Juventud (8)

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 23 de septiembre de 1934 en la sección «Juventud» de la revista «Crónica». Texto y titular proceden de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.

Problemas.

Muchos lectores de CRÓNICA nos escriben lamentándose de que después de realizar el esfuerzo que estudiar una carrera significa, se hallan sin trabajo y privados de recursos para sustentarse. Problema es éste que no parece de fácil solución y que, no obstante, ha de resolverse con la máxima urgencia. Es vergonzoso para nuestra cultura que haya millares de intelectuales en la miseria y que muchos cerebros perfectamente dotados estén en la más lamentable inacción, privando así a la colectividad del fecundo poder de iniciativa, muy útil para la elevación de nuestro nivel científico. Tanto más cuanto que en España está aún por hacer la obra cultural necesaria para alcanzar el lugar que en el conjunto de países civilizados nos corresponde. Infinidad de aspectos de la vida española esperan todavía el sereno estudio por personas capacitadas para ello.

Obreros manuales e intelectuales.

Sin duda es terrible la situación obrera mundial. En todos los continentes, aun en los pueblos eminentemente industriales, el número de obreros en huelga forzosa es abrumador. En los Estados Unidos, país de las fábricas gigantescas, de las empresas desmesuradas, de las grandes explotaciones agrícolas y fabriles, el Gobierno hace sacrificar diariamente verdaderos rebaños para atender a la subsistencia de los «sin trabajo». En España se votan créditos para obras públicas, tanto por la conveniencia de éstas como por la necesidad de aminorar (ya que no se suprimió) el paro obrero.

Triste es la situación en los hogares sin fuego, sin pan. Cuanto haga el Estado para terminar esa tragedia de los humildes nos parecerá poco. Mas no se olvide que no sólo hay penuria en las familias de obreros manuales. Hay legiones de doctores y licenciados sin medios de vida, que arrastran una existencia dolorosa después de muchos años de estudio y sacrificios. Todos los hombres que no regatean la aportación de su esfuerzo a la colectividad tienen derecho indiscutible a recibir de ésta la asistencia y el apoyo precisos. Y así como los gobernantes se preocupan (siempre, digámoslo, con menor interés del que debieran) de facilitar trabajo a los obreros manuales mediante la construcción de carreteras, pantanos, edificios públicos, etc., están obligados, en sana lógica, a solucionar el angustioso problema de médicos, abogados, artistas, geógrafos… y demás trabajadores intelectuales, tan necesarios en la sociedad contemporánea como sus hermanos los obreros del músculo.

Soluciones.

Muchas veces hemos leído que la inacción de los intelectuales era inevitable y que los gobernantes nada podían hacer para remediarla. ¡Y esto se ha escrito en un país que tiene aún a medio hacer su sanidad, su enseñanza, su geografía y su historia! Nada se opone a que el Estado utilice en favor de la cultura social esa enorme potencia intelectual hoy paralizada. Hay un Ministerio de Instrucción Pública, y a él corresponde el desarrollo de tan útil labor.

Hemos visto cómo se halla en vías de solución el problema de la primera enseñanza y cómo también al resolverse éste podrán trabajar, ganando el sustento, millares de profesores que permanecían en paro forzoso. Por un lado, se necesitan muchas escuelas, son precisos numerosos maestros. Por otro, muchos maestros esperan que se les encomiende obra de enseñanza, remunerándolos debidamente. Es decir, que tenemos dos problemas con una solución para ambos, y, por cierto, nada difícil de encontrar.

Pues bien: algo semejante podría hacerse con el de los demás intelectuales sin trabajo. Se necesita completar nuestra geografía, nuestra historia, nuestra sociología, nuestro folklore… y al mismo tiempo necesitamos dar colocación a geógrafos, historiadores, sociólogos, músicos, etc. ¿No resultaría tan provechoso como indudablemente son los caminos y los pantanos?

Las cantidades que el Estado invirtiera en pagar a esos intelectuales no se perderían, puesto que servirían para realizar dos funciones sociales de importancia. Esto aparte de que la venta de los libros que se escribieran resarciría, en cierta medida, de los gastos.

Creemos que la idea no es absurda y que la gravedad de la situación en que se hallan muchos de nuestros obreros de la inteligencia reclama la rápida y eficaz intervención de los organismos oficiales competentes.

No tenemos esperanzas de que los gobernantes estudien esa iniciativa. Nuestra sincera modestia nos hace temer que el ministro de Instrucción Pública se limite a sonreír al leer estas líneas (1). Pero las escribimos en la firme creencia de que así cumplimos nuestro deber. Y nos agradaría poder proclamar que quienes pueden y deben adoptar medidas eficaces hacen lo mismo.

Luis HERNÁNDEZ ALFONSO

Para ser piloto aviador militar.

Contestando a numerosos lectores que nos preguntan cómo pueden ingresar en Aviación, bien como soldados, bien para alcanzar títulos, damos a continuación los detalles que les interesan en general, sin perjuicio de aclarar más adelante cuantas dudas se nos sometan en casos especiales.

El ingreso como soldado en el arma de Aviación se efectúa conforme determina la vigente ley de Reclutamiento, igual que para otro cualquier Cuerpo del Ejército, en la misma época y con idéntida documentación. Dentro de Aviación existen las especialidades de piloto, mecánico, bombardero, radiotetegrafista, armero, etc. Se cubren mediante selección que se verifica por convocatorias y realizándose un curso para acreditar la aptitud. Pueden optar los soldados en todas las que se señalen.

Se solicita el ingreso como soldado en Aviación de las autoridades siguientes: señor jefe de la Escuadra número 1 (Getafe); ídem, íd., número 2 (Sevilla); ídem, íd., número 3 (Barcelona); ídem del Servicio de Instrucción y Material (Cuatro Vientos); ídem de las Fuerzas Aéreas de África (Tetuán).

Para ingresar directamente como piloto se ha de poseer el título de piloto civil, concedido por la Federación Aeronáutica Internacional, requisito mediante el cual se puede formar parte de la Escala de Complemento de Aviación. En el próximo número detallaremos cómo puede obtenerse el título de piloto civil.

Uno de los medios más eficaces para remediar el paro forzoso de los intelectuales es acabar con los monopolios ejercidos —contra toda justicia— por unos cuantos «maestros», acaparadores de cátedras, editoriales y vocalías en organismos culturales. Hoy es dificilísimo hacer aportaciones científicas sin permiso de esos monopolizadores.

L. H. A.

———

[1] Desempeñaba a la sazón esa cartera, en el Gobierno derechista presidido por Ricardo Samper, Filiberto Villalobos González (1879-1955), del Partido Liberal Demócrata. [Nota de Pablo Herrero Hernández]

~ por rennichi59 en Lunes 8 agosto 2011.

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