Juventud (13)

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 2 de diciembre de 1934 en la sección «Juventud» de la revista «Crónica». Texto y titular proceden de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.

Literatura.

Es indudable que el escritor «nace y no se hace». Aquí, como en tantos otros aspectos de la vida, la sabiduría popular se ha condensado en pocas palabras, ofreciéndonos una sentencia de gran valor. El trato con libros, el estudio, no llegan a realizar el milagro de «crear» a un escritor, como no crean músicos, pintores, arquitectos ni escultores. Logran, sí, formar eruditos: fabricantes de cuadros, partituras o versos; constructores de edificios… Artistas, no.

Mas el quid divinum necesita caminos que le lleven a las cumbres que le están destinadas. El manantial ha menester de cauces que conduzcan sus aguas a los campos donde ejercerá su acción fecundadora. De nade sirve la mejor semilla si cae en la roca, incapaz de darle abrigo. Es preciso que caiga en blanda tierra, abierta al germen y dotada de cuantos elementos son útiles para su desarrollo. Difícil es que haya un gran escritor que no sepa gramática. El literato ha de abonar el campo en el que la Naturaleza le hizo depositar la semilla más preciada.

Furor «nihilista».

Durante unos años —no muchos, por fortuna— imperó entre nuestros literatos jóvenes el furor nihilista, es decir, el odio a todo «lo anterior», reacción negativa, de la que solían ser, por igual, víctimas lo clásico y lo romántico. Era un curioso ejemplo de petulancia, algo así como si creyeran que antes de ellos nadie hizo nada que valiera la pena de conocerse. La Historia se dividía en dos períodos: antes y después de ellos, nuevos Mesías del arte, electos por sí mismos, autoproclamados «minoría selecta». Compadecían a César, hallaban pobre a Cervantes, motejaban de «cursi» a Byron; Shakespeare, Milton, Corneille, Quevedo, Calderón, Moliére, Moratín, Hugo, Lamartine, Chateaubriand, Larra, Bretón, Bécquer…, les hacían sonreír despectivamente. ¡Bah!

Brotaron multitud de revistas seudoliterarias, en cuyas columnas, por cada destello de novedad lícita, de genuina literalidad, aparecían centenares de desmedrados frutos de la incapacidad y la pretensión, en lastimoso maridaje. Todos los indocumentados se proclamaron maestros, escarnecieron a los clásicos y pusieron en la picota a loa escritores del siglo XIX, nuestro segundo siglo de oro. Oficiaron de pontífices de un hermetismo vacuo, de nueva forma —no bella, ciertamente—, y pretendieron haber conseguido la síntesis estética con palabras que, queriendo ser símbolos, no eran sino palabras tras de las cuales se ocultaba el vacío.

La simplificación, que es cualidad y camino de toda síntesis, sólo es lícita cuando resulta del estudio de los elementos que han de ser resumidos en ella. El establecimiento de una fórmula algebraica se hace mediante la eliminación progresiva y cuidadosa de los términos garantizadores de su exactitud; éstos no aparecen en aquélla, pero aquélla no podria aparecer sin éstos, escalones sin los que no se llega a la cumbre.

Continuidad.

No pretendemos sostener que todo cuanto se ha escrito merezca pervivir en la memoria de los hombres. La vida consume lo accesorio y conserva lo fundamental. Lo que sí afirmamos es que no hay posibilidad de construir nada sobre negaciones. Los escritores que declararon romper con todo lo anterior ignoraban que ellos mismos no eran sino productos presentes del pasado. La generación espontánea no es más cierta en la literatura que en la biología. Es insensato «desconocer» voluntariamente a Homero, a Virgilio, a Horacio, a Dante, a Petrarca, a Lope, a Schiller…  Han escrito, y sus obras no son nuevos accidentes en la vida cultural: pretenderlo es querer negar la vida misma.

Es afán digno de todo encomio el de superar incesantemente a los grandes maestros de todas las épocas. Mas no basta para ello afirmar por nuestra cuenta que lo hemos conseguido, ni somos nosotros los que hemos de apreciar el valor y la transcendencia de nuestras obras. La vida social no tiene solución de continuidad.

Sucedió lo que era lógico. De toda aquella «flora» litearia sólo se han salvado los tallos jugosos, los que merecían desarrollarse, vivir y dar fruto; los que tenían raíces en el pasado y semillas que legar al porvenir. Los demás se secaron y no dejaron huella de su existencia efímera y precaria. El «dadá» fue humo barrido por todos los vientos.

Griego y esperanto.

Los jóvenes de hoy han comprendido que el estudio de lo pretérito, lejos de impedir los avances, les proporciona sólida base y les presta incomparable eficacia. Se aprende más rápidamente el esperanto cuando se conocen el griego y el latín. Los hombres que nos han precedido anduvieron la parte de camino que les correspondía. A nosotros nos incumbe, no repetirlo, sino continuarlo.

El ministro de Instrucción Pública (1) ha tenido que suspender la enseñanza del griego en muchos centros por falta de profesorado idóneo. Es lamentable la causa y no muy práctica la medida. Acaso fuera del profesorado oficial existen helenistas que pudieran explicar tan interesante disciplina, y esperamos que el ministro organizará con la mayor rapidez posible el proyectado Instituto de Estudios Clásicos y atenderá el problema sin olvidar esa circunstancia, que puede facilitar considerablemente su solución.

Luis HERNÁNDEZ ALFONSO

Señor ministro de Instrucción Pública:

Ignoramos si nuestra humildísima voz protestando de la supresión de la Agricultura en el nuevo plan del Bachillerato habrá llegado hasta vuestra excelencia, y esperamos que no por nuestra modesta firma, sino por la justicia de nuestra queja, haga pública su opinión sobre el asunto.

L. H. A.

CORRESPONDENCIA

Miguel Estrades (Palma).— Por los sucesos recientes, su carta nos llegó con gran retraso. Lamentamos no haber podido complacerle por la causa dicha. Correspondemos a su amable saludo.

Enrique Hernández (Alcoy).— Se publicará el plan que pide; pero es preciso tener un poco de paciencia, pues son muchos los pendientes. Muy agradecidos por su felicitación.

F. F. (Orense).— A nuestro juicio, puede usted perfectamente estudiar lo que se propone, sin abandonar sus ocupaciones actuales. El plan nuevo no está aún en vigor, ni estará aún en el curso próximo. Es usted excesivo en sus elogios. Gracias.

———

[1] Desempeñaba a la sazón esa cartera, en el Gobierno derechista presidido por Alejandro Lerroux, Filiberto Villalobos González (1879-1955), del Partido Liberal Demócrata. [Nota de Pablo Herrero Hernández]

~ por rennichi59 en Miércoles 10 agosto 2011.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: