Juventud (2)

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 5 de agosto de 1934 en la sección «Juventud» de la revista «Crónica». Texto y titular proceden de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.

Error e injusticia.

El estudiante «maula», desvergonzado, atento sólo a la diversión, inclinado a la vagancia y desprovisto de todo sentido moral, es ya, por fortuna, muy raro en nuestra época. En vano se pretende cultivar el tópico, perpetuar el error, con notoria injusticia. El escolar es ahora joven a quien acosa la inquietud; reacciona con admirable dinamismo ante los problemas científicos y sociales. Lee, discute, crea… Y, sobre todo, estudia. Ni es frívolo ni huraño, ni insubstancial ni pedante. Sabe bucear en la ciencia y sabe divertirse.

Este cambio priva a la literatura de una abundante cantera de materiales pintorescos; pero da nuevos paladines al progreso y proporciona a la Humanidad elementos capacitados para lograr su mejoramiento.

Nuestros estudiantes conocen otras cosas que los garitos, los prostíbulos y las casas de préstamos. Se mueven en ambiente más puro porque han acertado en la distribución de sus actividades. Antes no era frecuente hallar ponderación análoga; entre la turba de escolares desaplicados, marrulleros, «tunos», había unos pocos tan aferrados a los textos que llegaban a perder su personalidad de hombres jóvenes para convertirse en máquinas de leer libros y de aprobar asignaturas. Y ocurría frecuentemente que el alumno aventajado, ganador de premios, «empollón», al circunscribir su esfuerzo  a tan mezquino horizonte, resultaba, al terminar sus estudios, adocenado, vulgar, sin iniciativas, sin originalidad. Por su boca hablaban los Tratados, las explicaciones de sus profesores; en cambio, atrofiada su facultad creadora, no hablaban por su cuenta el corazón ni el cerebro del estudiante.

Los escolares de hoy son optimistas —con optimismo consciente, nacido en la confianza en el porvenir y la convicción del propio esfuerzo—, y se entregan a la vida, exigiendo también de ella que se les entregue. Organizan conferencias, certámenes deportivos y artísticos; realizan cosas tan simpáticamente bienhechoras como la Universidad Popular, creada por la F. U. E. y por ella sostenida con hidalgo tesón.

Clínicas y laboratorios.

Ved en la Facultad de Medicina esas legiones de muchachos y muchachas, entregados con fervorosa atención a experimentos en los laboratorios, a prácticas en las clínicas. Con sus blancos batines, se inclinan sobre los microscopios, vigilan los cultivos microbianos, manejan retortas y tubos de ensayo, intentan nuevas reacciones. O siguen cuidadosamente los síntomas acusados por los pacientes para basar sus investigaciones etiológicas, observan los procesos patológicos y registran los avances terapéuticos.

Terminados sus estudios, esos jóvenes se dedicarán al ejercicio de su profesión humanitaria. Unos serán médicos rurales; otros establecerán clínicas en las ciudades. Quién se especializará el tuberculosis, quién en cáncer, quién en sifiliografía… Optarán a plazas en los Institutos de Oncología, en la Lucha Antituberculosa, en la Antivenérea. Contribuirán a la obra sanitaria del Estado en la Escuela de Puericultura, en Dispensarios y Hospitales, en las campañas antipalúdicas o antitracomatosas. Quizá se adscriban a la Sanidad militar o entren en la forensía. Tal vez presten servicio en el mar, a bordo de trasatlánticos, cuidando a los emigrantes. Habrá también quienes preferirán dedicarse a investigaciones de laboratorio o a la cátedra.

Mas sea cual fuere la esfera de su actividad, el médico joven no poseerá solamente la ciencia aprendida en los libros, sino que aportará a la Humanidad el fruto de su personal observación y el ansia inextinguible de ampliar el campo de su lucha contra los padecimientos de los hombres.

La Medicina tiene horizontes infinitos. Quienes a ella se dediquen pueden realizar una labor ciclópea que les haga merecer admiración y gratitud de sus semejantes. Apostolado excelso, mitigador de sufrimientos, lucha incesante —y frecuentemente victoriosa— contra la muerte.

Los futuros médicos, conocedores de su deber, adquieren en clínicas y laboratorios, extremando sus esfuerzos, las armas que esgrimirán más tarde contra las dolencias que atenazan a las humanas criaturas. En ese bienhechor ejército tiene la Humanidad depositada su confianza.

Luis HERNÁNDEZ ALFONSO

Medicina.

He aquí el cuadro de asignaturas que constituyen la carrera, clasificadas por cursos:

Primer curso.— Complementos de Física.— Complementos de Química.— Complementos de Biología.— Alemán (para los alumnos que no lo tuvieren aprobado con anterioridad).

Segundo.— Histología.— Anatomía (primer curso de).— Técnica Anatómica (primer curso de).— Fisiología general.

Tercero.— Anatomía (segundo curso de).— Técnica Anatómica (segundo curso de).— Fisiología especial.— Microbiología.

Cuarto.— Anatomía patológica.— Farmacología.— Patología general.— Terapéutica quirúrgica.

Quinto.— Patología quirúrgica (primer curso de).— Patología médica (primer curso de).— Obstetricia y Ginecología (primer curso de).— Oftalmología.

Sexto.— Patología médica (segundo curso de).— Pediatría.— Obstetricia y Ginecología (segundo curso de).— Patología quirúrgica (segundo curso de).— Otorrinolaringología.

Séptimo.— Patología quirúrgica (tercer curso de).— Dermatología.— Higiene.— Medicina legal.— Patología médica (tercer curso de).— Terapéutica clínica.

Doctorado.

Historia de la Medicina (voluntaria).— Endocrinología (voluntaria).— Parasitología (voluntaria).— Urología (voluntaria).— Hidrología (voluntaria).— Electrología y Radiología (voluntaria).

La carrera de Medicina tiene amplios horizontes y una importancia social que crece de día en día. En efecto: el Estado, cada vez más obligado a velar por la sanidad colectiva, ha emprendido en gran escala —como debe hacerse— la lucha contra las dolencias que constituyen verdaderas plagas sociales (tuberculosis, cáncer, paludismo, tracoma, anquilostomiasis, sífilis, etc.), y ello exige la movilización de un verdadero ejército de médicos especializados y competentes. Se han creado instituciones llamadas a realizar una obra ciclópea y bienhechora: el Instituto de Oncología, la Lucha Antituberculosa, la Antivenérea, etc. La Puericultura y la Maternología reclaman también el esfuerzo de los médicos jóvenes, capaces de emplear todo su entusiasmo, todas las energías de su juventud en el glorioso apostolado de la salud, lucha titánica contra el dolor y la muerte.

Al concluir su carrera, los médicos pueden optar a plazas de titulares en los pueblos (donde su labor resulta muy fecunda, aunque difícil y fatigosa); a las de médicos forenses, de Emigración, puericultores, escolares, etc., etc.

El brillante porvenir de los sanitarios españoles puede comprenderse con sólo apreciar que en nuestro país está aún en sus comienzos la obra de higienizar y educar médicamente, y que hacen falta millares de facultativos que no sólo persigan su estabilidad económica, sino que, al mismo tiempo, se propongan realizar una misión augusta que tendrá lugar preeminente en la Historia. Porque mercantilizar esta profesión equivale a prostituir la más pura de las aspiraciones humanas.

L. H. A.

~ por rennichi59 en Domingo 14 agosto 2011.

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