor relieve. Diríase que matraces, retortas, voltímetros, microscopios y tablas de logaritmos eran incompatibles con la sonrisa juvenil. La ciencia, amante fiel de los desengañados, cumplía el piadoso deber de cobijar el último afecto de los inteligentes. Era así la postrer amante…

Y en eso, como en todo, la transformación ha acelerado tan extraordinariamente su ritmo, que los cálculos matemáticos, los problemas físicos, los enigmas de la biología, rompiendo el cerco en que los mantenía la senectud, han conquistado a hombres jóvenes, quienes sin renunciar a los legítimos placeres de la vida social, dedican a sus laboratorios afanes, entusiasmo y esfuerzo. No es ya inseparable del concepto de «sabio» el indumento anacrónico, la levita lustrosa y raída, el pantalón desflecado, las barbas luengas, el cráneo invadido por la calvicie. Hoy puede haber sabios que en nada se diferencien, por su parte, de los demás seres humanos.

A nadie le extraña ahora que un hombre de ciencia realice actos de relación análogos a los que corrientemente ejecutan los artistas, los empleados y los obreros manuales. Se puede simultanear la investigación radioactiva, por ejemplo, con la asistencia a reuniones y la intervención en los deportes.

Ni serviles ni iconoclastas.

Repudiemos, sin embargo, la falsa rebeldía —que no es sino indisciplina en el fondo— de los que alardeando, sin razón, de independientes arremeten contra cuanto no hay creado por ellos. Derribar prestigios y demoler reputaciones han sido durante años los ejercicios preferidos por esa especie de nihilistas de la ciencia que condenan la obra de todos los que les precedieron en los palenques de Minerva. Su grito de «¡guerra a los viejos!» es símbolo de una terrible y funesta equivocación. Han debido gritar «¡guerra a lo viejo!», porque la Verdad no envejece, y hay muchos ancianos que la cortejan, victoriosos, con el mismo ardor que los adolescentes usan en sus amoríos primeros.

La creciente nivelación, la incesante marcha hacia el equilibrio constitutivo de la justicia, ha hecho que convivan y colaboren viejos y jóvenes en las tareas que antes estaban privativamente encomendadas a aquéllos y rutinariamente vedadas a éstos. En laboratorios, aulas y parques de experimentación es hoy frecuente ver en perfecta armonía trabajar juntos a individuos de distintas generaciones. Lo que se ha hecho es, por fortuna, derogar el absurdo veto opuesto a la juventud, y ésta, ávida de cooperar a la obra gigantesca del progreso, ha llevado a los antes recónditos, obscuros y rígidos lugares de estudio la alegría, el vigor y el optimismo juveniles.

Ejemplos.— Alianza.

Fuera y dentro de nuestro país hallamos casos de indudable corroboración para las afirmaciones que anteceden. Citemos como de máxima actualidad la hazaña realizada hace unos días por Max Cosyns y Van der Elst, sabios de veintitrés y diecinueve años, discípulos predilectos del profesor Piccard y continuadores infatigables de sus experimentos. Ambos muchachos (que por su edad es de suponer que no hayan renunciado a los encantos de la vida social moderna) han hecho una ascensión a la estratosfera, alcanzando la altura de veintidós mil metros. Hace diez lustros la aventura habría parecido absurda para realizada por dos jóvenes; el proyecto hubiera provocado sonrisas escépticas. «Dos chiquillos —dirían— no están capacitados para lograr fruto científico en asunto de tan extraordinarias dificultades».

La incorporación de los jóvenes a la vanguardia del esfuerzo científico ha de fructificar maravillosamente. Se trata de un aumento fecundo de dinamismo; es la alianza del ímpetu con la sensatez, en una rebeldía serena, ante la cual se abren cauces luminosos, prometedores.

Saludemos en Cosyns y Van der Elst a los jóvenes soldados del «pacífico ejército de la Verdad».

Luis HERNÁNDEZ ALFONSO

Facultad de Ciencias: Sección de Ciencias Químicas.

Primer año.— Matemáticas especiales para Química.— Geología.— Biología.— Química experimental.— Inglés o Alemán.— Dibujo.

Segundo.— Matemáticas especiales (segundo curso). — Física teórica y experimental (primer curso).— Química inorgánica (primer curso).— Química analítica (primer curso).

Tercero.— Física teórica y experimental (segundo curso).— Química inorgánica (segundo curso).— Química analítica (segundo curso).— Química orgánica (primer curso).

Cuarto.— Química orgánica (segundo curso).— Química técnica.— Química física (o teórica).— Electroquímica y Electrometalurgia.

Doctorado.— Química biológica.— Mecánica química.— Análisis química especial.

Advertencias.— La Geología y la Biología del primer año se estudian en cursillos monográficos de cuatro meses. La Química biológica del doctorado corresponde a la Facultad de Farmacia, y allí se cursa.

~ por rennichi59 en Domingo 7 agosto 2011.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: