Juventud (11)

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 18 de noviembre de 1934 en la sección «Juventud» de la revista «Crónica». Texto y titular proceden de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.

La esfinge.

La Humanidad tiene sed de sabiduría, siente el insaciable afán de conocer su vida pretérita, de arrancar de su pasado el velo que tejieron los siglos. Investiga, contrasta, establece relación entre efectos y causas para interpretar conductas, rectificar yerros y separar la verdad de la fantasía; la historia, de la leyenda. Conforme ahonda en el estudio de los tiempos idos, advierte que han quedado grandes lagunas en su obra de reconstitución; hechos que antes se reputaran ciertos son ahora negados, y el formidable edificio, amenazado de fulminante derrumbamiento, exige el esfuerzo perseverante de los hombres que han aprendido el difícil arte de aprisionar las horas en las páginas de los libros. El misterio de las fenecidas generaciones nos lo revelan las esfinges de Karnak, las ruinas de Luxor, de Nínive, de Persépolis; el Partenón, la Acrópolis, el Circo Máximo, las Termas de Caracalla, templos, arcos, acueductos, calzadas, campamentos, columnas, estatuas, mosaicos…

Nos han mostrado las representaciones de la divinidad en los antiguos pueblos, y hoy nos son familiares los Ormuz, Arhimán y Mitra, de los persas; Ammón, Osiris, Isis, Neith, Set y Toth, de los egipcios; Brahma, Bahavani, Siva y Visnú, de los indos; Cronos, Neptuno, Plutón, Ceres, Júpiter, Juno, Apolo, Diana, Atenea, Venus, Marte, Mercurio, Vulcano, de los griegos; Jano, Saturno, Mantus, Pomona, de los etruscos; Minerva, Orcus, Consus, de los latinos; Hesus, Tarán, Belisana, Ogham, Tentates, de los galos; Imir, Odín, Freya, Tor, Niord, Heymdal, de los escandinavos; Wodán, Donar, Zio, Hertha, Frea, Holda, Sunna, Mani, de los germanos; Perún, Rajevit, Svantovit, de los eslavos…

Aún envueltos en la aureola semidivina aparecen los «héroes», seres que acaso tras de asombrar con hazañas prodigiosas a sus contemporáneos, pasaron a la memoria de sus descendientes con la categoría de semidioses. Línea imprecisa, borrosa, indeterminable todavía, es esta que separa lo histórico de lo legendario, la realidad de la ficción. Paso a paso, los historiadores avanzan en el laberinto de lo remoto, y cada día se encienden nuevos faros que van desvaneciendo las tinieblas de los albores de la Humanidad.

Reconstrucción.

Investigaciones incesantes van dibujando con trazos cada vez más firmes el camino de la evolución humana, y esta labor tiene el supremo encanto de una resurrección gloriosa de civilizaciones sepultadas en el olvido, de culturas muertas en el recuerdo. La reconstrucción del pasado equivale a la reparación de una grave injusticia, a la rehabilitación de algo culpablemente relegado.

Aunque la historia no fuera «maestra de la vida», ni «advertencia para lo porvenir», bastaríale su valor emocional inmenso para señalarla como actividad de capital importancia. Los jóvenes le debemos el tributo de nuestro entusiasmo. Hay aún —por desgracia— quien considera el campo de la investigación histórica reservado exclusivamente para hombres de nevada cabeza, para los que son los archivos (según el vulgar criterio) lugares de refugio y apartamiento, algo así como santuarios de la misantropía. Y urge una total y enérgica rectificación. El amor a la Humanidad —sentimiento que con arbitrariedad manifiesta pretende monopolizar la juventud— requiere, como condición imprescindible para su desarrollo y su efectividad, el conocimiento profundo de esa Humanidad, lo que sólo se logra mediante el fervoroso cultivo de las ciencias históricas. Se trata, no de enterrar nuestra vida entre los restos del pasado, sino [de] dotar de vida nueva y pujante a lo que se tuvo por definitivamente muerto.

Coincidencia.

El historiador es quien forja la más útil, la más rica, la más hermosa novela. Ninguna la supera en fantasía, en emoción, en interés; ninguna más llena de sentimiento, más preñada de enseñanzas, más rebosante de amenidad. Crear y descubrir son equivalentes; por algo en nuestro idioma se llama «invención» al descubrimiento.

El historiador funda, con Assur, a Nínive; conquista a Babilonia con Teglath-Sandan; derrota, con Sesostris, a etíopes y sirios; se apodera de Egipto con Cambises; recorre Persia en triunfo con Alejandro el Grande; pasa los Alpes con Aníbal; destruye a Cartago con Escipión; entra en Roma con Alarico; sojuzga, con Carlomagno, a lombardos, sajones y árabes; acaudilla a los cruzados con Godofredo; toma a Constantinopla con Mohamed II; cruza el Atlántico en las naves de los Pinzón; recorre Méjico en compañía de Cortés, Perú con Pizarro y Chile con Valdivia. Vence al tiempo y proyecta su sombra sobre todas las tierras; sabe de la alegría de Jena y de la tristeza de Waterloo.

