Juventud (17)

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 13 de enero de 1935 en la sección «Juventud» de la revista «Crónica». Texto y titular proceden de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.

¿Resolviendo un problema?

Confesamos que hay momentos en que sentimos honda preocupación por las discrepancias básicas entre el criterio de personas competentes y respetables y el que nosotros sustentamos. Volvemos a examinar uno y otro… y no hallamos nada que nos mueva a modificar el nuestro; antes bien, lo encontramos más sólido, natural y defendible. Tal nos sucede ahora con el problema del exceso de doctores y licenciados.

Algún ilustre compañero, elogiando la reciente disposición del ministro de Instrucción Pública (mediante la cual se establece el examen de ingreso en las Universidades), afirma que de este modo se evitará la penuria en que viven muchos intelectuales, porque disminuirá la competencia (mejor diríamos en este caso la «competición») y aumentarían con ello los ingresos de los que ejercieran determinadas profesiones. En efecto, si en lugar de mil médicos sólo hubiera cien, éstos obtendrían remuneración mucho más elevada. Análogamente ocurriría con abogados, ingenieros, arquitectos, farmacéuticos, etc. El razonamiento es claro; tan claro, que podemos calificarlo de infantil. Porque eso no es resolver el problema, sino agudizarlo en términos aterradores.

Paro forzoso.

Leemos, como razón definitiva en apoyo de las limitaciones: «Los parados intelectuales pueden ser, en fecha próxima, una buena cifra que añadir a los parados de oficios manuales». Creemos que esta profecía, lejos de argumentar en pro, argumenta en contra de esa tendencia. Es evidente que existe paro forzoso de albañiles, metalúrgicos, carpinteros, músicos, electricistas, contables… Hay trabajadores en obligada huelga de todos los ramos y en todos los sitios. ¿Qué se deduce de esto? Que la limitación del número de doctores y licenciados no resolverá nada. Se reducirá todo, a lo sumo, a un mejoramiento económico de los titulados que hoy ejercen… y un aumento en la penuria de los demás trabajadores, que verán subir la cifra de un paro forzoso.

Con idéntico derecho podrán pedir esa limitación los obreros manuales, los empleados de oficina, los artistas. Por ese camino llegaría momento en que millares de seres humanos vivirían al margen de la sociedad, sin posibilidad legal de ejercer una profesión.

No quisiéramos escribir nada que suene a reproche o que pueda herir susceptibilidades; pero honradamente hemos de opinar que esa defensa de la limitación es simplemente una actitud interesada, a la que no es lícito disfrazar de campaña en pro de la cultural y del bien social. No es «defensa» general, sino «defensa propia».

Análisis.

Si analizamos esos argumentos, lo comprobaremos sin dificultad. «Se eliminará al alumno inepto». El inepto puede ser eliminado automáticamente en los cursos del bachillerato, y si no es eliminado en ellos, tampoco lo será en el ingreso. La capacidad que permite aprobar en todos los cursos debe bastar para comenzar los estudios universitarios, o no hay lógica en el mundo.

«Se evitará que sin vocación se siga una carrera». Este argumento es aún más peregrino e inconsistente. En primer lugar, los defensores de la limitación se basan en las posibilidades económicas de cada profesión. En consecuencia, la vocación más importante será la de ganar dinero. Aparte de eso, ¿por qué ingresarán los de más vocación, máxime cuando se dice por ellos mismos que muchos jóvenes se equivocan acerca de su vocación y sus aptitudes? Es curioso que esa «vocación» se demuestre instantáneamente en un simple examen. Absurdo.

Contrasentidos.

Muchas veces se ha discutido ese problema. Y otras tantas se ha pretendido resolverlo con medidas que, dicho sea con todos los respetos hacia sus propugnadores, nos parecieron disparatadas. Se llegó a intentar la supresión de las Universidades, lo cual sería, sin duda, «elevar el nivel cultural patrio» (?).

El problema no se resolverá jamás aisladamente. Su raíz no está en el terreno docente. Es, para hablar con mayor justicia, un brote más en el árbol, ya monstruoso, de una organización caduca. Las soluciones particulares, circunscritas a esta o la otra esfera de actividad, no sólo no serán eficaces, sino que aumentarán la transcendencia del mal, produciendo mayores perjuicios.

Orientación.

Nuestra Sección ha de mantenerse —y en ellos procuramos perseverar— en un terreno doctrinal que no pueda sufrir desviaciones estimables como tendenciosas. Este decidido y firme propósito nos impide entrar a fondo en la exposición de ideas que, aunque hijas de la más desinteresada y objetiva especulación, podrían —injustamente— parecer inspiradas en un determinado ideario político y social.

Pero creemos que, dentro de la más exquisita neutralidad, puede y debe asegurarse que ningún problema de conjunto admite soluciones parciales, y que el paro forzoso de los intelectuales sólo puede resolverse cuando y como se resuelva el de todos los trabajadores.

Nos declaramos, pues, adversarios de la limitación de títulos y partidarios de que se amplíen sin cesar las facilidades para que las cimas de la cultura sean asequibles a todos los ciudadanos. Y tenemos fe absoluta en el porvenir.

Luis HERNÁNDEZ ALFONSO

CORRESPONDENCIA.

José Ortuño (Villajoyosa).— La carrera de abogado ha de cursarse en la Facultad de Derecho, con arreglo al plan que ya publicamos en estas columnas.

Elvira I. H. (Madrid).— Nos parece muy natural su deseo. Haga lo que indica, y si necesitara nueva información, con mucho gusto se la daremos.

«Esopo» (Murcia).— El Consejo Nacional de Cultura ya ha deliberado sobre el plan e informado ampliamente. Nos ocuparemos aquí de ese asunto. Desde luego, compartimos la opinión de usted, salvo en algún detalle.

José Sanz (Sin localidad).— No hay que desanimarse. Continúe. A los veinte años no se debe ser pesimista. Además, usted se queja sin motivo. Confíe en el porvenir.

«Galeno» (Zaragoza).— ¿Nos perdona si le decimos que eso es una chiquillada? ¿Va usted a variar de carrera por «hacer rabiar» a esa señorita, a la que califica de «mocosa»? Hay que pensar un poco más, amigo. No tome a mal nuestra respuesta, y no se preocupe por los caprichos de «mocosas» de tan poco juicio.

L. H. A.

~ por rennichi59 en Sábado 13 agosto 2011.

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