Por eso es el autor de la mejor novela; conoce la ley de mutación eterna; ha desentrañado muchas vidas y ha presenciado en unos años el desfile de varios siglos. La investigación histórica es empresa digna de la juventud. Lo fue siempre y lo es más ahora, cuando urge reedificar la Historia, robustecer sus cimientos, renovar sus materiales.

Hacer y ayudar.

No todos los que estudian Historia la «hacen». Muchos, con menor diligencia o menos inquietud, prefieren ser archiveros antes que rebuscadores de archivos. Y aun entonces contribuyen a la gran obra de tejer esa tela maravillosa de hechos que, aunque parezca hija del azar, obedece también a leyes inmutables. Porque los hombres —en nuestra vanidad— a la ley que desconocemos la llamamos Casualidad.

Luis HERNÁNDEZ ALFONSO

CORRESPONDENCIA

A varios lectores que nos han consultado acerca de los estudios que han de realizarse para obtener el título de Ingeniero de Telecomunicación, les informamos de que en el número próximo publicaremos el correspondiente plan en estas columnas.

Lorenzo Arenas (Barcelona).— Su propósito nos parece admirable y, desde luego, nos tiene a su disposición en cuanto podamos ayudarle. Creemos que es imprescindible, antes de optar por una preparación determinada como las que indica, que dedique usted esas horas libres a crearse una base de cultura general, estudiando Gramática, Aritmética, Geografía, Historia y rudimentos de Derecho. Con dos o tres meses suponemos que le bastará; y luego puede ya con mayor facilidad orientar sus estudios con finalidad práctica y probabilidades de éxito. Si se le ofrecen dudas, no tenga inconveniente alguno en exponérnoslas.

R. V. (Valencia).— Lejos de molestarnos su carta, le agradecemos su atención; nos complace adquirir amistades como la que nos brinda. Celebramos que comparta nuestro criterio respecto al estudio de la Agricultura.

Araceli X. (Barcelona).— No, señorita. Esta sección no la hacemos varios. Es obra de una sola pluma; empleamos el plural porque no nos agrada el «yoísmo». El plan que pide ya lo habrá leído en nuestro número anterior. Lo demás que nos pide, aunque no se relaciona con esta sección, se lo indicaríamos por carta… si usted nos hubiera comunicado sus señas.

José Durán (Barbastro).— Tan pronto como nos sea posible le comunicaremos directamente los datos que pide. Le anticipamos que la idea nos parece muy bien. Procuraremos informarle con toda amplitud.

J. D. M. (Barcelona).— Desde luego, lo más práctico es que se dirija usted a una agencia de patentes, pues hay que presentar, por triplicado, una Memoria detallada y planos del aparato en cuestión. Las agencias están acostumbradas a ello y disponen de medios adecuados; hace usted bien en no divulgar su idea; mas eso cuesta dinero y son gastos indispensables y que varían según las dimensiones de los trabajos.

Antonio Sevilla (Madrid).— Dadas su edad y condiciones, le conviene, a nuestro juicio, ingresar como voluntario en el Ejército. Así no le costaría nada.

M. Martínez (Gijón).— Parte de lo que nos consulta se ha publicado en uno de los números últimos de CRÓNICA. Oportunamente contestaremos al resto.

A. Martínez Romero (Sevilla).— Su carta requiere larga contestación. Preferimos demorarla y hacerla como procede. No se impaciente, pues, que no lo olvidamos.

Mariano Capel (Cieza).— En realidad, su consulta no encaja en esa sección. A pesar de ello, la resolvemos diciéndole que su propósito de montar una Academia nos parece bien, si cuenta ahí con probabilidades de éxito y que su título y su edad le autorizan a ser más optimista: puede, en efecto, hallar trabajo como contable.

L. H. A.

~ por rennichi59 en Miércoles 10 agosto 2011.

2 comentarios to “Juventud (11)”

  1. Me gustó muchísimo sobre todo por ser gran aficionado a la HISTORIA.

    Saludos.

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  2. Gracias por tu comentario, Eduardo. En efecto, el culto a la historia y a la labor seria del historiador fueron siempre uno de los pilares de la actividad y del ideario de Luis Hernández Alfonso, que empezó su prometedora carrera —truncada como tantas otras por la Guerra— con premios por trabajos de carácter histórico: el de Trujillo y Pizarro primero y, en 1930, el Cervantes por su «Virreinato del Perú». Y me consta que la historia es también una de tus aficiones: ahí está tu estupendo blog sobre Torrelaguna para atestiguarlo.
    Recibe un saludo muy cordial.

    Me gusta

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